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viernes, 25 abril 2014
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La Razón

Gente

La lucha contra el olvido de Carmen Sevilla

  • La actriz concede a LA RAZÓN su primera entrevista en un año, en la que habla sobre cómo se está enfrentando al alzhéimer: «Echo de menos trabajar». «Mi vida es muy tranquila. Veo la televisión y estoy con mi perrito»

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Apenas sale de casa y su vida se limita a ver la televisión, a disfrutar de tanto en tanto de sus nietos y a recibir, muy de tarde en tarde, a los amigos más íntimos. Dicen que el alzheimer hace mella en la popularísima Carmen Sevilla, que su memoria empieza a perderse por culpa de la denominada «enfermedad del olvido».

No es fácil localizar a Carmen. Cuando llamas a su casa, siempre coge el teléfono la persona que la cuida, pero, excepcionalmente, nosotros hemos conseguido romper el silencio de una mujer tan querida como admirada. Fue hace cuatro días, ella misma contestó a nuestra llamada, y en su manera de hablar, en el tono de sus palabras, se notan los estragos de este mal, que parece una herencia familiar, porque también lo sufrió su madre, ya fallecida, y su hermano pequeño, Pepe García Galisteo (apellidos reales de la Sevilla).

La última vez que se pudo fotografiar en la calle a la actriz y presentadora fue hace meses, cuando salía de su casa, pero se limitó a dar las gracias a los periodistas, "por portaros tan bien conmigo siempre". Su  imagen más reciente fue tomada hace pocos días, asomada al balcón de su domicilio, y reflejaba a una Carmen marcada físicamente por el paso de los años y con la cara un tanto hinchada.

Ahora, y aunque, desgraciadamente, no recuerda a quien esto escribe, amigo de Carmen desde hace treinta años, en nuestra conversación telefónica se muestra amable y cariñosa: «Gracias por preocuparte de mí. ¿Quién dices que eres? ¿José de Santiago?  Bueno, perdóname, es que me falla un poquito la memoria. Es una pena, mi vida. Pero, por lo demás, estoy muy bien, muy tranquila, aquí, en casa, con mi perrito».

–Me ha llegado una invitación para una fiesta de esta noche en la que figuras en la lista de invitados…
–No sé nada de esa fiesta. ¿Con quién voy a ir…? No, mi vida, yo no voy a fiestas desde que celebré mi cumpleaños el año pasado. Y ayer pasé mi santo, el día de la Virgen del Carmen, en casa, con mi gente.

–¿Te encuentras bien de salud?
–Muy bien, mi vida. Ahora estoy desayunando, a las doce del mediodía, porque me suelo levantar tarde.

–¿Y qué haces durante el día?
–Veo la televisión. Mi vida es muy tranquila. Estoy aquí, con el perrito.

–¿Vas a pasar tus vacaciones en Marbella, como todos los años?
–Este año creo que me quedaré en Madrid. Pero a lo mejor voy unos «diítas» a Marbella.

–¿Con tu hijo y tus nietos?
–A mis nietos los veo menos de lo que quisiera. Quiero que mi hijo, Augustito, venga más a casa con los niños… Porque quiero mucho a mis nietecitos. Y estoy sufriendo mucho…

–¿Echas de menos el trabajo?
–Sí. Eso es lo peor. Pero me dicen que ya no estoy para trabajar… Me aburro mucho, no me gusta la rutina.

–Es que ya tienes más de ochenta años. Ahora toca descansar.
–Bueno, sí, pero me encanta mi profesión y la echo mucho de menos.

–La última vez que hablé contigo me dijiste lo ilusionada que estabas ante la posibilidad de que se rodará una serie sobre tu vida…
–No recuerdo eso. Pero la idea es muy bonita, porque sería un homenaje hacia mí. 
Acaba la conversación. Carmen me despide con un «gracias, cariño, te mando un beso muy fuerte. A ver si vienes algún día a verme. ¿Quién me has dicho que eres?...».

–Cuídate mucho, Carmen.
–Gracias mi vida. 
Le diagnosticaron la enfermedad a finales de 2009, cuando todavía presentaba «Cine de barrio», programa que supone su última aparición televisiva, y del que se despidió el 14 de diciembre del 2010, siendo sustituida por Concha Velasco.

Desde entonces, y me lo ha dicho ella misma, «me asusta envejecer sin el cariño de la gente, sin el contacto con ese público que tanto me quiere. No me gusta la palabra jubilación, yo espero no jubilarme nunca». Pero el destino está siendo muy cruel con Carmen Sevilla.

Tratamiento supervisado
En cuanto a su enfermedad, sigue un tratamiento supervisado por el doctor Ventura Anciones, prestigioso neurólogo que trabaja en las madrileñas clínicas de La Zarzuela y de Nuestra Señora del Rosario. Fuentes cercanas a una de esas clínicas explican a LA RAZÓN que «Carmen está en una fase avanzada de la enfermedad, su memoria falla bastante y está muy limitada físicamente. Pero ella parece no darse cuenta de su situación…».

El alzhéimer pasa factura a quien convirtió sus despistes televisivos en seña de identidad durante años. Aún me viene a la cabeza aquella noche en que fui a verla al plató del «Telecupón» de Tele 5. Carmen apareció ante el público en zapatillas. Pero nadie le dijo que debía ponerse unos zapatos, porque esos despistes subían la audiencia. Hasta ese tipo de situaciones formaban parte del esperado «show» de Carmencita, como la llamaban cariñosamente sus compañeros de trabajo.

Algunos de sus mejores amigos, el tertuliano Enrique Miguel Rodríguez, María Rosa, el empresario Rubén Domínguez… llevaron a cenar hace pocas semanas a Carmen a uno de sus restaurantes madrileños favoritos, «La paloma», y cuenta el mismo Enrique, que adora a Carmen y es uno de sus íntimos desde hace décadas, que la veteranísima actriz no les reconocía, pero que fue tan cariñosa y entrañable con ellos como siempre lo había sido.

En aquella cena, la Sevilla dejó entrever que le gustaría que montaran en Sevilla, su tierra natal, un museo con  todas sus cosas, con sus trajes, sus efectos personales, sus películas, sus fotografías, que ese era uno de sus grandes sueños. También mostró su deseo de que el día de su muerte la enterraran en Sevilla, donde tiene una tumba en propiedad en el cementerio de la ciudad.


«Se ha bebido la vida a sorbos»
Uno de sus amigos, que prefiere mantenerse en el anonimato, cuenta que «Carmen tiene días mejores y días peores, cuando la visito le cuesta mucho reconocerme, porque sufre grandes lagunas de memoria. Es una pena verla así, ella que se bebía la vida a sorbos, que siempre fue tan optimista y divertida…».
Afortunadamente, Carmen ha afrontado estos últimos años de su vida con una situación económica muy desahogada, dicen que solamente por la venta de su finca extremeña le pagaron más de cinco millones de euros, y mantiene una existencia cómoda a pesar de su enfermedad, algo que otros muchos, en su estado, no podrían permitirse.


De la juventud con Algueró a Vicente Patuel, «el amor de mi vida»
A Enrique Miguel Rodríguez,  Carmen le recordó hace unas semanas que sabía que había tenido dos maridos, y que los dos se han muerto. Lo cierto es que desde que falleció Vicente Patuel, su segundo esposo, no se le ha conocido un nuevo amor. Carmen me dijo hace casi un año, en otra entrevista, que «Vicente es el hombre de mi vida y le seguiré guardando luto hasta mi muerte. No he necesitado nuevos amores. A mí, el "chuchu-chuchu" se me acabó hace muchos años», bromeaba.
La artista contrajo matrimonio con Augusto Algueró en 1961 en Zaragoza. La boda supuso todo un acontecimiento para el país, ya que se encontraba en el culmen de su carrera. La pareja tuvo un hijo, Augusto Algueró Junior, que heredó la faceta compositora de su padre. En 1971 el matrimonio se rompió y 14 años más tarde Carmen volvió a casarse, esta vez, con Vicente Patuel. Fue entonces cuando decidió retirarse de los focos refugiándose en su finca extremeña de Herrera del Duque, destinada a la cría de ovejas. La pareja no tuvo descendencia y la repentina muerte de Vicente en el año 2000 sumió en una profunda tristeza a Carmen Sevilla.

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