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martes, 22 abril 2014
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La Razón

Reportajes

Del narco Oubiña al Códice Calixtino

  • El día 17, y a pesar de la protesta de las asociaciones de víctimas del narcotráfico, saldrá de prisión uno de los «capos» de la droga. Fue el juez Vázquez Taín, que ha llevado la investigación del robo del Códice Calixtino, quien lo detuvo en el año 2000

     

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Los profesionales lo llaman proceso deductivo experiencial; los profanos, olfato policial. El fruto de años de experiencia en la investigación criminal convierte en auténticos sabuesos capaces de oler las pistas a quienes persiguen el delito durante toda una vida. Quizás por eso, a fuerza de experiencia, el Magistrado del Juzgado de Instrucción nº 2 de Santiago de Compostela se olió algo raro en aquella caja de cartón, que el pasado 4 de julio había pasado desapercibida por los cuatro agentes de policía que efectuaban el registro en un desangelado garaje de la calle Cruxa de Milladoiro. ¿Habéis mirado ahí?, preguntó el Juez José Antonio Vázquez Taín, dejándose llevar por la intuición. ¡Bingo! Oculto bajo sacos de cemento y ladrillos, enfundado en cuatro bolsas de basura, una dentro de otra, se encontraba el premio gordo: el Códice Calixtino desaparecido de la Catedral de Santiago de Compostela justo un año antes. 

Se trata del último éxito cosechado por uno de los jueces más atípicos y mediáticos de la judicatura gallega.  Vázquez Taín llegó al Juzgado de Instrucción nº 2 poco antes del robo del Códice, tras tres años en el Juzgado de lo Penal nº 2 de La Coruña. Pero su fama, su experiencia como investigador, y también buena parte de sus más leales enemigos, se forjó durante los años que pasó en el Juzgado de Instrucción nº 1 de Villagarcía de Arosa, Pontevedra, luchando contra el narcotráfico. Al Juez Vázquez Taín se deben muchas de las operaciones contra el narco gallego más relevantes de los primeros años 2000. De hecho, en 2002, y junto con Baltasar Garzón y el Fiscal Antidroga Javier Zaragoza, recibió el premio de la Fundación Gallega contra el Narcotráfico. Vázquez Taín envió a prisión a muchos narcos gallegos de la nueva escuela. Pero otros, los veteranos, han comenzado a salir de ella.

Droga, percebes y albariño

El sábado 17 de julio de 2010 Manuel Charlín, pionero del contrabando en Galicia y uno de los principales imputados en la Operación Nécora abandonaba la prisión de A Lama tras cumplir dos décadas de condena. Su excarcelación motivó encendidas protestas entre las familias de las víctimas del narcotráfico gallego. Exactamente dos años después, el próximo 17 de julio, otro de los históricos del contrabando en Galicia, imputado también en la Operación Nécora, podrá abandonar la prisión. De nuevo las familias de las víctimas manifiestan su protesta por la noticia. Se trata de Laureano Oubiña, alias «el gallego».  Patriarca del tráfico de hachís en el noroeste de España.

Laureano Oubiña Piñeiro nació en Cambados (Pontevedra), en 1946. Con solo 10 años comenzó a trabajar en la tienda de ultramarinos de sus padres y a los 15 ya conducía una furgoneta para repartir los productos entre los feriantes ambulantes. Eran los tiempos del estraperlo en la frontera, y a los 17 el joven Laureano comenzó a colaborar con su tío en el contrabando de gasoil. Pero no tardó en darse cuenta de que había otros sectores más rentables para el negocio y muy pronto, y como otros imputados de la Operación Carioca, se pasó al contrabando de tabaco.

A los 18 años se casó con Rosa María Carro Otero, con la que ha tenido ocho hijos, y que vivió su ascenso meteórico en el «cartel de Galicia». Y es que Oubiña, como otros muchos contrabandistas gallegos, decidieron, a principios de los ochenta, que su conocimiento de la frontera, y las infraestructuras de sus redes de contrabando, podían multiplicar por cien o por mil sus ingresos, si pasaban del tabaco a sustancias más lucrativas: cocaína, heroína, hachís… Oubiña apostó por esta última, llegando a convertirse en al auténtico amo del «costo» en España.

El negocio iba bien, la fortuna del emprendedor contrabandista se multiplicó exponencialmente, y con el cambio de negocio también cambió de familia. En 1983 se divorció de su primera esposa para casarse con su secretaria, María Esther Lago García, con la que tendría dos hijas más, Lara y Esther. Esta última estudia periodismo en la actualidad.

Laureano Oubiña amasó una enorme fortuna y como todos los históricos caídos en la Operación Nécora, gustaba de ostentar su riqueza. En su caso, el símbolo más visible de su éxito empresarial fue la adquisición de una fastuosa mansión: el Pazo Bayón, valorado en 90 millones de euros. La propiedad incluía una enorme cantidad de terreno, del que Oubiña destinó 22 hectáreas a viñedos, que producían uno de los albariños más cotizados por los amantes del vino gallego.

A pesar de su evidente fortuna, en septiembre de 1989 Laureano Oubiña demandó al INEM por no aceptar su solicitud del subsidio de desempleo, un movimiento estratégico que ilustra perfectamente su modo de actuar.

Hasta la Operación Nécora, Oubiña podía presumir de su buena fortuna. No sólo en los negocios.  Tras ser condenado por el tráfico de seis toneladas de hachís entre Galicia y Holanda protagonizó una cinematográfica persecución por toda Europa. A pesar de que en varias ocasiones Europol estuvo a punto de echarle el guante en Suiza y Alemania, consiguió burlar durante trece meses a las policías europeas, pero en octubre de 2000 se le acabó la suerte. Fue capturado en Grecia y extraditado a España. Cinco meses después, el 28 de febrero de 2001, su esposa Esther Lago sufre un accidente de circulación cuando se dirigía a recoger a su hija a una discoteca de Cambados. Al filo de las tres de la madrugada su lujoso todoterreno se sale de la carretera Cambados-Villagarcía de Arosa, estrellándose contra una vivienda. La ex secretaria de Oubiña fallece, con 45 años, en la ambulancia que la trasladaba al Hospital Provincial de Pontevedra.

A partir de entonces todo fue a peor. El gallego iniciaría su éxodo por las prisiones de Alcalá-Meco (Madrid), Zuera (Zaragoza), Villena (Alicante) y Topas (Salamanca), entre otras. Recibiría nuevas condenas, por delitos fiscales y su patrimonio, como el de otros componentes del «cartel de Galicia», sería expropiado. Con especial tristeza encajó la incautación de su fastuoso pazo. Desde la cárcel ha insistido en que su familia es la principal víctima del hurto legal de su patrimonio.

Oubiña fue el primer capo gallego que, desde prisión, decidió tener presencia en la red, creándose un perfil en facebook (ya retirado) y una página web que no actualiza desde hace un año.

En la cárcel estudió leyes y asegura estar arrepentido de su pasado. En abril de 2004 escribió una carta manuscrita a los diputados Joan Puigcercós, Gaspar Llamazares y José Antonio Labordeta solicitando su ayuda para cambiar las condiciones penitenciarias proclamando un «¡Viva la III República!».

En noviembre de 2010, nuevo golpe de efecto. Oubiña escribe una carta a Baltasar Garzón en la que asegura querer «solidarizarme con usted en sus problemas judiciales y en los limbos jurídicos que usted se ve abocado, que por desgracia yo conozco muy bien». El capo del tráfico de hachís plantea al Juez responsable de la Operación Nécora: «Quisiera proponerle que cogiese mi defensa como abogado para defender mis intereses penitenciarios». Y añadía: «Sé de antemano que al principio como abogado va a tener ciertas dificultades, ya que es una labor muy distinta a la que venía desempeñando hasta la fecha, pero un gran jurista como usted enseguida se pondrá al día y le cogerá el tranquillo y me defenderá correctamente de todas las atrocidades judiciales que esta Audiencia Nacional reiteradamente viene cometiendo contra mi persona».

El próximo día 17, a pesar de la protesta de las asociaciones de víctimas del narcotráfico en Galicia, saldrá de prisión. Parece que finalmente no necesitó los servicios del abogado Baltasar Garzón…
 
EL CARTEL NO PARA

Operaciones como la intercepción del pesquero «Ratonero», con 3.600 kilos de cocaína a bordo, el pasado febrero, ilustran sobre la vigencia del narco gallego. El pasado 26 de junio, la Fundación Gallega contra el Narcotráfico inauguró un monolito esculpido por alumnos de la escuela de cantería del Proyecto Hombre, donado por la Diputación Provincial de Pontevedra, en el fastuoso pazo Vista Real, embargado por la Audiencia Nacional al «clan de los charlines». El monumento incluye una placa con unos versos de Pablo Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera».
 

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