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viernes, 28 noviembre 2014
07:20
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La Razón

El Editorial

El atleta Pistorius como ejemplo

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Oscar Pistorius, el atleta surafricano que hoy disputa con sus compañeros la final olímpica de relevo masculino 4x100, nació con una malformación que obligó a amputarle ambas piernas cuando cumplió dos años de edad. Pistorius, por supuesto, es un caso excepcional, pero no más que el del resto de los deportistas que llegan a la élite, cada uno en su especialidad, fruto del esfuerzo, la constancia y el sacrificio. Lo que de verdad distingue a Pistorius es su empecinada lucha frente a las autoridades deportivas para conseguir un trato estrictamente igualitario con los demás atletas. Ha abierto un camino que, a no tardar mucho, será seguido por otros, a medida que la investigación médica y las nuevas tecnologías vayan, de la mano, saltando barreras. Pistorius, además, participará en los Juegos Paralímpicos que se celebran a continuación en Londres, con otros 4.200 deportistas procedentes de 164 países. España  aporta 127 participantes, con la natación, el atletismo y el ciclismo como equipos más nutridos. Son, naturalmente, los mejores, los que han obtenido las marcas más altas. Pero hay muchos más en el mundo del deporte paralímpico,que entrenan y compiten de acuerdo a sus capacidades, pero con idéntica dignidad.

         En cierto modo, desanima tener que recordar que las personas con discapacidad disfrutan de los mismos derechos  que el resto de las personas, sin limitaciones y sin discriminaciones. Esta cuestión está explícitamente recogida en la doctrina sobre derechos humanos de Naciones Unidas y no admite excepciones en ningún ámbito regulatorio, incluido, por supuesto, el aborto. España se sumó, en 2008, a la Convención Internacional de Derechos de Personas con Discapacidad, con la aprobación unánime del Parlamento, que  establece con meridiana claridad la ignominia del supuesto eugenésico como causa legal para una interrupción del embarazo. Como explica hoy en LA RAZÓN Agustín Matía, gerente de la asociación Down España, no estamos ante un debate teórico, puesto que  se establecería la idea de que las personas con discapacidad son sujetos de menor consideración y dignidad.

    Sin embargo, desde que el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, anunció la modificación de la ley para corregir la aberración de la eugenesia, la izquierda proabortista, una vez más cautiva de su dogmatismo, ha tratado de desenfocar la cuestión, obviando el principio de no discriminación ante la Ley por razones de discapacidad. La lucha por el respeto a los derechos humanos en el mundo, por la igualdad de todos, no ha sido fácil ni corta. Pero, poco a poco, se va imponiendo en la conciencia social. Y, al final, conseguiremos que la eugenesia también sea percibida como la lacra que es.
 

 

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