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lunes, 20 octubre 2014
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La Razón

Andalucía

Aislamiento «histórico» y doblemente «crítico»

  • Susana Díaz se cebó con la doctrina Griñán y Toscano avisa de que la ejecutiva «no representa a toda la militancia»

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José Caballos, Susana Díaz y Carmelo Gómez, victoriosos en el cónclave de los socialistas de Sevilla
José Caballos, Susana Díaz y Carmelo Gómez, victoriosos en el cónclave de los socialistas de Sevilla

SEVILLA- Susana Díaz pasa ahora por la princesa del PSOE de Sevilla, tras su contundente victoria en el Congreso. Sus métodos, no obstante, se antojan más propios de la Reina de Corazones de la «Alicia en el País de las Maravillas» de Lewis Carroll. Habló de integración, unidad, compañerismo. En «que les corten la cabeza» quedó la cosa. Apenas la alcaldesa de Villanueva como vocal y la cuota que les correspondía a los críticos –ocho– en el comité director. Como muestra del desacuerdo, el estruendoso silencio de la abstención.

Susana Díaz demostró que es más de la doctrina Griñán a la hora de «unificar» –conmigo o contra mí– que de «El príncipe» o «El arte de la guerra», tratados básicos para todo político con las aspiraciones de la nueva secretaria provincial.

Según Maquiavelo, es «mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo». De los críticos no quedó ayer ni el perfil de Twitter de «Juntos somos más». Decía Sun Tzu: que «nunca se debe atacar por cólera y con prisas». «Un verdadero maestro vence a otras fuerzas enemigas sin batalla, conquista otras ciudades sin asediarlas y destruye a otros ejércitos sin emplear mucho tiempo». El reto de Susana Díaz no era ganar, sino unir. Como consejera de Presidencia y con Villalobos, presidente de la Diputación, como escudero y Pepe Caballos atado en corto dentro de la ejecutiva regional, los oficialistas, en celebérrima expresión del admirado por Díaz Alfonso Guerra, hubieran presentado una cabra –por más que la valía de Limones (un socialista que gana elecciones, rara avis) está fuera de  duda– y tendrían que haber ganado. «Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después», sigue «El arte de la guerra»; esto sí lo hizo Díaz. «Un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después», fue lo que trataron de hacer los críticos.

«Ser generoso en casos particulares y concretos es recomendable», aconseja «El príncipe». En los pasillos del congreso, históricos  barruntaban sobre la «autoidolatría» de Griñán. «Siente como una afrenta que el partido lo mandara a Madrid. Que lo hicieran ministro». «Se piensa mejor que los compañeros ». Susana Díaz, como Griñán en Almería, optó por mostrarse inmisericorde. Hay quien le recomendó integración –de la de verdad– pero se impusieron los que querían cortar cabezas. Tras la votación, se daba por seguro el papel clave de varios ex alcaldes y de Carmelo Gómez, el aliado nacido en Korbach. Se barajaba una oferta de «dos vocalías para justificarse» y que los críticos dijeran que «no». Sólo ofrecieron una. Los críticos con una cuota de poder crítica. Fuera quedó también Espadas, que se mostró muy capaz como presidente de mesa. La razón oficiosa: ya pertenece a la regional, como portavoz en Sevilla acude al «sanedrín» con el mando provincial y hay dos concejales locales en la ejecutiva. Tras contar Villalobos que en la Ejecutiva había 19 alcaldes, Toscano se quejó de que  «por primera vez en la historia» un sector con peso se quedaba sin representación en su ejecutiva provincial, que «no representa a toda la militancia», invitando a hacer «autocrítica» por la «división» en el PSOE-A. O, según «El arte de la guerra»: «Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla». El Congreso del PSOE, en el fondo, homenajeó a Unamuno. «Vencerán, pero no convencerán».

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