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jueves, 27 noviembre 2014
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La Razón

Columnistas

El «Plan Marshall» de Valcárcel por José Clemente

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Los tres primeros lustros de esta centuria serán largamente recordados por varias generaciones de españoles, para bien y para mal, según del lado en que cayera su moneda. Para bien, por quienes levantaron sus negocios y amasaron verdaderas fortunas en ese quinquenio en el que al abrigo de la burbuja inmobiliaria todo era posible. Recuérdese que el máximo esplendor de la construcción en España se alcanzó entre 2004 y 2006 bajo el mandato de Zapatero, en una disparatada y esquizofrénica carrera compartida con las comunidades autónomas que no paraban de certificar nuevas obras, los Bancos en financiarlas y, la mayoría de la población con nómina mensual, comprando todo cuanto se cruzase en su camino a un triple de su precio real. La caída no podía ser menos dura teniendo en cuenta que se entró en ella desde la posición del «nuevo rico», lo que amplió la transversalidad de sectores y condiciones personales de los afectados al tiempo que multiplicaba el número de compradores, una piramidal locura de la que no saldremos hasta bien superado el tercer lustro (2015-2020).

Y para los que le fue mal sería inoportuno decir desde aquí que ya se advirtió con tiempo que todos los cuentos tienen un final, que ya se venía diciendo con datos en la mano o que hay que hacer las cosas contando con todas las aristas posibles. Hubo quien, incluso, contempló muchos más lados que los tres del triángulo y acabó igualmente equivocado. ¿Cuántos empresarios conocemos que se forraron a millones y deben más de lo obtuvieron en apenas unos años? ¿Cuántos otros han dado con sus huesos en la cárcel? ¿Cuántos conocemos que por la simple intermediación se han llevado lo suyo y lo de todos los suyos para esta vida y unas cuantas vidas más? Otro caso bien distinto -porque en la transversalidad las víctimas son de todos los colores-, lo representan aquellos que pensaban que los sueños se cumplen con sólo pensar en ellos, víctimas con mayúsculas por creer que los trabajos duran eternamente y las hipotecas se pagan solas.

Pero ya no hay vuelta atrás. Y menos, cuando el empleo se acaba y las hipotecas permanecen, o peor aún, cuando se pierde la vivienda donde están todos los ahorros y sinsabores de una vida de trabajo y el siguiente paso conduce directamente al abismo. Y así hay millones de españoles, muchos miles de ellos murcianos de la Región de Murcia. Uno se puede equivocar, pero al error pasado sólo le cabe el no volver a repetirlo, o como dice nuestro refranero: A lo hecho, pecho. Soy plenamente consciente de lo fácil que resulta escribir cuando no se está en esa situación límite, pero aunque no sea fácil tampoco cabe abandonar la nave en plena tormenta, bien al contrario, es cuando debemos sacar toda la rabia para cambiar el destino, que viene  a ser lo mismo que pensar que todos los sueños se cumplen. Y en esa tesitura se encuentra nuestro presidente, Ramón Luis Valcárcel, que ha lanzado en Bruselas un mensaje que no ha calado lo suficiente al confirmar su apuesta por convertir la estrategia «Europa 2020» en el nuevo «Plan Marshall» para las regiones europeas.

Se puede contar por miles el número de personas que a diario se pregunta cómo pueden salir ellos y los suyos del agujero en el que se encuentran. La respuesta no es nada sencilla y no valen tampoco los «hay que aguantar como sea», o, «un año más y estaremos salvados», porque quien nos da esos consejos tal vez piense para sus adentros eso otro de «virgencita, virgencita que me quede como estoy». Lo único que de verdad sirve es aquello que nos transmite ilusión, porque no conozco a nadie ante una situación límite que piense quedarse cruzado de brazos, esperando a que escampe. Hay que ver donde están las posibilidades y, una vez que las veamos claramente, trabajar hasta la extenuación para lograrlas. Por eso el mensaje de Valcárcel en Bruselas, con motivo de su elección como nuevo presidente del Comité de las Regiones (CDR), no podía ser tan oportuno, como esperado. 

Ahora mismo dependemos de la UE, a quien hemos trasferido soberanía fiscal, monetaria, en defensa y seguridad, fronteras, tratados de Pesca y Agrícolas, exportación…, y, para no extenderme, en soberanía compartida de himno y bandera. Nuestro presente y nuestro futuro es Europa y, si me apuran, una UE que debe ir cada vez más hacia políticas comunes y homogéneas, donde materias como la laboral, la fiscal o la financiera hagan brillar la policromía cultural de cada pueblo o región que la integran. Más Europa y más europeos los que en ella vivimos y moriremos, porque cuanto más fuertes seamos antes saldremos de este pozo negro en el que estamos. El «Plan Marshall» sirvió en 1947 para que Estados Unidos y los llamados «aliados» reconstruyeran la vieja Europa de la II Gran Guerra. «Europa 2020» debe ayudar a la UE a salir lo menos perjudicada posible de esta crisis y el primer paso es pensar en el papel real que nos tocará jugar en los próximos años. Y ahí está el nicho de posibilidades, especialmente para las regiones y los entes locales. No serán los gremios artesanales –dicho con todo cariño y respeto-, los que nos saquen de esta, sino en la pujanza y la puesta al día en nuevas tecnologías, investigación y desarrollo que diseña la UE, un tren al que debemos subirnos cuanto antes. Y Valcárcel, nuestro presidente, lo sabe.

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