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jueves, 23 octubre 2014
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La Razón

Columnistas

Esto es un atraco por J A Gundín

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Al grito de «Manos arriba, esto es un atraco», las calles se recalientan y a golpe de tuit las redes sociales echan humo atizando la caldera del descontento. Los que se manifiestan son empleados públicos en su mayoría, interinos y sindicalistas los más. Apenas una parte pequeña de los dos millones y medio de funcionarios. En todo caso, no les faltan motivos para sentirse atracados, porque es verdad que alguien se ha llevado la pasta y el país se ha quedado como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. En lo que no tienen razón es en culpar al Gobierno de Rajoy de haberles levantado la cartera. Sobre todo porque ya no hay cartera que distraer ni caja de caudales que reventar. No queda nada en la hucha. Por eso, los que protestan hoy ante las sedes del PP deberían preguntar en voz alta, como hace ocho años: ¿quién ha sido? ¿Quiénes son los autores intelectuales y materiales del atraco? Hubo una ministra socialista, muy salerosa ella y con mucha «sensibilidá» social, que en una tarde inspirada de 2005 dio con la formulación filosófica perfecta del atraco: «El dinero público no es de nadie». Dicho y hecho.
   
Aunque entonces nadie salió a la calle ni hubo concentraciones ante las sedes del PSOE con las manos arriba, allí se abrió el primer butrón. Luego se sucedieron incontables alunizajes. Empezando por el atraco del siglo de los 90.000 millones de euros que sólo en 2011 han desaparecido de las arcas públicas dejando un agujero del 8,5% de déficit. Siguiendo por los cientos de millones que fueron a la saca de los ERE fraudulentos, mientras los autónomos y las pymes mendigaban sin éxito el pago de 17.000 millones en facturas pendientes. Desfalco consumado es el de los miles de liberados sindicales que, sin justificación legal, han holgazaneado todos estos años a costa de nuestro dinero, en especial los seis mil que sobran en la Administración. Expolio, en fin, ha sido construir aeropuertos fantasmas, trenes de alta velocidad a ninguna parte, planes con «E» de estúpidos y subvenciones a tutiplén. Ese ha sido el verdadero atraco contra el que deberían manifestarse los funcionarios con las manos arriba. Pero como le toca a un Gobierno del PP poner orden y hacer economías, las iras van contra él. No es casual que resucite la protesta-exprés, aquel artefacto que hace ocho años bautizara Rubalcaba como «Pásalo», santo y seña para llamar al asedio de las sedes del PP durante la vigilia electoral. Entonces aún no existían los «trending topic» ni los «hashtag», pero su eficacia fue tan descomunal que ahora lo rescata la izquierda como táctica guerrillera para, con muy pocos efectivos, hacer mucho ruido, en muchos sitios y a la hora del telediario. Pero nadie pregunta en voz alta: ¿quién ha sido?

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