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domingo, 23 noviembre 2014
00:51
Actualizado a las 

La Razón

El Editorial

Ahora le toca a Europa

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España está cumpliendo su parte. El Gobierno de Mariano Rajoy ha  llevado a cabo las duras medidas de ajuste que le reclamaba la UE, con un coste político y social elevado. Ahora le toca a Europa cumplir la suya. No puede ser que tengamos que financiarnos con unos intereses draconianos de los que se aprovechan algunos de nuestros socios. Ayer, tras el anuncio de que la Comunidad Valenciana había solicitado adherirse al plan de liquidez del Gobierno, la Bolsa se desplomó y la prima de riesgo superó los seiscientos puntos, llevando el  bono español a 10 años a un interés del 7,26 por ciento, peligrosamente cerca de la barrera sicológica del 8 por ciento que obligó a Irlanda y Portugal a solicitar el rescate de la Unión Europea. El revés bursátil, la mayor caída desde el mes de mayo de 2010, coincidió con la publicación de las previsiones macroeconómicas del Gobierno que, en línea con los organismos internacionales, auguran que el decrecimiento del Producto Interior Bruto se prolongará, al menos, durante 2013. Estaban, pues, conjugados todos los factores para una nueva «tormenta perfecta» en los mercados financieros: nuestro abultado déficit, las dudas que generan las cuentas de las autonomías, la caída prevista del PIB y las tribulaciones de un sector de la banca, para quien el Eurogrupo daba ayer luz verde al fondo de ayuda.
       
Y, sin embargo, no todo debe verse desde una posición tremendista. Sin ocultar las graves dificultades por las que atraviesa nuestro país, se debe destacar que el cambio de actitud con el que se está abordando el problema, empezando por el reconocimiento sin paliativos de la situación presupuestaria, acabará por dar sus frutos, por poco que nuestros socios europeos comprendan que el apoyo a España ira necesariamente en beneficio de todos. En este sentido hay que tomar las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, quien exigió ayer a la Unión Europea que adopte de forma inmediata medidas de apoyo a España, o la intervención de nuestro titular de Exteriores, José Manuel García-Margallo, cuando acusa al BCE de ser un «banco clandestino que no está haciendo nada para apagar el incendio de la deuda pública». Un asunto clave que deberá tratarse en la próxima cumbre hispanoitaliana, en la que Mariano Rajoy y Mario Monti coordinarán sus posturas para agilizar las reformas estructurales del Eurogrupo, sin las que será muy difícil la supervivencia de la moneda única. Porque lejos de ver  la petición de ayuda de la Comunidad Valenciana como un factor de desestabilización, Europa debería entenderlo como un paso en la buena dirección que demuestra que la Generalitat está comprometida en la reducción del déficit, las reformas estructurales y el control de las cuentas.

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