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miércoles, 22 octubre 2014
11:25
Actualizado a las 

La Razón

No podemos ser Grecia

Los radicales se hacen fuertes en las protestas

  • Siete antisistema han sido arrestados desde el miércoles en las manifestaciones.Sólo la minera estaba autorizada

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Un grupo de manifestantes durante las protestas del viernes en Madrid
Un grupo de manifestantes durante las protestas del viernes en Madrid

MADRID- Aquella primera acampada del 15-M asombró a un mundo que la veía como el contagio más evidente de la primavera árabe a un occidente en descomposición. El Gobierno del PSOE se negó a hacer cumplir la ley y la pacífica acampada se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para que radicales de todo pelaje se movieran a  sus anchas hasta la explosión perfecta que se vivió en Barcelona y que hoy, cuando ya gobierna el PP, se ve en Madrid a diario.

Las protestas, siendo legítimas, acaban siempre como el rosario de la aurora. Siguiendo la estela del 15-M ya nadie pide permiso para manifestarse, simplemente toman las principales vías de la capital, las cortan y se manifiestan. El esquema es el mismo siempre. La manifestación comienza pacíficamente, se desarrolla con la normalidad con que puede desarrollarse una protesta no solicitada ni comunicada a la autoridad, pero con el paso de las horas, elementos radicales la hacen suya, la mueven y acaban enzarzándose con la Policía. La manifestación acaba con varios detenidos por un delito de atentado a la autoridad.

La marcha minera del pasado miércoles fue un buen ejemplo. La diferencia de este caso con las siguientes manifestaciones es que esta estaba autorizada, y aún así, acabó con 18 detenidos, de los que sólo dos eran mineros. La protesta acabó con lanzamiento de piedras y petardos contra la Policía, que cargó. Tras la carga, los agentes identificaron a seis de los detenidos como habituales en actos antisistema, según informaba Efe el viernes. Eso sí, 37 policías resultaron heridos al recibir impactos de rodamientos, piedras y cohetes.

Horas después de que los mineros abandonaran la capital los altercados se reprodujeron en la zona cercana a la puerta del Sol. Contenedores ardiendo, algaradas y nuevas cargas policiales contra simples alborotadores.

El viernes, la concentración que se movió entre las sedes del PSOE y del PP y acabó en el Congreso de los Diputados se saldó con otros nueve detenidos. La primera carga policial se produjo frente a la sede socialista, después de que un grupo increpara a los agentes y les lanzara un objeto. La misma escena con idénticos resultados se produjo en la plaza de Neptuno. De los arrestados tras la noche de protestas, uno pertenece a la banda «Dominican Don't Play».
¿Por qué estas escenas se producen en España y Grecia pero no en Portugal o Irlanda? Quizá la respuesta está en los elementos radicales y en la agitación desde determinados sectores políticos. Ayer mismo, los sindicatos plantearon la posibilidad de una nueva huelga general.
Inasequibles al desaliento tras el fracaso de la anterior, las centrales abrieron una puerta que puede costarnos entre 1.000 y 3.000 millones de euros, de una a tres décimas del PIB. Y los sindicatos de funcionarios también avisan de una huelga en septiembre. Tras el verano, claro.
 

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