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martes, 21 octubre 2014
14:51
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La Razón

Asuntos Sociales

Prohibido comer del contenedor

  • El Ayuntamiento de Gerona abre un debate al restringir el acceso de los más necesitados a la basura que se deposita en las puertas de los supermercados

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Prohibido comer del contenedor
Prohibido comer del contenedor

Madrid- Son las 22:00 horas. Un supermercado de una conocida cadena acaba de cerrar las puertas en el barrio madrileño de Villaverde. Hay enormes colas de personas. ¿El motivo? Están sacando los excedentes y los alimentos caducados a la calle. Y no son indigentes.  Su vestimenta los delata. «Viven en sus casas. Pero les da vergüenza acudir a recibir ayuda y se esconden en esas colas», dice sor Concepción, responsable del Centro de Acción Social San Rafael, que presta ayuda alimentaria a unas 2.500 personas al año. Para muchos, y por desgracia cada vez más, la hora del cierre de un supermercado es el equivalente a la hora de comer. Ahora bien, ¿qué pasaría si esos contenedores de los que dependen los necesitados se cerraran a cal y canto?

La idea sobrevuela durante estos días Gerona. El Ayuntamiento prepara un programa piloto por el cual cerrará con candado los contenedores próximos a los supermercados y, en su lugar, ofrecerá cestas de comida a aquellos que rebusquen en la basura. De momento, la prueba ya se está realizando en las inmediaciones de los supermercados Condis, Bonpreu y Novavenda, que donarán alimentos a punto de caducar para crear un Centro de Distribución de Alimentos (CDA). Cuando la persona necesitada acuda allí, un operario les entregará un vale para que, de manera urgente, pueda canjearlo por comida. Después, se pondrá en contacto a estas personas con los asistentes sociales para que puedan realizar un seguimiento de cada caso. 

Alimentación «digna»
En declaraciones a Ep, el regidor de Servicios Sociales del Ayuntamiento, Eduardo Berloso, explicó que la iniciativa servirá «para poner en práctica el derecho a una alimentación digna». Con todo, se trata también de una medida de salud pública, con el objetivo de que «la gente no pueda acceder a   estos alimentos que están mezclados con desperdicios».

Ningún otro ayuntamiento desarrolla una medida similar. No en vano, se trata de una labor que en cada capital de provincia llevan a cabo los bancos de alimentos. Estas ONG, organizadas por la Federación Española de Bancos de Alimentos, mantienen una estrecha relación con los consistorios. Y también con los supermercados y grandes superficies. «Tenemos protocolos con casi todas las grandes superficies. Pero, especialmente, con Carrefour. En las ‘‘operaciones kilos'' nos ha aportado entre 10.000 y 20.000 kilos de alimentos», explica Mateo Sánchez, responsable del banco de alimentos de Cádiz. La ONG recibe en su mayoría excedentes y productos a un mes vista –«y esto se lleva a rajatabla», apunta– de caducar. Entre estas donaciones y las de otros particulares, y sólo en un año, el banco ha recogido en Cádiz –«una provincia especialmente sensible a la pobreza», dice Sánchez–  más de tres millones de kilos de alimentos. Y en España en su conjunto, estas ONG han repartido alrededor de 100 millones de kilos.

Sánchez da fe de lo que ocurre en los contenedores por la noche. «Sobre todo vemos a gente de entre 40 y 50 años, que son los que más sufren el paro», dice.

¿Y qué dicen las ONG del caso de Gerona? «Si les dan a todos una cesta me parece genial», dice Sor Concepción. Con todo, la idea le causa «extrañeza», pues «deberían dejarles coger aquellos alimentos que todavía se pueden consumir».

Ayuda del supermercado
Ni qué decir tiene que la medida ha sorprendido. Sobre todo porque este tipo de ayudas sociales están más que asentadas. Fuentes del Ayuntamiento de Madrid explican que la capital cuenta con una red de atención social para atender a personas en riesgo de exclusión, en la que se integran Cáritas o el banco de alimentos. Mientras, en la ciudad de Valencia, cadenas de supermercados como Consum mantienen una estrecha relación con los bancos de alimentos.
Desde la concejalía de Bienestar Social, Ana Albert explica a este diario que el Consistorio valenciano mantiene convenios con la Casa de la Caridad y el Banco Solidario, que tienen como finalidad «entregar alimentos a las familias». «Especialmente a las que tienen niños, pues hemos visto que se ha dado un aumento tremendo de estos hogares debido al paro y a la carga de la hipoteca», asegura la concejala. 

 

 EN PRIMERA PERSONA
«No tiramos nada, donamos todo»

Dentro de la misma cadena comercial, existe una doble política de desechos. Desde un centro situado en pleno centro de Madrid explican que «los contenedores son el destino final» de los alimentos cuyo envase ha sufrido algún desperfecto, mientras que los «productos caducados se envían a la central de la empresa». Mientras, en las franquicias de zonas residenciales siguen una alternativa más solidaria. Al final de la jornada, los dependientes «seleccionamos los productos no aptos para la venta –sí para el consumo– y en vez de tirarlos los donamos», dicen. El último paso lo da una ONG local, que distribuye, por ejemplo, los 11 huevos que se salvaron de un golpe o las latas de conserva con abolladuras.

 

Cada español «tira» 163 kilos
Un estudio de Albal estima que los españoles tiran alrededor del 18% de la comida que compran. Y según la UE, cada uno de nosotros desperdicia 163 kilos al año. El valor de estos desperdicios por persona asciende a 250 € anuales. Con estas cifras, los consumidores finales –bien familias que hacen la compra o bien comensales de restaurantes– serían responsables de la pérdida de un 42% de la cadena alimenticia. ¿Los motivos? Desde el tamaño del embalaje hasta la confusión entre fecha de caducidad y consumo preferente. El último eslabón en la cadena del «reciclaje» alimenticio son los bancos de alimentos, que recibieron durante el pasado año más 90 millones de kilos, una cantidad ingente, que ellos mismos declaran imposible de reubicar.

 

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