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viernes, 29 agosto 2014
04:58
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La Razón

Columnistas

Porque yo lo valgo por Cecilia García

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Pertenece a esa estirpe de artistas que sazonan su trayectoria con momentos  L'Oreal, «porque yo lo valgo», que robustecen su autoestima al tiempo que revalorizan su cotización en el mundo del espectáculo. Hace unas semanas enseña un pecho en Estambul –algo que, visto lo visto, era prescindible, algunos de sus bíceps son más grandes y están más torneados que sus senos–, unos días más tarde los glúteos en Roma y en París ofrece un «todo incluido» con la fotografía de la ultraderechista Marie Le Pen con una esvástica sobreimpresionada. ¿A alguien le sorprende? Madonna es capaz de hacer eso y mucho más por exigencias del guión, el que ella misma escribió hace décadas con el único afán de perpetuarse en el tiempo, fuese por su música o por su capacidad de hacer de su vida personal y profesional un circo de tres pistas.

La «prima donna» del pop conoce el terreno que pisa. Sabe que se debe a su público pero, sobre todo, a sus enemigos y a su leyenda. «Provoca que algo queda», pensará. Lo siguiente es actuar en consecuencia y no le hace ascos a nada: lo mismo adereza sus canciones con tríos y besos lésbicos, que utiliza los símbolos religiosos en un escenario pagano o enseña partes de su cuerpo que, sinceramente, no necesitamos ver.

La pregunta es: ¿Madonna sería menos Madonna sin estos calculados ejercicios de provocación? Sí porque forman parte de su ADN como artista: cantar y bailar le sabe a poco si no van acompañadas de alguna actitud pseudosubversiva que ponga de los nervios a los más predispuestos a escandalizarse. Y en esas estamos... En esta gira mundial nadie ha malgastado un renglón o un minuto de su tiempo hablando de la calidad de su música, ¿para qué?; es más, ¿desde cuándo eso es lo importante? Pues eso.
 

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