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viernes, 28 noviembre 2014
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La Razón

Gente

Elsa Pataky: «Lo que tiene que luchar una rubia para que se vea que no es tonta»

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La actriz, que ha sido madre recientemente, acaba de cumplir 36 años
La actriz, que ha sido madre recientemente, acaba de cumplir 36 años

Elsa llega al estudio fotográfico como una auténtica estrella de Hollywood, con unas enormes gafas de sol y rodeada de paparazzi. Todos quieren verla a ella, a su marido y a su hijita. Pero Elsa deja protegida a la familia en el coche y avanza con paso firme entre los flashes.

–Supongo que si desde pequeña se imaginaba que sería una actriz internacional, lo de los paparazzi no le sorprende ¿no?
 –Pues la verdad es que no se corresponde con el deseo, la imaginación o el sueño que yo tenía. Para nada.  Jamás pensaba en los paparazzi ni en todo eso. Mi sueño era verme en una pantalla grande, pero no sabía que eso acarreaba el tema de la Prensa.
 
–Pues cuando una estrella internacional, además, contrae matrimonio con otra y son los dos tan guapos que parecen fabricados por ordenador es lo que hay…
 –Me pones roja y directamente no se qué contestar.
 
–Hablemos entonces de solidaridad. ¿Siempre ha sido una persona solidaria?
 –Siempre intentas ayudar, pero parece que cuando eres conocido tienes más poder para acercarte, o para conseguir que una marca o una organización ayuden a hacer algo bueno. Yo creo que es importante que, ya que tenemos una imagen pública y el poder de influir sobre alguna gente, y ya que nos siguen las revistas y todo eso, al menos lo utilicemos en una causa benéfica y ayudemos a las personas más necesitadas.
 
–Ha puesto su imagen al servicio de unas planchas de pelo GHD para ayudar a la investigación del cáncer a través de la Fundación Sandra Ibarra y a la Fundación.. ¡Pero habrá que advertir que las planchas no aseguran que el pelo quede como el suyo!
 –¿Por qué no? ¡Esa es la idea. Tenemos que convencerles de que compren esta plancha porque así pueden conseguir un estilo parecido al mío al de Sandra Ibarra o al de muchas modelos que trabajan con ella. Y lo mejor es que tenemos que convencerles no sólo de que tendrán un pelo perfecto con unas ondas bonitas, sino que estarán ayudando a una causa benéfica.

 –¿Cree que la salud y la belleza van unidas?
 –Absolutamente. Si no hay salud no hay belleza. Salud en todos los sentidos. El saber cuidarse, saber sacarse partido, saber sentirse bien con uno mismo es parte de la propia salud.
 
–¿Es más fácil sentirse guapa al saberse querida?
 –Desde luego. Yo creo que el amor lo es todo en la vida. Cualquier amor.  Ahora para mí el materno es casi el más importante, el amor de familia y por supuesto el de tu pareja… Eso es lo que te hace seguir adelante en la vida. Sin amor no somos nadie. Y sin salud tampoco.

 –Dicen que las mujeres cuando somos madres reordenamos nuestro orden de prioridades ¿le ha sucedido?
 –Totalmente. Es increíble porque no te imaginas el cambio que se produce sin darte cuenta. Lo que era importante deja de serlo y otras cosas que no pensabas que iban a ser importantes de repente lo son. En un momento dado incluso pierdes esa ambición de cuando eres joven ¿no? Ese intentar conseguir el trabajo que quieres o estudiar lo que quieres para conseguir llegar a algo se queda en un segundo plano, porque hay una personita pequeña que viene de ti, de la que eres responsable, que lo requiere todo y para la que tú quieres todo lo mejor. Entonces pasas a un segundo plano tú, la ropa, el gimnasio…Todo parece una tontería al lado de nuestros hijos que son casi lo único que nos importa.

–Sin embargo usted no ha parado…
 –Bueno, sí he parado durante un tiempo y luego ya he recuperado un poco del ritmo. He rodado una película que se llama «Tinto de verano», que está en postproducción y luego hice otra película en Londres justo cuando estaba embarazada, antes de que nadie lo supiera, mientras el cuerpo me permitía seguir trabajando. En realidad es que mi trabajo es mi pasión también. No es tanto la ambición de ganar dinero o conseguir ser alguien,  sino el gusto por estar en un plató y trabajar en lo que realmente me gusta.
 
–Bueno es que usted el tema del dinero lo debe tener ya bastante resuelto ¿no?
 –Pero lo tenemos resuelto porque hemos trabajado mucho. No me ha llegado de un día para otro. Ha sido un esfuerzo desde el principio y he pasado como todo el mundo por muchos momentos distintos. Cuando llegas arriba la gente te ve y dice: «qué fácil», pero no saben el recorrido que has hecho.
 
–Es verdad que su currículum es bastante extenso desde sus primeras apariciones en la serie televisiva «Al salir de clase»… ¿Ha contado las películas que ha hecho?
 –Las dejé de contar hace un tiempo. Pero sí que la gente, incluso algunos productores con los que trabajo, cuando ven mi curriculum se quedan sorprendidos. Sobre todo en EE UU donde no han visto todo lo que he hecho en Europa y no saben que llevo una carrera mucho más larga de lo que les pueda parecer.
 
–¿Y cómo ha conquistado ese mercado cuando usted tiene una belleza más nórdica que latina?
–Pues yo creo que ha sido más difícil porque cuando vas fuera y dices que eres española siempre intentan caracterizarte de latina. Y, claro, mi físico no acompañaba. En realidad mi madre es rumana y es de ahí de donde me vienen los rasgos más eslávos… Pero, de todas maneras hay muchas rubias con ojos claros en España e incluso en México y hasta en Sudamérica y yo siempre lo digo; pero el cliché es el de la castaña de tez oscura y ojos oscuros, así que me dije: «Bueno, pues trabajaré mi acento para no parecer tan latina y sí más internacional».
 
–En cualquier lugar del mundo muchas mujeres querrían ser como Elsa Pataky y algunas piensan «quizás con ayuda de la cirugía…».
 –Yo creo que, evidentemente, cada mujer tiene que hacer lo que sea para sentirse bien consigo misma, pero lo importante es crecer más en la personalidad, en cómo eres como persona ¿no? Porque de lo que te das cuenta con el tiempo es de que, aunque el físico ayuda en muchos aspectos, no lo voy a negar, está en un segundo plano. Hay mujeres muy guapas que no tienen nada dentro. Y eso es terrible.

–¿Pero usted se hubiera enamorado de su marido si no hubiera sido Thor en la ficción?
–¡Mi marido aún no era Thor cuando yo le conocí…! Pero era guapo, evidentemente. Aunque yo tampoco me he llevado por el físico de los hombres en general…
 
–Pues de todos los que le hemos conocido se ha quedado con el más guapo…
 –Porque coincide con que es el que tiene la personalidad que congenia mejor con la mía. Y sí, es guapo, pero si te digo la verdad, cuando le conocí me dije: «Bueno, es demasiado guapo, seguro que…». Es lo que se hace con mucha gente que tiene mucho atractivo.
 
–Las rubias, tontas…
 –Exacto. ¡Lo que tenemos que luchar las rubias para que se vea que no somos tontas… ! Hay que conocer a las personas por dentro.
 
–Usted rubia sí, pero nada tonta. Ha conseguido el trabajo que quería, el marido más guapo y más encantador, una niña preciosa y hasta producir sus proyectos. ¡Para usted no existe la crisis!
 –¡Claro que me afecta! Ahora hay menos trabajo, sobre todo en España y en el resto de Europa, donde me encanta trabajar. Pero yo defiendo que, a pesar de la crisis y de lo mal que lo estamos pasando, los españoles tenemos ese espíritu de supervivencia, de intentar luchar cuanto podemos y de tener ánimo para salir.  Es el espíritu de Nadal, el espíritu de «La Roja», que se siente en todo el mundo. España estará en crisis, pero sigue estando de moda.


Personal e intransferible
Elsa Pataky es chiquitina pero monísima. No sólo tiene unos rasgos perfectos, que, si ha conseguido a fuerza de bisturí, como dicen algunos, resultan milagrosos, sino que además sonríe con una dulzura extraordinaria que le hace parecer aún más guapa. Cuando repasa sus películas, alguna quizás, no la habría hecho «en realidad muchas, muchísimas», pero piensa que todas le han servido para aprender y está bastante satisfecha. No es raro. Ahora, que además está felizmente casada con ese hombretón que es Chris Hemsworth, puede elegir.  Y lo hace. Cuando vuelve a ver una peli elige «Qué bello es vivir», cuando escucha música prefiere a Ray Lamontagne, en cuanto viene a España se pone morada de jamón y en su casa siempre hay un buen Rioja. Su única manía confesable es la de llevar calcetines de distintos colores: «Empecé a hacerlo porque perdía las parejas y ahora ya no puedo ponerme calcetines iguales» y su único sueño (y por lo que se ve su realidad), ser feliz.


De cerca
«Tengo muchos defectos: soy olvidadiza, irresponsable, desorganizada, cabezota… Muchos. Pero tengo una virtud: soy muy positiva siempre frente a todo lo malo»

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