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domingo, 23 noviembre 2014
10:42
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La Razón

Columnistas

Dos difíciles batallas por Fernando de Haro

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El Gobierno tiene dos batallas decisivas que librar en las próximas horas, en los próximos días. Cuando el interés de la deuda el viernes se acercó al 7 por ciento y la prima de riesgo se colocó  otra vez en zona de máximos quedó claro que el «efecto balsámico» del Consejo Europeo del pasado 29 de junio se había disuelto. En poco más de una semana la victoria de la alianza Rajoy-Monti,  que consiguió flexibilizar  la postura de Merkel,  se había evaporado. Para conseguir recuperar de nuevo la confianza, De Guindos tiene que ser hoy convincente en el Eurogrupo. Tiene que demostrar que su plan de reducir el déficit es sólido. Las advertencias que han llegado desde Bruselas han sido contundentes y la del viernes fue rotunda: si los planes de ingresos y de gastos para los dos próximos años no son creíbles no se autorizará la reducción del objetivo de déficit al 3 por ciento hasta 2014. El mensaje hacía una mención especial a la necesidad de recortar el desequilibrio de las comunidades autónomas. Hasta el momento se ha mantenido una dura negociación, pero ha llegado el momento de cerrarla. España necesita ante los mercados, en  este momento,  el aval de Bruselas, una garantía de que el Ejecutivo va en serio en su intención de hacer el ajuste todavía pendiente. Porque la subida del IRPF, la amnistía fiscal, el copago farmacéutico o los ajustes en Educación son,  a estas alturas, absolutamente insuficientes. Desde hace una semana Rajoy viene anunciado que «va a pisar el acelerador de las reformas». Si esas reformas no son drásticas tendremos un serio problema. La otra batalla se libra a nivel europeo y en esa el Gobierno tiene menos margen de maniobra. Lo que ha sucedido en los últimos nueve días pone de manifiesto hasta qué punto la decisión que se toma en una cumbre europea puede diluirse en poco tiempo. La euforia de los primeros momentos ha dado paso a serias dudas. Alemania sigue muy reticente a que la ayuda a nuestra banca llegue directamente a las entidades y a que se compre deuda. Ayer, el ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble, avisaba de que la fórmula no se podrá materializar hasta final de año. Su homólogo francés, Pierre Moscovici, nos echaba un capote y reclamaba que esa ayuda sea efectiva de forma directa y cuanto antes. Las resistencias en Alemania crecen. Merkel se reunió en secretó el viernes con sus socios para diseñar la estrategia que le permita ratificar en el «Bundestag» el acuerdo. Mientras, Finlandia amenaza con salirse del euro si se utiliza dinero para comprar deuda de los países del sur. La situación es de máxima tensión. Almunia ha tenido que recordar este fin de semana que los acuerdos del Consejo Europeo son vinculantes. Son las debilidades de una Europa en la que no está claro que estamos construyendo algo más que una moneda.

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