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viernes, 28 noviembre 2014
03:49
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La Razón

Madrid

Marcada de por vida con ácido sulfúrico

  • María Ángeles, de 29 años, fue rociada ayer en plena calle. No pudo ver a su agresor. La Policía Nacional toma declaración a su pareja, de origen turco, de la que se está separando

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El agresor vestía gorra, vaqueros y camiseta roja, según los testigos presenciales
El agresor vestía gorra, vaqueros y camiseta roja, según los testigos presenciales

MADRID- De repente la cara mojada y calor, sensación de mucho calor. Además del terrible sobresalto inicial, eso fue lo primero que sintió María Ángeles Ruiz González tras ser rociada con ácido sulfúrico por un desconocido en plena calle. Sus gritos de dolor y socorro alertaron a vecinos y comerciantes de la calle Río Ulla, a la altura del número 7. Jorge y Arancha, de la correduría de seguros Broker Segur, fueron los primeros en atender a la mujer de 29 años, vecina del barrio pero que no vivía en el portal donde fue agredida, según confirmó un portavoz de la Jefatura Superior de Policía de Madrid. «Decía que le ardía, que le picaba muchísimo, no paraba de tocarse la cara», explica Arancha. «Como mi jefe –Jorge García– fue el primero que la socorrió, ella le cogió de las muñecas y no le soltaba por sentirse cerca de alguien, como si necesitara que no la abandonara». Por eso Jorge también sufrió quemaduras en las muñecas. Pero durante los primeros minutos desconocían que lo que le habían echado a María Ángeles en la cara era ácido.

«Pensamos que podía ser algún líquido para atracarla o algo, pero cada vez le ardía con más intensidad». Arancha explica que, al principio, la cara de la víctima adquirió un color rojo, «como si fuera quemada por el Sol», pero después «comenzó a burbujear, como si estuviera ardiendo y luego se le empezó a poner negro por la boca, por las cuencas de los ojos y la frente. Se le estaba quemando la cara y el pecho». La terrible escena dejó impotentes a todos. «La sentamos en el portal porque estaba muy nerviosa y la echamos agua fría en la cara mientras llamamos al 112». Antes de que llegaran la Policía y el Samur, también auxiliaron a la mujer,  según la describen «alta y con media melena rubia», María Jesús Sagasti, la farmacéutica de la calle Amos de Escalante y una empleada de la tienda de congelados La Sirena. La abanicaron hasta que llegaron los servicio médicos del Ayuntamiento de Madrid. «Al principio la tranquilicé un poco porque le dije que tenía la cara bien, pero según fueron pasando los minutos y se le iba cambiando ya no me salían las palabras», explicó la farmacéutica. «Pensamos echarle aceite de rosa mosqueta, pero cuando hablamos al Samur nos dijeron que no le echaramos nada, así que le quitamos el líquido con pañuelos de papel. Ella estaba preocupada porque tenía que ir a recoger a su hijo a la salida del colegio a las 13:00 horas y quería que llamáramos a un familiar para avisar de que no podía ir. Estaba obsesionada con eso», recuerda Arancha. Fue la Policía quien finalmente realizó esta gestión y le preguntó si tenía algún enemigo. María Ángeles contestó que no, pero que estaba en trámites de separación con su marido, de nacionalidad turca.

Todo ocurrió pronto, sobre las 9:30 horas de la mañana. Un varón de piel morena, vestido con gorra, vaqueros y camiseta roja, según describieron algunos testigos presenciales, fue el autor material de esta barbarie. Las cámaras de La Sirena, al parecer, sí grabaron la agresión del individuo, que huyó corriendo por la calle Amos de Escalante, aunque al cierre de esta edición la Policía aún no había detenido a nadie.

Cuando los sanitarios del Samur llegaron a Ciudad Lineal, vestidos con material especial NBQ –especializado en este tipo de sucesos con rieso químico–, María Ángeles se alarmó un poco. «Parecían astronautas y nos dieron la sensación como si fuera peligroso tocarla», comenta Arancha. Los médicos se encontraron a la víctima consciente y orientada y la metieron dentro del portal. Allí la desnudaron y le aplicaron Diphoterina, «un producto que disminuye el avance de las quemaduras», según un portavoz de Emergencias Madrid. La mujer fue trasladada a la Unidad de Quemados del Hospital de La Paz con pronóstico grave –al igual que las otras tres personas que la socorrieron y que sufrieron quemaduras leves–, aunque a media tarde de ayer la Policía ya le estaba tomando declaración.

Desconocido
María Ángeles aseguró a los agentes que, aunque no le dio tiempo a ver bien a su agresor, podría asegurar con seguridad que no se trataba de su ex marido. Los agentes que llevan el caso –el Grupo VI de Homicidios– descartaban ayer que se tratase de un caso de violencia de género, según un portavoz de la Jefatura. Sin embargo, a última hora de ayer, le estaban tomando declaración. Y es que, aunque su ex pareja, de origen turco, no fuese el autor material de los hechos, sí podría haber encargado la macabra agresión a una tercera persona para vengarse por algún motivo sentimental.

La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, deseó ayer que la Policía «determine pronto» quién ha sido el causante de «la agresión tan bestial» a María Ángeles.

La última vez que sucedió algo así en la región fue en septiembre de 2007, cuando una mujer de nacionalidad rumana, Elena Ionescu, fue rociada con un líquido corrosivo que contenía ácido clorhídrico en el distrito de Retiro. En esta ocasión. sí fue directamente su ex pareja, del que se había separado hacía menos de un mes, el que cometió la agresión. Cuando comenzó la discusión entre la pareja estaba presente el hijo de ambos, que presenció la escena.

 

El detalle
UN TRAJE NBQ PARA ATENDER A LA VÍCTIMA

El equipo de Emergencias del Ayuntamiento de Madrid que se desplazó ayer hasta la calle Río Ulla de la capital necesitó los trajes NBQ para atender a María Ángeles. Se trata de una indumentaria (con botas y respirador incluido) especial para adaptarse a situaciones con riesgo de productos químicos. El Samur-Protección Civil utiliza esta indumentaria cuando se producen este tipo de sucesos –cada mucho tiempo afortunadamente–y tienen que tratar con estos pacientes. Cuando hay una víctima de este tipo, además de este traje, el Samur utilizó ayer Diphoterina, un medicamento que neutraliza el efecto en la piel de productos como el ácido sulfúrico, impidiendo que se extiendan las quemaduras. El Samur es uno de los pocos servicios de urgencias que lleva este medicamento en todas sus unidades móviles.
 

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