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lunes, 24 noviembre 2014
04:11
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La Razón

El Editorial

Perseverar en las reformas

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El comportamiento de los mercados es la demostración, tozuda por demás, de que no será posible salir de la crisis sin una acción concertada y rápida de los países de la eurozona. En este sentido, la reunión del Eurogrupo en Bruselas ha visto un cambio de tono positivo con respecto al apoyo que reclama España. Sin renunciar a la imposición de garantías, por otra parte lógicas, incluso los socios más recalcitrantes, como Finlandia, parecen haber comprendido la quimera de pensar que la crisis se puede circunscribir a un determinado país mientras el resto permanece aislado e inmune. No. El contagio acabará por alcanzar a todos, con consecuencias nefastas para   la construcción europea. Pero ese mensaje, que poco a poco gana fuerza frente a ciertos condicionamientos políticos nacionales, no podrá sostenerse si los países en dificultades no abordan de una manera decidida y, sobre todo, creíble, las necesarias reformas. Y no sólo porque lo exige Europa, sino porque entre las causas de la actual situación económica se encuentran las de carácter estructural, verdadero lastre de nuestra productividad y competencia. Como dijo ayer el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en un cambio de actitud al que hay que dar la bienvenida y desear que se mantenga en el tiempo; lo importante no son los retrasos puntuales en el proceso de recapitalización directa de las entidades bancarias afectadas, puesto que, sin duda, será percibido por los mercados como un problema pasajero en la deuda pública, sino que resulta crucial que los países perseveren en las reformas, cuya profundidad debe depender de los desequilibrios económicos acumulados durante los últimos años.
     
Es un proceso que debe permanecer en el tiempo y, a ser posible, sin dejarse perturbar por las turbulencias financieras del día a día, para evitar que las urgencias del momento lleven a tomar decisiones erróneas. En el caso español, el Gobierno de Mariano Rajoy está comprometido en la tarea, que no es fácil, de reducir a sus lógicos términos un Estado hipertrofiado y, pese a ello, poco eficaz. Son medidas que tardarán en dar fruto, pero que pondrán las bases de nuestro despegue económico y permitirán recuperar la confianza exterior. Medidas como las anunciadas ayer por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que tienden a un cambio en la política fiscal, reduciendo las cargas directas a la actividad productiva y transfiriendo el esfuerzo recaudatorio hacia los impuestos indirectos, tal y como ha recomendado Europa.
   
Sólo así, con la acción concertada y los procesos de reforma en los países concernidos, se conseguirá trasmitir a los mercados el mensaje de que el euro está aquí para quedarse y que apostar contra la moneda única es ir al fracaso.

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