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lunes, 28 julio 2014
22:27
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La Razón

Alimentación

Una copa de vino tinto al día mejora la flora intestinal

  • Científicos españoles han demostrado en humanos que el consumo moderado de este caldo mejora la microbiota intestinal gracias al efecto de los polifenoles que inhiben
    las bacterias perjudiciales y reproducen las que son beneficiosas para la saud
     

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Una copa de vino tinto al día mejora la flora intestinal
Una copa de vino tinto al día mejora la flora intestinal

Científicos españoles acaban de demostrar, por primera vez en humanos, que un consumo moderado de vino tinto ejerce un efecto positivo sobre la flora intestinal gracias a sus polifenoles. El trabajo, publicado en  la prestigiosa revista «American Journal Of Clinical Nutrition», ha sido realizado por científicos del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) en colaboración con investigadores del programa Ingenio-Consolider (FunCFood).
Los polifenoles, compuestos de origen natural presentes en determinados alimentos –fruta, verdura, vino, café, té o chocolate–, logran inhibir las bacterias no beneficiosas de la microbiota humana y propiciar la reproducción de las que sí lo son, asegurando así una flora intestinal equilibrada que puede proteger contra afecciones como los trastornos intestinales, las enfermedades inflamatorias, el cáncer y la obesidad, entre otras. De esta forma, se estudió el potencial efecto prebiótico de los polifenoles del vino y comprobar su influencia sobre la microbiota intestinal.

En la comida
Para ello, se hizo un seguimiento, durante 20 días a diez hombres a los que se les pidió que incluyeran una copa diaria en su comida. «Tras dividirlos en tres grupos: uno ingiriendo vino tinto, otro tinto sin alcohol, ambos con el mismo contenido en polifenoles, y un tercer grupo de control con igual cantidad de alcohol pero en forma de ginebra, observamos que tanto el vino tinto como el tinto sin alcohol mejoraron la flora intestinal de los voluntarios, incrementando el número de bacterias relacionadas con la protección de determinadas enfermedades. En concreto, aumentó la proporción en heces de bacteroidetes y bifidobacterias, algo que no sucedió con la ginebra», afirma el doctor Francisco J. Tinahones, investigador principal y jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga.
Además, se pudo comprobar, continúa Tinahones, «que el vino tinto era el que provocó la mayor parte de los beneficios detectados, no limitándose sólo a mejorar la microbiota intestinal, sino también a reducir los niveles de triglicéridos, de colesterol "malo" o LDL, los marcadores de inflamación y la presión arterial. Podemos afirmar que los efectos metabólicos del vino tienen relación con el enriquecimiento de bifidobacterias en el intestino». Eso sí, «un consumo moderado está situado en dos copas al día para hombres y una para mujeres sanos como parte de una ingesta moderada y saludable», aclara el investigador.

Impacto
Las bacterias intestinales son capaces de transformar los compuestos fenólicos en nuevas sustancias que realmente podrían tener impacto sobre los procesos patológicos implicados en el desarrollo de enfermedades. «El vino posee compuestos no digeribles como las proantocianidinas, que llegan intactas al colon, donde serían metabolizadas gracias a la microbiota, en ácidos fenólicos, éstos sí se absorberían, ejerciendo su efecto protector. Por lo que los polifenoles del vino podrían ejercer un efecto prebiótico beneficioso», matiza la doctora Cristina Andrés-Lacueva, profesora titular de la Universidad de Barcelona e investigadora principal dentro del programa Consolider FunCFood de Alimentos Funcionales.
Para Alfonso Carrascosa, científico titular del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), «este trabajo corrobora lo que se lleva haciendo ‘'in vitro'' desde hace muchos años, aunque todavía hacen falta más investigaciones al respecto». No obstante, y aunque todavía hacen falta más estudios que lo ratifiquen, el papel de la microbiota intestinal en la obesidad y la diabetes tipo II, según Tinahones, «podría convertirse en una nueva herramienta para el control del peso».
 

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