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miércoles, 23 julio 2014
17:42
Actualizado a las 

La Razón

Sevilla

El conflicto de San Jerónimo reabre la cruda polémica del chabolismo

  • Varios asentamientos siguen levantados pese a los esfuerzos para eliminarlos

    establecidos en varias zonas de la ciudad.
    De arriba a abajo, Dos chabolas cercanas al puente Reina Sofía, Un grupo en el Charco de la Pava y las instaladas en San Jerónimo

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SEVILLA-  Los vecinos de San Jerónimo han sacado a la luz uno de los problemas latentes de la ciudad desde hace décadas y que aún no ha encontrado solución: el chabolismo. Desde hace dos semanas, se concentran delante del solar que ocupan varias familias de gitanos rumanos para exigir su marcha del barrio debido a los problemas de seguridad y salubridad que han generado estas personas desde su llegada. Con estas primeras tomas de contacto, se ha encendido la mecha de un conflicto social que parece que irá a más debido a la imposibilidad de las autoridades de lograr una solución, ya que se encuentran en un lugar privado. La intranquilidad se ha instalado allí, denuncian robos, que se bañan desnudos en el río y que el agua la toman de fuentes.

Como sucede en San Jerónimo, en otras zonas de la ciudad el chabolismo se ha instalado desde hace años y parece que no hay ninguna fórmula para evitar su proliferación. Tablada, los bajos del Puente del Cachorro, el Paseo de Juan Carlos I, Torreblanca, Valdezorras, el Charco de la Pava o los alrededores del Puente de San Juan son algunos de los sitios por los que de manera intermitente se han localizados focos recientemente.
 
El año pasado, el Ayuntamiento realizó una campaña de choque para atajar esta situación a lo largo de varios meses, que acabó con 72 asentamientos y retiró 170.000 kilos de basura. Desde la plataforma «Basta ya de Asentamientos» se señala que en los últimos meses se ha incrementado la presencia de este tipo de construcciones especialmente en el barrio de Triana, donde aseguran que viven más de un centenar de personas, entre las que se encuentran niños de corta edad. La mayoría de estos grupos lo forman gitanos provenientes de Rumanía que viven principalmente de la venta de chatarra, aunque desde esta asociación cívica mantienen que también participan en una red de robo internacional. «Hemos vuelto a revivir situaciones que pensábamos superadas, como el robo de aparatos de música de los coches», comenta Ángel Bordas, que concreta que éstos se venden en su país de origen y no en España. También se dedican a «aparcar» coches, con lo que al problema del chabolismo se une el incremento de la actividad de los «gorrillas».

Recientemente, los vecinos de San Jerónimo aseguran que varias personas de este asentamiento entraron en el Cementerio de los ingleses y robaron varias cruces de hierro y expoliaron parte del camposanto. Esta situación ha creado un amplio malestar entre los vecinos de la zona y ha motivado algún que otro altercado. Aunque los de allí están localizados en el un espacio acotado, en otras partes de la ciudad van cambiando de sitio paulatinamente. La llegada del verano y las altas temperaturas complican la situación de estos grupos debido a que  no tienen acceso a agua potable ni sus viviendas cuentan con las mínimas condiciones de habitabilidad.  

El «modus operandi» habitual suele ser la vuelta a estos lugares una vez que ha cesado la presión policial. Hace unos años, la barriada «El Gordillo» vivió un caso similar cuando se instalaron cerca de 300 rumanos en un antiguo vertedero entre dos fincas provenientes de varios asentamientos tras ser desalojados. La plataforma mantiene que ésta es la estrategia que siguen desde hace años en todos los asentamientos de la ciudad, por lo que «en realidad no se marchan de la ciudad, puesto que lo que hacen es ir deambulando de un lado a otro».

La Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) trabaja con estos colectivos, aunque asegura que con los de San Jerónimo no han tenido contacto desde hace meses, aunque saben que ha aumentado su población. Como las administraciones, mantiene que al estar en un lugar privado pueden hacer muy poco por ellos, aunque adelantan que la próxima semana tienen previsto visitarles.

Este colectivo solidario sí se muestra muy crítico con las actuaciones que se han llevado en el último año por parte del Ayuntamiento con otros grupos, pues aseguran que el levantamiento de los asentamientos «no sirve para nada», comenta Pablo María Fernández, coordinador regional  para grupos migrantes de esta asociación, para quien «que llegue la Policía, les levante el campamento y les diga que se vayan no tiene demasiado sentido porque estas personas sencillamente es que no tienen a dónde ir».
 
Por otro lado, también quiere destapar algunos «mitos» que hay alrededor de este drama, pues «no es cierto que todos sean rumanos, ya que en realidad las nacionalidades son muchas», señala a la par que pone de manifiesto cómo hay «situaciones que se alargan en el tiempo sin que haya ninguna respuesta por parte de las administraciones».  Como ejemplo, recuerda la situación de las 40 familias que viven en la Vereda del Cerero desde hace años y que están en el límite fronterizo entre Sevilla y Alcalá de Guadaíra, aunque «todos los servicios de los que hacen uso son los de la barriada de Torreblanca».  Al estar «en tierra de nadie», es muy difícil que las autoridades logren «concretar alguna acción específica, puesto que  cada Ayuntamiento asegura que están instalados en un sitio que no les compete».


El Vacie encara con esperanza su futuro
Mención aparte de otros asentamientos merece El Vacie, que es calificado como el más antiguo poblado chabolista de Europa. Las primeras referencias que hay sobre él lo datan del comienzo de los años treinta y desde entonces no ha dejado de acoger familias de distinta procedencia. Desde hace unos años, un plan especial se puso en marcha para tratar de normalizar y sacar de ese entorno a varios núcleos familiares. Una de esas acciones, quizás la más exitosa, es la guardería que cada día acoge a los más pequeños del asentamiento, sembrando una semilla de esperanza para ellos.

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