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lunes, 24 noviembre 2014
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La Razón

Oriente Medio

La yihad se prepara en Líbano

  • Cientos de milicianos libaneses luchan con el Ejército Libre, que se enfrenta a Asad. Creen que están obligados a defender a los civiles sirios ante la pasividad de la ONU

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Los miembros de la ONU  pudieron llegar ayer a Tremseh, la ciudad de la última matanza de Asad (arriba, en la imagen), y comprobaron la violencia empleada por el régimen. Sin embargo, el Gobierno negó cualquier relación con los hechos.
Los miembros de la ONU pudieron llegar ayer a Tremseh, la ciudad de la última matanza de Asad (arriba, en la imagen), y comprobaron la violencia empleada por el régimen. Sin embargo, el Gobierno negó cualquier relación con los hechos.

AARSAL (LÍBANO).- Zaid, un joven sirio que nos da un nombre falso para proteger su identidad,  lleva un año luchando contra las fuerzas de Bachar al Asad en la ciudad de Homs. Pero ahora ha tenido que dejar su viejo Kalashnikov para hacerse cargo de su madre, sus hermanas y su cuñada.  La familia llegó en mayo a la ciudad fronteriza libanesa de Aarsal, huyendo de los bombardeos que han azotado la localidad de Al Qusair, en la provincia de Homs.  «Mi hermano dirigía una unidad del Ejército Libre de Siria (ELS) pero fue capturado en agosto de 2010», explica con orgullo este ex combatiente sirio. «En cada familia siria, al menos dos miembros están en el ELS», indica Zaid, antes de precisar que él tuvo que sacrificar la lucha armada para cuidar de las mujeres, porque es el único varón que queda en la familia, ya que desconoce el paradero de su hermano y si sigue vivo o muerto.  Zaid reconoce que, aunque ya no puede ir al frente, sigue ayudando a la revolución. «Actúo de enlace entre los contrabandistas libaneses y los rebeldes que vienen a comprar armas o municiones, y a veces cruzo la frontera con dinero para comprar armas al propio Ejército sirio»,  detalla el ex combatiente. 

El joven asegura que la Policía de frontera siria acepta sobornos de los rebeldes y permite cruzar sin registrarles. «La última vez que estuve en Siria fue hace quince días y al regresar a Aarsal, un guardia de frontera me paró y me dijo que me ha visto cruzar varias veces. Yo le miré con complicidad y le di todo lo que llevaba encima: un poco de calderilla y dos paquetes de tabaco, y se quedó la mar de contento», comenta divertido Zaid, mientras añade con sorna que «con un cartón de tabaco tengo asegurada la entrada y salida para cinco veces más».

«Muchos oficiales no han desertado físicamente, pero sí lo han hecho de corazón», afirma Zaid antes de relatar que en Homs, en más de una ocasión, los militares que «tienen la orden de disparar a matar, lanzan disparos al aire porque no quieren asesinar a los civiles». Incluso a veces, continúa el joven, «algunos soldados dejan olvidada en el suelo una caja de municiones antes de retirarse  con las tropas». A medida que continuamos con la conversación, Zaid se siente más cómodo y empieza a desvelarnos más cosas.  En la ciudad costera de Trípoli «hay un campamento de oficiales desertores del Ejército regular sirio, donde se les entrena para poder dirigir las unidades militares rebeldes», asegura el joven. Según el ex combatiente, entre las filas del Ejército Libre hay varios centenares de milicianos libaneses.  «Aquí, en Aarsal, unos cien combatientes de entre 20 y 30 años, de la organización Yamiat al Islami, han ido a luchar a Homs».   

Ante la mirada incrédula del periodista,  Zaid promete llevarnos a visitar por la noche a unos «hermanos» libaneses que han tomado como cuartel un viejo establo, a las afueras de la ciudad, muy cerca de la frontera con Siria.  Cuando llegamos allí nos reciben con cara de pocos amigos. Zaid presenta a un grupo de una veintena de tipos ataviados con ropa militar.

«Todos somos libaneses», afirma Abdel Hakim, que está esperando junto con sus compañeros a poder cruzar la frontera para unirse al Ejército Libre de Siria.  «Es nuestro deber como musulmanes ayudar a nuestros hermanos sirios», afirma Abdel Hakim, antes de precisar que no sólo hay voluntarios libaneses en el Ejército Libre de Siria sino que también «hay otros combatientes extranjeros de Jordania, Túnez, Libia y Arabia Saudí». Este joven de la ciudad de Balbek, en el corazón del valle de la Bekaa,  ha dejado la empresa de su padre para ir a luchar en Siria. Otro combatiente, que utiliza el nombre falso de Bilal  explica que es la primera vez que sale del Líbano. «Con mi trabajo en una tienda de teléfonos móviles he podido ahorrar para comprarme una AK-47 en el mercado negro y municiones suficientes», asegura Bilal, que reconoce que aunque siente mucho miedo por las noticias que llegan  de Siria está decidido a dar su vida por Alá. «Mi familia estaría orgullosa si me convirtiera en un mártir de la revolución siria», anhela el combatiente libanés, mientras unta un pedazo de pan de pita con el aceite de una lata de sardinas que pasa a sus compañeros.

 «Yo vivo en un pueblo afín a Hezbolá y allí todos apoyan al presidente Asad, y decir lo contrario supone buscarte un montón de problemas. Los milicianos chiíes persiguen a todo aquel que apoya al ELS»,  indica Osama Salem, otro libanés con espesa barba que también da un nombre falso. «Vamos a Siria para luchar en la yihad , ya que la comunidad internacional ha decidido no hacer nada para detener las matanzas contra la gente inocente. Así que tendremos que ser los propios musulmanes los que acabemos con el problema», sentencia Salem, mientras pasa las cuentas de su rosario.
 

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