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lunes, 01 septiembre 2014
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La Razón

Arte

La baronesa ya tiene liquidez

  • La colección de arte de Carmen Thyssen pierde  una obra de Constable, pero ella gana 27,9 millones de euros. Ayer se subastó en Christie's de Londres

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un cuadro deseado La venta de «La esclusa» fue muy bien recibida en Inglaterra
un cuadro deseado La venta de «La esclusa» fue muy bien recibida en Inglaterra

La sala Christie's de Londres sacó ayer a la venta «The Lock» («La esclusa»), del pintor británico John Constable, por una cifra que oscilaba entre los 25 y los 32 millones de euros. Lo hacía en un lote importante en el que también se encontraban obras de Rembrandt, Brueghel, Picasso y Bacon. Se sabía que era una obra muy codiciada a la que no le faltaría comprador, pero nunca se puede determinar nada de antemano en estos casos. Es cierto que era el único cuadro de esta serie de seis del artista que se encontraba en manos privadas, lo que aumentaba la atención que, ya de por sí, había suscitado esta subasta. La vuelta al Reino Unido de la obra fue muy celebrada y no se dudó de que caería en buenas manos. Una prueba de esta expectación era que la sala de subastas estaba abarrotada.

Coleccionista privado
Cerca de las nueve de la noche, hora española, el martillo determinó que existía un comprador (la baronesa había admitido que tenía un coleccionista privado que estaba dispuesto a poner sobre la mesa 40 millones, aunque la operación no llegó a buen fin). El martillo también puso fin al morbo de la cifra que alcanzaba en un mercado que, últimamente, ha dado muchas sorpresas al adquirir obras de esta relevancia. Aunque, al margen de las oscilaciones en el precio en la adquisición de obras de arte, en esta ocasión, y debido a la característica de la propia obra, que es muy de contexto, limitaba la posibilidad de alcanzar una suma tan elevada como ha sucedido con otros óleos. De hecho, la pieza de Constable era una excepción dentro de la colección. Una obra que no tenía relación con ninguna otra a pesar de su gran belleza.

 El montante quedó al final en la horquilla que había establecido al principio la casa de subastas. El precio de salida fue de 21 millones y fue adquirido por 27,9 millones de euros (el precio del cuadro, 24,8 más el dos por ciento de comisión como establece la Ley). La persona  que se ha quedado con este paisaje de John Constable no se encontraba en la sala. Decidió pujar por teléfono. Esta suma, salvo los descuentos, irá directamente a los bolsillos de Carmen Thyssen, que verá de esta manera resuelta su falta de liquidez o su particular crisis (los vaivenes de la economía  han terminado afectando a todo.  El arte es una moneda  exclusiva, algo reservado a multimillonarios, como las tarjetas oro. Cuando las fortunas se ven mermadas  por la suerte, el destino o lo que sea, sólo hay que tirar de ese talonario para recuperar crédito. Es una de las ruedas que circulen las obras artísticas. Ha sucedido siempre, y seguirá ocurriendo, a pesar de las discrepancias, de si gusta o no. Carmen Thyssen estaba precisamente en esa tesitura, hasta que ayer vendió.

La baronesa removió conciencias hace unos meses al admitir que necesita dinero y, acto seguido, hundió al mundo cultural en un acalorado debate al anunciar que, por esa causa, vendía «La esclusa», de John Constable, una de las joyas de su colección, para conseguir líquido, porque se ve que anda en apuros, aunque Sir Norman Rosenthal, uno de los miembros que están en el patronato, y que ha dimitido precisamente por la decisión de entregar esta obra a subasta, lo ponga  en entredicho. Anunció su marcha de este organismo el pasado domingo en una carta publicada en el diario «The Daily Telegraph». En ella, no empleó un tono diplomático: esta venta «representa una vergüerza moral de las personas a las que concierne, en especial a Tita».

Polémica y dimisiones
La mencionada necesidad de la baronesa Thyssen de desprenderse de una valiosa obra de su colección privada, que estaba expuesta en Madrid, provocó una larga polémica. De hecho, se ha apelado, incluso, a la moral para deslegitimar este acto que ha afectado a la institución museística, que encontró  voces discrepantes. Esta obra entró en la colección en el año 1990. La adquirió el barón Thyssen por 10,8 millones de libras en Sotheby's –ahora regresa al mercado por la casa de subastas rival–. Entonces resultó una cifra astronómica y la primera vez que se aportaba una suma semejante por un artista británico. En esta ocasión ha vuelto a suceder lo mismo y la pieza, aunque no marcó un récord, sí superó el del propio Constable, al convertirse en la más cara que se ha vendido en subasta.

Era el lote más preciado. En Inglaterra, Constable es algo más que un pintor. Es un paisajista. Y eso son palabras mayores. Sobre todo, si además es de los más preciados. El artista pintó «La esclusa», que tiene unas dimensiones de 142,2 por 120,7 centímentros, en el año 1823 y la primera vez que se expuso al público recibió los mayores elogios de los críticos y los artistas que la vieron. Formaba parte de una serie de seis paisajes que el maestro realizó en una zona conocida como Stour Valley y que él llamaba «Sixfooters».  Exactamente era el quinto óleo de un conjunto mayor. En esta tela volcó gran parte de su talento y de su experiencia de madurez. En ella aparece el molino de Flatford, situado en el río Stour. El padre del artista era precisamente el propietario, por lo que resultaban un paisaje que, aparte de conocido para Constable, era muy cercano y próximo para él.

Junto a este paisaje, también se subastó una colección de 63 pinturas. Entre ellas había otra de enorme valor, «Un busto de hombre con gola y sombrero», de Rembrandt, que terminó vendiéndose finalmente por 10,4 millones de euros.

 

LAS OTRAS OBRAS MAESTRAS QUE TODAVÍA quedan de la colección
«Casa entre las rosas», de Claude Monet, fue pintado en 1925. Es una obra maestra. El artista fue operado de cataratas dos años antes, algo que le dejó secuelas en la vista. Este óleo presenta las alteraciones de perspectiva y alteraciones de color derivadas de esta cirujía.
«Mata Mua», de Paul Gauguin, es uno de los setenta y cuadros que realizó durante su estancia en Tahití. Esta obra es un paisaje de esa etapa, con los característicos retratos situados en un primer plano.
«Molino de agua en Gennep», de Van Gogh, es una pintura inusual del artista. Una pieza sin sus llamativos colores, pero que es de una gran belleza. Es la más grande de las telas que ejecutó durante su estancia en Nuenen.
«Los segadores», de Pablo Picasso, es una lienzo del año 1907. 
Lo hizo en la misma obra que estaba pintando «Las señoritas de Avignon» y está inspirado
 en una escena que vio  durante uno de sus viajes.

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