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viernes, 31 octubre 2014
19:38
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La Razón

África

El primer «faraón» islamista

  • El candidato de los Hermanos Musulmanes se impone al heredero de Mubarak. Mursi se proclama «presidente de todos los egipcios» durante su primer discurso

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«¡Alá es el más grande! ¡Alá es el más grande!». Gritos de celebración y alegría en el centro de El Cairo ayer por la tarde cuando, después de una semana de espera, Mohamed Mursi era declarado oficialmente ganador de las elecciones presidenciales. La plaza Tahrir, ocupada por sus seguidores, rompía a llorar, primero incrédula y luego aliviada.

El candidato de los Hermanos Musulmanes ya se había autoproclamado «rais» el pasado lunes de madrugada, pocas horas después del cierre de las urnas, pero la Comisión Electoral no lo había confirmado aún y hasta el último momento se sospechó que su rival, el candidato mubarakista Ahmed Shafiq, iba a ser declarado ganador en los reñidísimos comicios. Mursi consiguió finalmente el 51,73% de los votos, con más de 13 millones de apoyos, datos muy similares a los que la Hermandad había anunciado. Shafiq se quedó a menos de un millón de votos de diferencia de su competidor, con un 48,2%, y anoche asumía su derrota y deseaba suerte al nuevo presidente para la difícil misión que tiene por delante.

El fin de una era
Amal (esperanza en árabe) lloraba en la plaza Tahrir después de conocer la victoria de Mursi, casi sin palabras. «Estoy contenta no sólo porque ha ganado Mursi», asegura la mujer de mediana edad y la vestimenta típica de las afiliadas al grupo islamista, cubierta de la cabeza a los pies, pero con la cara descubierta. «Esto significa que ha habido democracia y que las elecciones han sido justas», explica, «y sobre todo que el viejo régimen no volverá y que Egipto cambiará por fin».

Shafiq representaba precisamente al orden del ex presidente Hosni Mubarak, que fue derrocado hace 15 meses. Supuestamente el candidato contaba con el respaldo de la Junta Militar que ha gobernado el país desde entonces, tutelando la transición democrática y manipulándola en muchas ocasiones. Por ello, a pesar de que todos los recuentos y datos apuntaban a la victoria de Mursi, se sospechaba que los generales intentarían cambiar los resultados a favor del piloto militar. En los pasados días los rumores decían que Shafiq sería finalmente declarado presidente por unos 200.000 votos de diferencia por la Comisión Electoral, que tiene la última e inapelable palabra. Su presidente, el juez Faruq Sultan, mantuvo ayer a todo en país en vilo durante 50 minutos, en los que se defendió de las acusaciones y enumeró todos los casos de irregularidades tenidos en cuenta, antes de anunciar finalmente el ganador. Un grupo de hombres reunidos alrededor de un kiosco de golosinas y cigarros en el centro de la capital egipcia escuchaban la radio atentos y callados. La excitación y la ansiedad pasaron a ser desesperación e insultos contra Sultan a medida que transcurrían los minutos. Uno de ellos rezaba en voz baja, otro se mordía las uñas y todos trataban de sobrevivir al calor y a la emoción. Cuando sonó el nombre de Mursi, se arrodillaron a besar el suelo (gesto de agradecimiento a Dios) y ríos de personas, coches y motos empezaron a dirigirse hacia la plaza Tahrir para celebrar la victoria. «Egipto es libre por fin, levanta tu cabeza», decía un hombre sujetando un póster del que es ya el primer presidente democrático de Egipto.

Mursi es el primer jefe de Estado elegido libremente en las urnas, no sólo desde la caída de Mubarak hace 500 días, sino desde el fin de la monarquía en 1952. Es también el primero sin uniforme y el primero islamista. Sin duda, un momento histórico para el país, a pesar de que muchos son conscientes de que el nuevo presidente tendrá poderes limitados y estará a la sombra del Ejército, que seguirá ejerciendo el control real. Anoche, en su primer discurso a la nación, Mursi fue conciliador con la Junta Militar, las fuerzas de seguridad y la judicatura, a pesar de que las relaciones entre el Estado y los Hermanos Musulmanes nunca han sido buenas, y no lo serán ahora. El grupo anunciaba anoche que permanecerá en la plaza Tahrir, ocupada desde el miércoles, hasta que los militares retiren la declaración constitucional con la que recortaron los poderes ejecutivos del presidente y se hicieron con el Legislativo, tras la disolución del Parlamento islamista.

Mursi abandonaba enseguida tanto la Hermandad como el Partido Libertad y Justicia, para ser el presidente «de todos los egipcios», tal y como prometió en campaña. A partir de hoy tendrá que llevar a cabo el resto de promesas, si la Junta Militar se lo permite.


MOHAMED MURSI / PRESIDENTE ELECTO
Un desconocido con poco carisma
El primer presidente democrático de Egipto  pertenece a los Hermanos Musulmanes, un histórico grupo que nació en Egipto en los años 20 y que siempre ha estado en la oposición y en la clandestinidad. Mursi fue su candidato de «reserva» debido a su poco carisma y personalidad. No tiene historial ni apariencia de islamista. De 60 años de edad, nacido en el Delta del Nilo e ingeniero de formación, se graduó en Egipto y completó sus estudios en California (EE UU), donde vivió y trabajó durante muchos años. Fue diputado en el Parlamento de Hosni Mubarak entre 2000 y 2005, pasó luego a la ejecutiva de la Hermandad, que lo puso al frente del Partido Libertad y Justicia cuando fue fundado el año pasado.

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