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viernes, 24 octubre 2014
13:22
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La Razón

Columnistas

Elisa Elisa Elisa por César Vidal

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Ese instrumento inigualable de comunicación que es el español cuenta entre sus peculiaridades con la de otorgar nombres a determinadas situaciones y entes.  Todo el mundo sabe que «al buen callar, llaman Sancho» o que al sol le llaman Lorenzo y a la luna, Catalina.  Me atrevería a sugerir la introducción de un nuevo dicho en homenaje merecidísimo a la magistrada del Tribunal Constitucional Elisa Pérez Vera. Una reciente resolución de esta tercera cámara política –denominarlo tribunal sería, a estas alturas, ofender a jueces y magistrados– ha establecido que se puede legalizar a una franquicia de ETA denominada Sortu. Para llegar a esa conclusión, Elisa Pérez Vera como ponente y otros cinco magistrados han pasado por alto una resolución previa del Tribunal Supremo y un verdadero océano de pruebas presentadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Ya es bastante grave que el Tribunal Constitucional se haya autoinvestido con una autoridad que no posee para triturar las sentencias del Tribunal Supremo que le apetezcan. A decir verdad, semejante actuación es perversa porque, literalmente, pervierte la Administración de Justicia y el orden constitucional. De gravedad añadida es la conducta de la señora Pérez Vera. No voy a detenerme en los votos del resto de magistrados que han decidido intentar legitimar este disparate. En la mente de todos se encuentra establecida con claridad la razón de su conducta, pero la señora Pérez Vera ha ido aún más allá.  La razón es que doña Elisa Pérez Vera – que no es especialista en Derecho constitucional ni tampoco en Derecho penal– era miembro del Tribunal constitucional cuando este organismo decidió la ilegalización de Batasuna. En aquel entonces, doña Elisa votó a favor de poner fuera de la Ley a aquella franquicia de ETA suscribiendo unos argumentos absolutamente irrefutables. Hace unos días, la señora Pérez Vera redactó una resolución en la que, frente a hechos semejantes, ha optado por la vía opuesta, es decir, la de la legalización. Se trata de un comportamiento como mínimo chocante ya que equivale a un juez que hubiera condenado a un violador hace ocho años porque había perpetrado tan horrendo crimen y ahora, ocho años después, lo absolviera alegando que la penetración forzada de la víctima no es un tipo penal.  Para remate, la señora Pérez Vera –que en tan lamentable episodio y circunstancias se encuentra acompañada por ese paradigma de genuflexión ante los nacionalistas que es Eugeni Gay– se ha permitido teorizar sobre el carácter «insoluble» de ciertas cuestiones para luego, favoreciendo a Sortu, hacerlo soluble a fin de que nos lo traguemos. Lo dicho.  Las contradicciones son de tal magnitud, saltan a la vista de tal manera y repugnan hasta tal punto que propongo que la Real Academia se plantee añadir un nuevo dicho a nuestra lengua:  «La esquizofrenia se llama Elisa».

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