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jueves, 18 septiembre 2014
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La Razón

Columnistas

UME por Alfonso Ussía

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El gran acierto de Zapatero ha sido la creación de la UME, la Unidad Militar de Emergencias. Se trató de un empeño personal y le encomendó a un gran general, Fulgencio Coll, el mando de la Unidad y rapidez y eficacia en su proceso de formación. La UME es una unidad militar al cien por cien, y las Fuerzas Armadas ya tienen un nuevo héroe, el cabo Alberto Guisado, fallecido durante la extinción del incendio de Sierra de Gata.

Deploré, porque no era el acto ni el momento adecuado para hacerlo, los abucheos a Zapatero el día del desfile militar que se celebra cada 12 de octubre. Se me antojó bochornoso el primer abucheo e igualmente lamentable el último. Ese día los protagonistas son el Rey y las Fuerzas Armadas. Creo que fue en el tercer año de Gobierno de Zapatero cuando desfiló por primera vez en el Paseo de la Castellana la UME, con sus boinas amarillas. Experimenté el estupor que produce siempre una pitada arbitraria, injusta y contraproducente. Una parte del público pitó al paso de los militares de la UME, sólo por el hecho de que la nueva Unidad había sido pensada y creada por el entonces Presidente del Gobierno. Silbaron a un numeroso grupo de soldados cuyo deber no es otro que actuar allí donde los recursos civiles son incapaces para enfrentarse a los accidentes, catástrofes y calamidades que el hombre o la naturaleza provocan. Tuve el honor, posteriormente, de conocer las instalaciones de la UME en Torrejón de Ardoz y quedé impresionado. De sus hombres y de su material. Es una Unidad que no descansa, pendiente siempre del aviso para ofrecer su urgente ayuda. Y sus hombres la ofrecen sin pensar en el riesgo que ello supone, sabedores de que el peligro para sus vidas significa la tranquilidad para los demás.

Hoy, quizá, aquellos que silbaron a los soldados de la UME por esa inflexibilidad intelectual e ideológica que les impidió no saber establecer la diferencia entre lo institucional y lo partidista, se hayan arrepentido de su grosería incívica. De momento, ahí tienen el cadáver de un valiente para recapacitar. Sucede lo mismo con los recalcitrantes dinosaurios de las izquierdas, que abominan de la Legión porque su fundador fue el general Millan-Astray. A punto de llegar al centenario del Tercio, los legionarios cumplen su deber y su servicio a España allí donde les ordenan con su espíritu siempre alto, manteniendo el principio fundacional de que vale más la sangre derramada por la Patria que los bienes materiales. El paso de los legionarios en los desfiles es saludado justa y clamorosamente por los ciudadanos que acuden a presenciarlo, y yo espero que en el próximo 12 de octubre, el mismo trato de admiración y respeto reciban los componentes de la Unidad Militar de Emergencias, de cuyo trabajo y competencia, tantos hechos ignoramos.

En muchas ocasiones, el riesgo que asumen sin pestañear los miembros de la UME es por culpa de imprudencias humanas. Está probado que más del ochenta por ciento de los incendios que calcinan España cada verano –en este, por ahora, casi 150.000 hectáreas de bosques–, son provocados por la perversidad o por la ligereza del hombre. Es posible que alguno de los que silban al paso de la UME gusten del senderismo y del placer que procura una buena paella en el monte. Ahí tienen el cadáver de un valiente para hacerlos recapacitar.

Y para que se sientan agradecidos y orgullosos de los que mueren por ellos sin pedirles nada a cambio. Quizá, comprensión, afecto y un aplauso. Sólo eso.

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