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domingo, 21 diciembre 2014
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La Razón

Iglesias mudéjares para recuperar San Luis y Feria

  • Santa Marina, San Marcos, Omnium Sanctorum y San Gil serán las protagonistas de una nueva ruta turística que perfila el Ayuntamiento

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A la izquierda, el interior de Omnium Sanctorum y el exterior de Santa Marina
A la izquierda, el interior de Omnium Sanctorum y el exterior de Santa Marina

SEVILLA - Hace casi un año, el Ayuntamiento, por boca del delegado de Turismo, Gregorio Serrano, anunció que tenía la intención de poner en marcha una nueva ruta turística protagonizada por las iglesias mudéjares de la zona norte de la ciudad. La intención es utilizar este patrimonio de la Iglesia como reclamo para los turistas y así dinamizar esta parte de Sevilla. En principio, está previsto que abran sus puertas, más allá del horario dedicado al culto, San Marcos, Santa Marina, Omniun Sanctorum y San Gil. Todas ellas, en especial Santa Marina, son un ejemplo de cómo este estilo arquitectónico se impuso tras la conquista cristiana  y se extendió a lo largo del final de la Edad Media a medida que se recuperaban poblaciones. Además, también se quieren abrir al público algunos de los conventos de la zona, como el de Santa Paula, que contiene un importante patrimonio artístico. El mudéjar, una variante del gótico que asume como propios los elementos artísticos del arte islámico español, es la principal tendencia arquitectónica medieval sevillana. Junto a las nombradas anteriormente, ejemplos notables de este estilo se encuentran además en la clausurada Santa Catalina, San Esteban y San Isidoro.

El palacio de los Marqueses de la Algaba, en la calle Feria, se convertirá en un centro de interpretación de este estilo y acogerá una exposición permanente de piezas procedentes de los fondos arqueológicos municipales. Está previsto que la inauguración sea el próximo otoño, lo que convertirá este inmueble en el primer museo que se instala en esa zona de la ciudad.
Más allá del valor turístico que aportará esta iniciativa, la llegada de visitantes servirá para dinamizar un área venida a menos en lo comercial, puesto que en los últimos años han sido muchos los establecimientos tradicionales que han cerrado en el espacio acotado por las dos calles lineales de Feria y San Luis, que es donde están situadas estas iglesias.

En el caso de la primera, el primer tramo, más conectado con el paso de público desde la Plaza de la Encarnación, sí mantiene un aceptable nivel de ventas, aunque cuando la calle se aleja de la capilla de Montesión la rentabilidad es menor. Desde la asociación de comerciantes Alcentro lo  tienen claro. «Cualquier iniciativa que se haga para potenciar las ventas será bienvenida», asegura Manuel Gordillo, representante de este colectivo, que recuerda que ellos realizan a lo largo del año diversas actividades para atraer al público. Un modelo que se podría exportar aquí para realizarlo de manera conjunta a las visitas a los templos. También señala que además de facilitar el acceso a las iglesias, lo que los comerciantes necesitan es que se amplíe la oferta de aparcamientos, una solución que podría venir con la construcción del polémico aparcamiento de la Alameda.

Con la puesta en marcha de esta iniciativa se daría vida al tradicional eje comercial de la ciudad, que desde la Resolana hasta la plaza de La Alfalfa ha estado vigente desde la Edad Media y que ahora vive momentos de declive. «Se trata de dos kilómetros históricos que se han quedado olvidados por la gestión de las administraciones en los últimos años», comenta Gallego, pues la mayoría de los esfuerzos de promoción se centran en las calles Tetuán y Sierpes. Por contra, el entorno de la Alameda se queda fuera de los circuitos habituales de compra y cuenta con un peor sistema de transportes que lo mantiene aislado. Patricia Rodríguez lleva un año al frente de la zapatería infantil «El Ciempiés» y cree que está ruta es positiva siempre y cuando venga acompañada de otras medidas para convertir Feria en «un centro comercial abierto, de verdad, donde la gente puede encontrar lo que necesite sin tener que ir hasta otros lugares de la ciudad». Esta falta de medios ha propiciado que muchos establecimientos hayan tenido que bajar la persiana por causas que van más allá de la crisis económica. Una de ellas es la excesiva «proliferación» de bares, una de las quejas de muchos comerciantes que, como Patricia, entienden que no beneficia a nadie. «Sí sólo abren bares y más bares, la clientela dejará de venir porque pasará de ser un sitio comercial a uno de ocio». Pese a que en muchos de los escaparates se ven anuncios con las palabras «Se vende» o «Se alquila» junto a los carteles del antiguo negocio, esta joven empresaria está convencida de que «la calle Feria tiene mucho futuro». Es más, afirma que «desde que llegué me ha ido bastante bien y creo que si hubiera un cambio en la forma de gestionar la calle nos vendría bien a todos».

En San Luis, la presencia de comercios es menor y sólo en el entorno de San Marcos cuenta con un aceptable nivel de dinamización que contrasta  con la degradación que sufre la calle a medida que se busca el Arco de la Macarena. Tanto Santa Marina como San Gil están muy alejadas de las zonas más turísticas, pese a que esta última se encuentra muy cerca de la Basílica de la Esperanza. Por su parte, el Arzobispado se muestra abierto a colaborar con el Ayuntamiento en este proyecto y ve muy positivo que se cree una ruta. Fuentes de Palacio consultadas por LA RAZÓN mantienen que están abiertos a acoger cualquier tipo de proyectos, aunque señalan que desde el Consistorio no se han puesto en contacto con ellos para informales de esta iniciativa y que no tienen conocimiento de ningún proyecto de manera oficial.


Un mercado que es parte de la historia
Desde el siglo XVIII es  uno de los referentes de la calle y el alma social de la misma. El mercado de abastos, cerca de Omnium Sanctorum y del palacio de los Marqueses, es uno de los pocos ejemplos que quedan del comercio tradicional de alimentos. Pasear y comprar por sus puestos supone acercase a un modelo de mercadeo en extinción, que tanto los tenderos como los vecinos quieren proteger, por lo que animan a incluirlo en la ruta junto a los templos.

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