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miércoles, 03 septiembre 2014
03:38
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La Razón

Música

Recuperación histórica en Sevilla por Arturo REVERTER

  • Teatro de la Maestranza
    Ramón Carnicer: «Cristóbal Colón». Joan Martín-Royo, Yolanda Auyanet, David Alegret, Cristiba Faus, César San Martín, Damián del Castillo. Teatro de la Maestranza, Sevilla.

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Es un acontecimiento este estreno en tiempos modernos de la ópera de Carnicer (1789-1855) a iniciativa del ICCMU y del Teatro sevillano y que compartió en origen la extinta SECC. La obra vio la luz en Madrid el 12 de enero de 1831. En ella se emplean, como recogen Casares y Sobrino, estructuras cadenciales, cortas frases regulares repetidas provocadoramente, notas con puntillo, motivos rítmicos llenos de agresividad y el hipnótico crescendo rossiniano. La edición crítica, basada en el material preparado en su día por Jürgen Maehder, se debe a Serrate, quien ha dirigido esta versión concertante que nos permitió disfrutar de una música orquestal y vocal bien hecha, con números de mucho interés que se sitúa en la frontera entre Rossini, Donizetti y Bellini, con herencias del clasicismo de Haydn o Mozart. Serrate, que es buen músico, concertó con seguridad, aunque sin demasiada energía. Todo fluyó ordenadamente, pero sin el latido dramático que animara una partitura a veces monótona en la que se aplicaron cortes. Se redujo el orgánico, lo que no impidió que todo sonara aceptablemente. El nivel vocal no pasó de la discreción. La mejor fue Cristina Faus en el papel travestido de Fernando, hijo de Colón. Voz pastosa, un punto nasal, diseñó bien los «cantabile». No se encontró Auyanet, una lírico-ligera que ha perdido lustre, en una parte que se prevé para una voz de mayor enjundia. Como la tan espinosa que ha de incorporar al personaje de Zamoro, que pide un tenor casi heroico. Alegret, que dice bien, es en exceso ligero. El cometido de Colón está pensado para un bajo cantante, como lo era su creador Inchindi, más que para un barítono como Martín-Royo, que tuvo problemas en los graves. Manuel de Diego, presente en el estrado, no llegó a abrir la boca.
 

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