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sábado, 19 abril 2014
13:55
Actualizado a las 

La Razón

Salvar el euro

Un BCE que nos apoye

  • La experiencia de la crisis griega puede forzar a la UE a dar más atribuciones al Banco Central Europeo, de las que España e Italia podrían beneficiarse a corto plazo

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La salida de Grecia del euro es un escenario posible, poco probable, que reportaría pírricos beneficios a los dieciséis países restantes de la eurozona. El menos malo de los escenarios es que todo continúe como hasta ahora, lo que no equivale a despejar las incertidumbres que rodean a los mercados. Es posible que, inmediatamente, tengan una reacción positiva, pero la situación de Grecia no hace pensar en que se haya resuelto el problema. Pase lo que pase hoy va a haber una sobrerreacción de los mercados, que puede beneficiar a España y a las próximas colociones de deuda pública, que estarán menos sujetas a la presión de unos resultados.

Unión por fin
La experiencia de Grecia ha hecho reflexionar a la Unión Europea ante un problema que ni siquiera está contemplado en el tratado que dio origen a la unión económica y monetaria, al euro: la salida de un Estado miembro.

A la Unión Europea se le ha acusado en todos los años de la crisis de inacción por creer que era imposible tener que rescatar a uno de sus países miembros. Al final han sido tres en doce meses. Sin embargo no han bastado para desatar las alarmas en una comunidad muy desequilibrada económicamente, con un BCE que tiene la única misión de controlar la inflación y una gobernanza que eterniza cualquier toma de decisiones.

La principal experiencia que debería sacar el Banco Central Europeo y de la que España debe beneficiarse es que no se debe menospreciar a ninguna economía por muy pequeña que sea y pensar que los mercados, los inversores, acabarán tirando la toalla simplemente con declaraciones.

Cambiar los papeles
La Comisión Europea ha malgastado el tiempo en decenas de reuniones de jefes de Estado y de Gobierno con escasos o nulos  efectos. Ni siquiera las dos inyecciones de liquidez a largo plazo del BCE en diciembre y febrero han bastado para calmar las dudas.

Tanto si Grecia acaba saliendo del euro como si no, Europa tiene que aprender la lección y no esperar a que los mercados acaben obligando a la toma de decisiones. El BCE tiene que parecerse a la Reserva Federal estadounidense, al Banco de Inglaterra o al Banco de Japón y tener capacidad para intervenir en los mercados cuando sea necesario y no sólo subir o bajar tipos en función del IPC.

Lo que España, Italia y otros países están pidiendo a gritos es que el BCE pueda comprar deuda no sólo en el mercado secundario. Los mercados tendrán más respeto.
 

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