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domingo, 21 septiembre 2014
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La Razón

La marca España

La marca España: Amancio Ortega se crece contra la crisis

  • Ya es el tercer hombre más rico del mundo, según el índice Bloomberg.
    El beneficio de Zara ha aumentado un 30% 

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Amancio Ortega junto a su hija Marta
Amancio Ortega junto a su hija Marta

Madrid- En 2008, por una vez, Amancio Ortega se «confesó» en un libro con Covadonga O'Shea. En él, ella le pregunta qué es lo que le ha mantenido en la «brecha» durante tanto tiempo: «Aprender y crecer», responde el dueño y creador de Zara, «yo sigo observando lo que ocurre en el mundo y escucho. Hasta hace pocos años los países ricos eran los árabes y Japón; ahora están los rusos y China». Ayer, cuatro años después, el índice diario de Bloomberg, la agencia estadounidense especializada en información económica, aseguraba que Amancio Ortega es el tercer hombre más rico del mundo, especialmente por su exitosa trayectoria en China y otros mercados emergentes.

En el podio de los más ricos del mundo se sitúa un clásico en estas listas: el mexicano Carlos Slim; la plata es para otro habitual: el estadounidense Bill Gates y la tercera posición, la medalla de bronce, se la quitó el dueño de Zara a Warren Buffet por 850 millones.  «El emporio de Amancio Ortega es más concentrado que el de Warren Buffet, cuyos negocios han ido bien recientemente, pero no todos», decía Bloomberg. O sea, que en las listas de los más ricos, 850 millones de euros es como ganar en la foto finish.

De Busgondo de Arbas a China hay un largo camino, 76 años y unos 38.000 millones de euros, que es en lo que se valora la fortuna de español con más dinero que existe. En este pueblo de León están un poco hartos de que se les pregunte por la infancia de Amancio. Ya han pasado 76 años y no es fácil acordarse de un niño del que nada apuntaba que iba a convertirse en millonario. Su padre, que era ferroviario, fue destinado de Valladolid a León y allí se marchó con su mujer y sus tres hijos. Poco después se marcharían a La Coruña. Sin lujos, trabajando para vivir, como cualquier familia de España y necesitando, en ocasiones, que los establecimientos les fiaran para poder seguir tirando. Quizá por eso Zara sea una tienda de ropa de la gente que no presume, que no puede presumir, de dinero. O por lo menos, ése es el estilo que siempre le ha querido dar su creador. Fue en la camisería Gala, cuando aún era un adolescente, donde Amancio Ortega empezó a trabajar para ayudar económicamente a su familia. Dejó los estudios y se convirtió en el chico para todo de una tienda que aún existe en La Coruña y en la que aprendió cómo es la vida comercial, qué es lo que buscan y cómo hay que tratar a los clientes.
Pero fue en la mercería La Maja, donde ya trabaja su hermano mayor, en la que se fraguó lo que después sería Zara. Allí Amancio hizo de recadero, dependiente y fue, sobre todo, un aprendiz con ambición de hacer algo por su cuenta. «Desde que no era nadie ni tenía apenas nada, soñaba con crecer. El crecimiento es un mecanismo de supervivencia; si no hay crecimiento, una compañía se muere». Crea GOA (Amancio Ortega Gaona, pero al revés) junto a su hermano, su cuñada, que era la modista, y su primera mujer. Era 1963. Era la primera piedra. Ya sabía que había que participar en todos los eslabones de la producción para no perder por el camino el valor de lo que se hace. El año definitivo, sin embargo, es 1975, cuando nace Zara, que iba a llamarse Zorba, pero el nombre ya estaba en el registro. Cuatro años después, agrupa sus empresas en Inditex. Nunca ha dejado de crecer ni de buscar oportunidades ni de arriesgarse ni de vigilar de cerca su negocio. Antes de que se expandiera mundialmente se decía que conocía por el nombre a sus empleados y que comía con ellos en uno de los restaurantes de la compañía. Pero el negocio se hizo demasiado grande y él demasiado rico para no ser famoso.

Pese a que retrasó todo lo que pudo su aparición en la prensa, ya no puede evitar que se le reconozca por la calle y que no pueda ir a Riazor a ver los partidos del Dépor, según dice la leyenda que hacía. En febrero pasado se demostró que el dueño de Zara ya era un hombre muy  popular. Se casó su hija Marta y los periódicos no tenían muy claro si dar la información en la sección del corazón o bien en la económica, pues se rumoreaba que su hija, que ha pasado por tiendas Zara de todo el mundo, podía ser su heredera.  

Esa filosofía de trabajo la ha aplicado con Zara, que pretende abrir unos 500 establecimientos más hasta llegar los 6.000. Y mientras el resto del país está en crisis económica, las ventas de Inditex en los primeros cuatro meses de este año crecieron un 15% más, hasta los 3.416 millones, mientras que el benefició aumentó un 30%, hasta los 430 millones. «La crisis», le explicaba en 2008 a Covadonga O'Shea, «no puede asustarte, no puede dominarte. Porque el miedo te paraliza». En Twitter, ayer, entre los miles de comentarios, uno decía que podíamos hacer de Zara un país. Un país sin crisis.
 

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