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martes, 02 septiembre 2014
01:27
Actualizado a las 

La Razón

Toros

Orejas de poco peso en el segundo festejo de Hogueras

  • Con toros de El Capea, bien presentados, justos de fuerza pero nobles. Juan José Padilla, ovación y oreja; El Fandi,  ovación tras aviso y oreja; y  José María Manzanares, silencio tras aviso y oreja. Lleno.
     

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Se las prometía muy felices la mucha gente que casi llenó la plaza en el segundo festejo del abono de Hogueras pero, como suele suceder, la poca fuerza del ganado echó las ilusiones de todos por tierra. Se lidió un encierro del  Niño de la Capea, correctos de presentación, nobles, manejables pero, ay, muy justos de energía, lo que terminó condicionando decisivamente su lidia.
Juan José Padilla se las vio con un primer oponente que dejó estar mucho y con el que firmó un trasteo muy asentado y templado antes de los desplantes de rigor. También el cuarto, un precioso ejemplar muy en murube, y  Padilla aprovechó para estar otra vez muy compuesto, dejando los mejores muletazos de la tarde ante de entregarse al tremendismo y llevarse una oreja tras una eficaz estocada.


El Fandi,que cumplió con el capote aún sin gran aparato, entusiasmó una vez más con su derroche de facultades físicas en un segundo tercio muy desigual, clavando a toro pasado y no siempre arriba, dejando luego una faena muy larga, efectista y deshilvanada. Estuvo de cara al tendido desde que salió el quinto, otro toro alto y blando y, ademas, manso huyendo a tablas enseguida sin que ello fuera óbice para que el granadino desplegase todo su amplio y habitual repertorio en pos de agradar a un público poco o nada exigente.


Intentó Manzanares ahorrar castigo a su endeble primero y buscó darle aire en el último tercio. Pero ni por esas. El de El Capea no tuvo fuelle y el trasteo del alicantino fue más ganas que otra cosa, tardando, además, un mundo para matar. Largas y bien hilvanadas en un quehacer en el que se le vio disfrutar por momentos pero que no terminó de rematar. Le faltó un punto de intensidad en el tramo final y, sobre todo, acierto con la espada, especialmente con el estoque de cruceta. Y ya con la gente volcada Manzanares, que compartió segundo tercio con sus compañeros, buscó resarcirse con el que cerró plaza, pero solo pudo estar voluntarioso ante otro toro que se rajó a las primeras de cambio.
 

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