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sábado, 20 diciembre 2014
10:41
Actualizado a las 

La Razón

Trinque austral por Alfonso Ussía

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Más que trinque, trincazo si se prueba y se demuestra. Hay que ser respetuoso hasta el máximo con la presunción de inocencia. Mayúscula mangoleta. Según ha denunciado Sergio Schoklender, antiguo apoderado de la Fundación Madres de la Plaza de Mayo, su más ubicua dirigente, la batasuna porteña y amiga de Baltasar Garzón Hebe de Bonafini, ha vaciado la caja de la asociación y se ha apropiado de 28 millones de dólares, aproximadamente. No está nada mal. Hebe, también conocida por «La Gorda» –no es ironía sino adecuada descripción–, llevaba años dejando un tufillo de corrupción allí por donde pasaba. Centenares de saltos atlánticos en Primera Clase, hoteles de lujo, toda suerte de premios y agasajos, y un mensaje venenoso que provocó la escisión de un grupo de mujeres unidas por la tragedia de sus hijos desaparecidos durante la dictadura militar argentina. Hebe de Bonafini se consideró imprescindible y ensombreció el dolor del resto de las Madres de la Plaza de Mayo para hacer su carrera política. Aquí, en España, ha sido recibida en diferentes ocasiones, con toda suerte de zalemas y flores verbales por Herri Batasuna y el Partido Comunista, contando asimismo con el respeto de esa numerosa facción del PSOE que no se entera de nada.

Como no podía ser de otra forma, Hebe de Bonafini es un personaje mimado por la presidenta Kirchner, circunstancia que garantiza una destrucción moral irreversible. La Fundación Madres de la Plaza de Mayo tiene sobradas y terribles razones de ser. Miles de jóvenes argentinos desaparecieron en los primeros pasos de la férrea, sangrienta y estúpida dictadura militar. Como siempre, el origen y la causa es el peronismo. Volvió Perón del exilio español, recuperó su presidencia, falleció y los argentinos eligieron a su mujer, María Estela, a la que llamaron Isabelita, para la Jefatura del Estado. Con ella llegaron todos los problemas habidos y por haber, dada la nula preparación política de la viuda, y surgió una banda de terroristas, los Montoneros, que sangraron Argentina con el amparo tácito de sus gobernantes. El golpe militar no sólo acabó con los Montoneros, sino con la libertad y los derechos humanos de todos los argentinos, y se derrumbó al cabo de los años con la «galteriada» de la Guerra de las Malvinas. Lo único que consiguió con perfil positivo la Dictadura de Videla fue el Campeonato del Mundo de Fútbol, que se ganó porque sí.

Porque sí lo ordenó Videla.
Las madres de los desaparecidos, de los lanzados a la mar desde helicópteros, de los niños que se adoptaron irregularmente, de los que jamás volvieron, se unieron con toda la fuerza de su razón, para exigir responsabilidades, castigar a los culpables y denunciar ante el mundo la atrocidad de su situación. Y ahí surgió la verborrea fácil y el desparpajo de Hebe de Bonafini. Sucedió que su verborrea y desparpajo, unidos a un rencor social insuperable y una ambición mediática exagerada, quebró la armonía entre las Madres de la Plaza de Mayo. No obstante, su facción sobrevoló con su poder a la otra, menos integrada en la propaganda y las ayudas internacionales. Ignoro cómo van a reaccionar las Madres de la Plaza de Mayo si se prueba que es veraz la acusación de su antiguo apoderado y administrador. Hoy por hoy, en Argentina, con 28 millones de dólares, además de vivir muy bien –a lo que Bonafini se ha acostumbrado con gozo y delicia–, se puede hacer de todo. De confirmarse el trinque austral, el mangazo de Bonafini, nos hallaríamos ante un nuevo desmoronamiento de la falsa izquierda, que no está para tantos batacazos.

Una denuncia de esta  gravedad no se presenta por capricho, odio o venganza. Se presenta porque faltan 28 millones de dólares. La Gorda tendrá que buscar un abogado. Ahí está Garzón. Dios los cría y ellos se juntan.

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