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jueves, 24 abril 2014
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La Razón

Ciencia

Titán: Esconde agua la fábrica de metano del Universo

  • Un equipo de científicos confirma en la revista «Science» la existencia de un lago subterráneo
    en la luna más grande de Saturno. La presencia
    de la capa líquida explica la presencia de metano
    –de forma abundante y permanente– en su atmósfera y abre nuevas vías para comprender qué originó
    la vida en el Sistema Solar
     

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Titán: ¿Esconde agua la fábrica de  metano del Universo?
Titán: ¿Esconde agua la fábrica de metano del Universo?

Titán, la luna de Saturno, despierta las pasiones de la Astrobiología, ya que forma parte del catálogo de lugares del Sistema Solar con agua, el elemento del origen de la vida. Su  peculiar atmósfera le ha valido el nombre de «fábrica química de hidrocarburos» y su parecido a la Tierra, con sus ciclos hidrológicos, tormentas, lluvias y lagos –aunque éstos sean de metano–, la han convertido en fuente de estudio desde 2004. En 1997, nacía la misión Cassini-Huygens de la colaboración entre la agencia americana NASA y la europea ESA. Desde que llegaran en 2004 a Saturno, las imágenes y los datos obtenidos han permitido conocer Saturno y sus satélites, algunos de ellos hasta ahora ignotos.
Una de las grandes teorías sobre la mayor luna de Saturno acaba de ser confirmada. Según publica la revista «Science», el satélite contiene en su interior un lago de agua, revelado gracias a los datos obtenidos en seis vuelos efectuados por Cassini desde 2006. Luciano Iess, autor del estudio junto a los miembros del departamento de Ingeniería Mecánica y Aeroespacial de la Universidad Sapienza de Roma, explica: «La aparición de metano en tan alta densidad –cercana al cuatro por ciento– en la atmósfera es difícilmente explicable si no hay una presencia líquida en el interior del satélite. El metano en contacto con la atmósfera se disocia rápidamente y la existencia en esta cantidad significa que tiene que haber un suministro desde el interior. Sabemos que la vida media de una molécula de metano es de un millón de años y que Titán tiene unos 4.000 millones». El científico asegura que les faltan datos para saber a qué profundidad (se piensa que puede ser entre los 50 y los 200 km) se encuentra dicho volumen de agua, pero que esperan completar sus investigaciones gracias a los tres vuelos que completarán la misión hasta 2017, aunque tener muestras directas del agua sea prácticamente imposible.
Iess opina que «si el interior fuera sólido, el metano interno no podría filtrarse al exterior. Si hay un estrato líquido, éste puede funcionar como reserva de metano y facilitar su paso hacia la atmósfera. Se sabía que en superficie había hielo y se creía que la presión y la temperatura en algún punto interno consentiría la presencia de agua». El investigador considera su análisis definitivo para explicar las muchas variaciones en la superficie de la luna: «Un interior de roca y hielo no produciría mareas en la superficie de más de diez metros. Gracias a los cambios en el efecto gravitatorio que provocan los movimientos de masa de estas mareas, sabemos que éstas superan aquí el metro, medida máxima de una marea en un cuerpo con núcleo rocoso», afirma Iess. La doctora Luisa M. Lara, investigadora del Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC, sostiene que el hallazgo «no abre nuevas líneas de investigación, pero puede cambiar la explicación científica a algunos datos de Cassini y Huygens. Se han observado cambios orográficos en la superficie del satélite, cuya explicación requiere la existencia de criovulcanismo, ahora ya parece más viable que así sea».

Vida en el espacio
Un núcleo líquido puede explicar la compleja atmósfera del satélite, pero ¿es sinónimo de existencia de vida? Lara afirma que «si se dan otras condiciones de radiación, temperatura, presión, compuestos químicos, distancia al Sol, existencia o ausencia de campo magnético, rotación, etc., puede empezar a pensarse en química prebiótica similar a la que pudo dar lugar a la vida en la Tierra». Según el equipo quedan abiertas tres posibles configuraciones para el interior de la luna, aunque, tanto si el interior es una amalgama de silicatos mezclados con agua y deformables como si no: «Aportará importantes pistas sobre la formación de planetas, satélites y moléculas del origen de la vida. Los silicatos que portan agua no pueden formarse a más de 527 grados Celsius, termina Iess.

El mar extraterrestre
Cassini terminará su periplo, si la NASA no cambia de idea, en 2017 y aún quedan tres pasadas por encima de Titán. Quién sabe si antes de volver a tierra se encontrará con un compañero sobre el terreno. En breve, según datos de NASA, la Administración americana financiará con 360 millones de euros una misión para 2016 de entre tres preseleccionadas. El proyecto TIME «Titán Mare Explorer» enviaría la primera sonda a explorar un medio marino fuera de la Tierra. La sonda navegaría por uno de los lagos de metano del satélite durante una semana.
Más allá del interés científico, los costes vuelcan la balanza a favor de unas misiones u otras, y en este caso, Titán se las tendrá que ver con otras dos exploraciones de vital importancia para el conocimiento del Sistema Solar: el Geophysical Monitoring Station (GEMS), que pretende estudiar el interior de Marte y entender la formación y evolución del planeta, y Comet Hopper, que analizaría la superficie y los cambios en un cometa a medida que interactúa con el Sol. Manuel Vázquez, del Instituto Astrofísico de Canarias, cree que «TIME sería el más problemático por la duración del viaje y porque hay que atravesar una atmósfera dos veces más densa que la terrestre. Los presupuestos anuales de la NASA definen las misiones.  De momento la más inminente es la llegada de Curiosity a Marte en agosto». Para el doctor Javier Licandro, también investigador del Instituto Astrofísico de Canarias, «no es correcto hablar de costes, sino de inversión. Si la investigación es cara, mucho más cara es la ignorancia».

 

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