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sábado, 20 septiembre 2014
22:13
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La Razón

Columnistas

Poco tiempo por Francisco Rodríguez Adrados

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Poco tiempo tiene el PP para impedir los planes de la tribalización de España. La conversión de nuestra otrora orgullosa Península en un puñado de «nacioncitas» como ya lo es el Este de Europa es una enfermedad que ha nacido en unos pocos puntos, pero que es sumamente contagiosa. Sí, habrá ministros por doquier, embajadores, compañías aéreas. ¿Serán con ello los hombres más felices? De momento, leer los periódicos es llorar, como decía Larra de los que simplemente escribían o escribíamos.

El hecho es que el PP ha ganado las elecciones, pero demasiado tarde. Se ha quedado solo. En todo caso, de él principalmente dependen decisiones graves. Los socialistas han sido por mucho tiempo un partido más entre los partidos españoles, siguen manteniendo ese nombre, pero las cosas han cambiado. Deberían darse cuenta, retroceder de malos pasos. Dejo a los comunistas. El caso es que los socialistas durante mucho tiempo prestaron grandes servicios a España: pusieron su esfuerzo, sufrieron sus muertos, firmaron las leyes necesarias, mantuvieron una presión contra ETA igualmente necesaria. Luego negociaron fuera de todo límite, cedieron. Cedieron en Cataluña y el País Vasco y en la propia Galicia. Hicieron cálculos mezquinos que se han vuelto contra ellos: así ganarían, pensaban. Han perdido y hemos perdido todos. A ese precio, a ese riesgo, no vale la pena ganar. Dios sabe qué pócima ingerirían que ha puesto un velo antes sus ojos. Es como leer a Shakespeare y hasta a los griegos. Hay que parar a tiempo. El colmo: usaron hasta un Tribunal llamado Constitucional, suyo, se ha visto, al cincuenta y tantos por ciento, lo suficiente, claro. Suficiente para ganar la que creían su causa –y para poner en riesgo a toda España–. A quienes los dioses quieren perder les privan primero del recto juicio, ya se sabe.

Total: lean los periódicos. Ahí tienen a fautores de ETA convenientemente travestidos, hasta con corbata, y dispuestos a ir a las elecciones: a ganarlas, solos o con otros, a ganar poder en todo caso. Ya hablan de ministros y programas: programas separatistas, por supuesto. Yo proponía el otro día que fuera suprimido ese Tribunal supuestamente Constitucional. Parece que sigue, reformado o no. Decisión mala. Habría que alejar los viejos recuerdos, las decisiones malas. Esperar es lo único que nos queda. Y el PP es, ahora mismo, la única barrera, todos contra ellos. Y las elecciones serán pronto. O eso dicen. Y el tiempo es escaso. Luego, con esos proetarras dentro, si realmente entran, no es mucho lo que puede esperarse. Pésimo panorama, no puede comprenderse cómo se ha llegado a esto. Cierto, queda aún un margen. 

El PP, por lo demás, está atado por el magno problema económico. Nadie ha explicado en detalle de dónde viene: lo único que sabemos es que la economía europea, y aun la mundial, no ya la española, ha venido sosteniendo artificialmente un estado-paraíso que por su propio peso se está derrumbando. Como antes se derrumbó el otro supuesto paraíso, el soviético. No es cuestión de opiniones, nadie ha convencido a nadie. Es cuestión, simplemente, de hechos. A modificarlos en el buen sentido se dedican muchas ilustres cabezas que saben más que nosotros. Ojalá tengan éxito, es lo único que podemos decir.  Ya no somos ni sombra de lo que éramos. Y con la decadencia económica va la decadencia cultural y la decadencia de valores. Mal momento. Y en esa situación de angustia crece cada día la amenaza separatista, la peor de todas. No se comprende que haya quienes, parece, no la ven. O la consideran ilusoria. Todo es, a la larga, culpa de filósofos idealistas, ansiosos de poder también, que jugaban con fuego sin saberlo. Desde hace años y años. Inútil recordar sus nombres, hoy, inútil criticar sus doctrinas ilusorias. Siguen, parece, creyendo que todo va por buen camino. 

El hombre es un animal capaz de engañarse veces infinitas. La Historia lo demuestra. En fin, todavía se está a tiempo de detener esa deriva que nos amenaza. Sería fácil con un mínimo de racionalidad de todos. El tiempo es corto. Y, con todo, hay que mantener la esperanza. Y deben mantenerla y tomar decisiones aquellos de quienes depende el porvenir de España. Sería bueno que intentaran, de paso, abrir los ojos a quienes viven de cortas ilusiones engañosas, nos meten a todos en pequeñas, no tan pequeñas trampas.

Y hay que ver con claridad las cosas: el Tribunal Constitucional ha sido la gran baza contra «la indisoluble unidad de España», que dice nuestra Constitución. ¿Por qué no se pidió a todos los partidos, antes de admitirlos, que introdujeran el respeto a esa unidad en sus programas? Ha habido un magno error en todo esto. Al menos, todavía podemos explicar públicamente todo esto. No callar. Y mantener la esperanza de que seamos escuchados. De que se escuchará nuestra razón.

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