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jueves, 24 abril 2014
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La Razón

Entrevistas y Opinión

Sofisticar el sexo por Marina CASTAÑO

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Sofisticar el sexo, por Marina CASTAÑO
Sofisticar el sexo, por Marina CASTAÑO

Yo creo que a nadie se le olvida aquel jaleo que se produjo en la sociedad española cuando un ministro de Hacienda socialista se lió a la brava con una conocida dama que vive de su físico, en el sentido de que sus exclusivas, sus posados con hijas o sin ellas  y sus apariciones en fiestas que promocionan este o aquel artículo le proporcionan jugosos, sustanciosos beneficios económicos. ¡Suerte que tiene! Lo bueno es que no protesta cuando lleva a la prensa pegada a los talones, como esa famosa pareja de futbolista y periodista deportiva, que hacen ascos a los fotógrafos cuando, gracias a ellos, la despistada muchacha se levanta una pasta gansa anunciando champús y él promocionando Hyundai, o Cruzcampo, o Adidas o Reebok. Si no salieran tanto en revistas, si fueran dos personas de perfil bajo, no tendrían esos chollos publicitarios. Es que si no lo digo, reviento.
Pero vayamos al objeto de esta columna, que es la sofisticación del sexo: el jaleo que se mencionaba más arriba vino adornado por una técnica erótica llamada «el carrete filipino», que, por lo visto, dominaba a la perfección la dama porcelánica,  y, claro, en aquella época (mediados los 80), no existía Google y en occidente no sabíamos cómo averiguar en qué consistía semejante disciplina, porque, claro, todos los varones hispanos andaban cómo locos soñando en que les practicaran semejante exquisitez sexual. Por si alguien todavía no lo ha averiguado, les cuento que se trata de atar un cordel en la base del pene (las más exquisitas lo hacen con un collar de perlas) para así «estrangularlo» hasta que se avecine el momento inminente del orgasmo, y en ese preciso instante se suelta «la dulce soga», con lo cual el placer es inmenso. Pues nada, ahí está el secreto desvelado. Por si alguien se atreve.
 

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