Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
domingo, 26 octubre 2014
03:01
Actualizado a las 

La Razón

Un país que trabaja

La crisis no se va de vacaciones

  • 1
11% más de españoles que el verano pasado se quedará en casa
11% más de españoles que el verano pasado se quedará en casa

No tengo ninguna duda de que serán las peores vacaciones en muchos años para la inmensa mayoría de los españoles. Los expertos coinciden en que estamos en el peor momento de la crisis más grave que afecta a nuestro país desde los terribles años de la posguerra. Las que se vivieron en las últimas décadas no tuvieron un impacto tan brutal. A esto hay que añadir que ha cundido, desgraciadamente, un estado de desánimo que afecta gravemente al consumo y lastra la recuperación. Hemos pasado de unos años en los que parecía que la bonanza era el estado natural de nuestra economía a creer que es la recesión. Es cierto que las crisis son consustanciales al modelo capitalista, también en el resto de sistemas, y por tanto cíclicas, aunque nadie esperaba su larga duración. La singularidad es que ahora no contamos con mecanismos nacionales que permitan corregir la situación y necesitamos del concurso de nuestros socios europeos. Es evidente que hemos gastado por encima de nuestras posibilidades gracias al mecanismo de un dinero barato que parecía interminable hasta que se colapsó el mercado de la deuda soberana impidiendo que España pudiera acceder a recursos exteriores. No hay suficiente ahorro nacional, a diferencia de lo que sucede en otras economías, porque se había desviado a la burbuja inmobiliaria. Nuestro ahorro era comprar ladrillo o terrenos. La imposibilidad de colocar la deuda pública a los inversores extranjeros, a pesar de la alta rentabilidad, muestra claramente que el problema es la desconfianza que se ha instalado en el futuro de nuestra economía. Es irrelevante que no tenga fundamento  porque se están haciendo las reformas. No parece que importe que seamos un país competitivo y capaz de superar con sacrificios y esfuerzos esta situación coyuntural. La conjunción de la crisis del euro y los problemas de nuestra economía nos han conducido a esta compleja situación.

Tras las malas noticias que tanto nos han angustiado en los últimos días, ha cambiado la tendencia porque los países de la eurozona, liderados por Alemania y Francia, no están dispuestos a que caiga el euro. Seguimos instalados en la montaña rusa, aunque parece que hay luz al final del túnel. Esto significa que nuestros socios confían en Rajoy, porque ha aplicado desde el primer momento una sólida agenda reformista. Sin reformas y sacrificios no hay salida. El Gobierno, en su sentido más amplio, se ha quedado prácticamente sin vacaciones. Es algo lógico en estas circunstancias porque nadie entendería un paréntesis en agosto como si nada hubiera sucedido. Hay mucho por hacer y la crisis no da cuartel. Un único aspecto positivo es que ayudará a cambiar los hábitos de una sociedad que se había instalado en la frivolidad. Hay mucha gente que vivía por encima de sus posibilidades o que se deslumbraba por el consumismo más desaforado. Era un estado de ánimo que se había instalado en lo más profundo de la sociedad española y que no sólo afectaba a nuestros hábitos cotidianos, sino también a los planteamientos de crecimiento de las empresas. La existencia de ese dinero barato, que parecía ilimitado, provocó que se adoptaran compras o inversiones desmesuradas en muchos sectores. Hay situaciones de endeudamiento que causan estupor porque se compró caro dentro de operaciones especulativas donde se buscaban crecimientos o enriquecimientos rápidos. Nada más alejado del auténtico espíritu empresarial.

En muchos hogares serán unos días aun más tristes de lo habitual, porque el paro los ha destrozado. Es una «epidemia» brutal e injusta, porque hunde en la desesperación a personas que sólo quieren trabajar. La mejor política social es la creación de empleo. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de la gente no quiere cobrar el desempleo, sino conseguir unos recursos con su esfuerzo que le permitan vivir con dignidad. Ahora todos somos más pobres. Es cierto que los que tenemos un trabajo, aunque nuestros ingresos se hayan visto recortados de forma notable, tenemos una gran suerte frente a muchos que malviven de las prestaciones por desempleo o directamente de la beneficencia. Es bueno que las vacaciones sean más cortas  y que los políticos, encabezados por Rajoy, se vuelquen en sacarnos de la crisis. Todos queremos olvidar que un día tuvimos una prima de riesgo que se instaló en nuestros hogares. Me gustaría que dejemos de hablar de la crisis y que llegue un verano en que podamos otra vez hacer vacaciones aunque sean en general mucho más austeras.
 

Vídeos

  • 1