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domingo, 21 septiembre 2014
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La Razón

Columnistas

Gris perla por Alfonso Ussía

  • No se trata de una norma escrita, pero se da por sabida. Al Rey, cuando se le visita, se hace vestido con un traje oscuro

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El Comité Olímpico de los Estados Unidos de América ha encargado los uniformes de sus representantes en los Juegos Olímpicos de Londres a una empresa china. Están que trinan las marcas deportivas americanas. No obstante, los chinos han diseñado unos modelos en los que destaca el caballo y el jugador de polo de Ralph Laurent, detalle que alivia el estupor. En España hemos encomendado la uniformidad de nuestros deportistas olímpicos a una empresa rusa. Rusia, la amada, culta, profunda y sufrida Rusia destaca en muchos ámbitos, pero jamás lo ha hecho en el diseño textil. La Corte de los Zares se vestía con paños ingleses, franceses e italianos. El comunismo fue muy conservador. Trajes grises para los hombres y oscuros para las mujeres. Todos, dirigentes comunistas incluidos, asumían los planes quinquenales establecidos por el Kremlin. Tan sólo dos políticos soviéticos se atrevieron a someter su cuerpo a la medida de los sastres ingleses. Andrei Gromyko, el eterno ministro de Exteriores de la URSS, y su sucesor en los últimos estertores de la tiranía fracasada, el georgiano Shevarnadze, un pelín hortera por aquello de las iniciales en las mangas de la camisa. Las iniciales se llevan bordadas sobre la tetilla izquierda, y no se admiten bromas al respecto. Gorbachov, cuya sonrisa nada tenía de soviética, se vestía en los Estados Unidos, pero nadie reparaba en ello. Y los de ahora, Putin y Medvedev, o viceversa, carecen de interés estético.

Los rusos son elegantísimos en el campo y en los escenarios. El Ballet de Igor Moisseiev parecía vestido por la tradición rusa y la colaboración de Balenciaga. En invierno, los rusos disimulan su mal gusto con los abrigos, las botas y los gorros de astracán, que son feos pero abrigan. En el estío, el disparate explosiona. Y en verano –en unos pocos días–, desfilarán en Londres nuestros olímpicos con modelos rusos. Me temo lo peor, incluido en lo peor el bochorno de alguna carcajada en el estadio olímpico londinense. Todo se debe a la crisis, según me confiesan los diseñadores españoles, a los que no conozco, por otra parte. Lo malo es que el gusto ruso en el vestir se ha podido contagiar a alguno de nuestros ministros. No se trata de una norma escrita, pero se da por sabida. Al Rey, cuando se le visita, se hace vestido con un traje oscuro. La oscuridad textil en el hombre es sinónimo de respeto. El negro de la corbata, por ejemplo, no determina homenaje a un muerto, sino respeto a la muerte. El juez juzga de negro al reo por respeto al acusado, no porque le está anunciando que lo va a meter en chirona. Todo se ha chabacanizado, y ahora los diputados asisten al Congreso sin corbata, los senadores a punto están de hacerlo con pantalones pirata y chancletas, y los sacerdotes van vestidos  con una «Lacoste» si van a una casa pudiente, o con pantalones cortos y calcetines blancos en las parroquias progres.

El gran seductor caribeño Porfirio Rubirosa tomó como objetivo fundamental de sus almibarados encantos a una princesa austriaca. Ella, por curiosidad morbosa, aceptó la invitación a comer en un restaurante de Viena. No se sentó en la mesa. «No puedo soportar a los hombres que llevan trajes de color gris perla». Rubirosa se estremeció. El hombre que se viste de gris perla jamás alcanza sus objetivos. Y escribo de los sastres rusos porque a nuestro ministro de Asuntos Exteriores, señor García Margallo, un sastre ruso le ha hecho un traje para asistir en La Zarzuela al Consejo de Ministros presidido por el Rey. Que esa es otra. La Presidencia del Rey no se puede aprovechar para anunciar veinte medidas económicas tan necesarias como apabullantes para la sociedad, porque su figura no está para que los gobernantes se escuden en su prestigio.

En la fotografía de la escalera que da acceso al jardín desde el salón de audiencias, se puede apreciar el traje gris perla del ministro de Asuntos Exteriores, al que ruego desde esta página que tenga a bien devolverlo inmediatamente por el bien de España. Un ministro de Asuntos Exteriores tiene que saber que al Rey se le visita vestido de oscuro. No es un pequeño detalle. Se trata de una falta de mundo que no puede aceptarse en quien ante el mundo nos representa. Y es un buen ministro, según creo. Pero ese gris perla condiciona mucho. En Rusia, en verano, el gris perla se vende muy bien.
 

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