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sábado, 25 octubre 2014
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La Razón

Madrid

Protección para la Mesopotamia madrileña

  • El yacimiento  de Titulcia pasa a ser Bien de Interés Cultural en categoría de zona arqueológica. El área donde apareció la «medusa» será acondicionada para permitir su apertura al público

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 Algunos objetos han sido descubiertos hace apenas unos días
Algunos objetos han sido descubiertos hace apenas unos días Javier Fdez-Largo

MADRID- Tras 25 siglos inmersa bajo tierra, y como muestra irrefutable del desarrollo cosechado por la tribu prerromana de los carpetanos, en octubre de 2010 fue presentada la «medusa de Titulcia», una pátera realizada en plata y oro que fijó la localidad madrileña en los ojos de la investigación. «El descubrimiento de esta pieza es fundamental. Ha fomentado la importancia que se le ha dado al yacimiento, lo que ha conducido a la aparición de muchos elementos relevantes de la época carpetana», explica José Polo, codirector de la excavación. El pasado jueves, y tras los continuos hallazgos, el Consejo de Gobierno decidió otorgar al yacimiento carpetano, de 343 hectáreas de extensión, la categoría de Bien de Interés Cultural como zona arqueológica para protegerlo.

Entre dos ríos
Menos de 40 kilómetros separan Titulcia del centro de la ciudad. La «Mesopotamia madrileña», enclavada en los aledaños de la confluencia de los ríos Jarama y Tajuña, constituye una importante fuente de investigación, a través de la cual, se están dando pasos firmes en la búsqueda del conocimiento sobre la cultura carpetana en el centro peninsular. Según Carmen Valenciano, codirectora de la excavación, «Titulcia está mencionada en las fuentes, lo que da al yacimiento una importancia mayor. Todo nos lleva a pensar que éste es un enclave bastante importante».

Las excavaciones están demostrando el grado de desarrollo de una civilización que, aparentemente, abandonó este lugar fortuitamente y sin premeditar. Los yacimientos carpetanos no han sido suficientemente explorados, por lo que, a pesar de ser un pueblo completo, es bastante desconocido.

La investigación indica que se trata de un lugar por el que pasó Aníbal en su camino hacia la Península itálica para enfrentarse a Roma, y los arqueólogos no descartan una repentina destrucción violenta del poblado –aunque habría que corroborarlo–, construido principalmente por barro y adobe. Un excedente agropecuario (hay toneladas de grano carbonizado), el presumible control estratégico de la zona, así como un complejo sistema defensivo (mediante muros y profundos fosos de hasta cuatro metros) son las evidencias de una estructura planificada que se ha mantenido hasta nuestros días y  otorgó a esta tribu la capacidad de desarrollar una actividad comercial. Además, ostentosos elementos hallados recientemente –fíbulas, espuelas y algunos relacionados con el juego y el ocio– indican la aspiración de esta tribu a alcanzar un cierto grado de prestigio social.

Hasta la fecha, más de 200.000 euros de inversión –por parte de la Comunidad– han facilitado la realización de sucesivas campañas de actuación arqueológica. «La Comunidad de Madrid ha sido ejemplar. Aquí no hemos sufrido recortes. Era evidente que había que proteger un yacimiento, con tantos restos materiales de importancia. Esta protección posibilita que el yacimiento esté completamente a salvo», sostiene Polo.

La principal amenaza para las piezas arqueológicas (la presencia de furtivos) pretende solventarse con la colaboración ciudadana. «La gente está muy concienciada de la necesaria protección. Los objetos deben estar donde corresponden. Proteger nuestras raíces es lo más importante. El hallazgo de la pátera  (la «medusa», un bello plato ceremonial que en la actualidad está expuesto en el Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares)fue lo más espectacular y lo que hizo que la Comunidad se volcara con el yacimiento. No existía Madrid y sí Titulcia –ciudad más importante en tiempos remotos–, por lo que ha llegado el momento de ponerla en su sitio», finaliza Fuencisla Molinero, alcaldesa del municipio madrileño, quien aspira a crear un centro de interpretación para exponer objetos de toda la comarca de Las Vegas.


La joya que destapó el tesoro
La «medusa de Titulcia», pátera realizada en oro y plata –con aproximadamente 18 centímetros de diámetro– perteneció a los carpetanos. Su descubrimiento fue crucial, ya que animó a la realización de sucesivas excavaciones en el yacimiento de Titulcia –El Cerrón–, que no cesa en su misión de desnudar los secretos de esta tribu prerromana. Para José Polo se trata de un elemento de contacto cultural. «Al ser la primera pieza hallada en contexto arqueológico, la excavación se ha realizado de forma científica, por lo que lo sabemos todo –su cronología, los materiales que la acompañan, así como el edificio en el que estaba depositada–. Actualmente, y tras un tratamiento específico acorde a sus propiedades, se encuentra en la exposición de carpetanos del Museo Arqueológico Regional, en Alcalá de Henares. Una serie de analíticas, realizadas tanto en el CSIC como en el propio museo, han permitido restaurar y conocer con exactitud los materiales que la componían. La pieza ha sido sometida a pruebas de carbono, donde se ha ratificado que la pátera data del siglo IV, principios del III a.C –momento en el que fechan la destrucción del poblado–.


Nuevos e insólitos hallazgos
Entre 20 y 30 personas trabajan en el yacimiento. Un equipo multidisciplinar que está desvelando los secretos más íntimos de esta prehistórica tribu. Casi una década de estudios colectivos en los que han participado arqueólogos, restauradores, geólogos, biólogos... está dando su fruto. Los últimos hallazgos demuestran el prestigio pretendido por este pueblo y el importante nivel de desarrollo de sus sistemas de defensa. El estado de conservación de las piezas facilita la labor de investigación. Después de la célebre «medusa» se han encontrado canicas –elaboradas con barro cocido– para jugar, pinzas caladas del mundo céltico para la depilación, navajas de hierro adornadas, restos óseos de un perro guardián –con una cadena eslabonada de hierro anudada a su cuello–, fíbulas y broches –que adornaban las vestimentas–, así como espuelas de caballería. La súbita huida de los carpetanos ha permitido una insólita recuperación de sus utensilios y bienes cotidianos.

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