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miércoles, 30 julio 2014
17:08
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La Razón

Madrid

Robledo de Chavela guardián del Planeta Rojo

  • El municipio, sede de uno de los tres centros de seguimiento de la NASA en el mundo, fue clave en el aterrizaje del «Curiosity» en Marte. Desde 1964 esta estación vigila el espacio profundo gracias a su situación estratégica y a antenas con el diámetro de Las Ventas.

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Los técnicos de la NASA que trabajan en la estación de Robledo de Chavela vigilan desde el pasado lunes (junto a los de las estaciones de Australia y EE UU) las 24 horas los 365 días del año la actividad del «Curiosity» en la superficie marciana.
Los técnicos de la NASA que trabajan en la estación de Robledo de Chavela vigilan desde el pasado lunes (junto a los de las estaciones de Australia y EE UU) las 24 horas los 365 días del año la actividad del «Curiosity» en la superficie marciana. Cristina Bejarano

MADRID- Los cinéfilos recordarán la película «La Luna en directo», en la que se contaban los avatares de un pueblo australiano, junto a Camberra, en el que se instaló la antena que permitió escuchar aquello de «un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad» en 1969. Lo que muchos no saben es que aquella pisada de Neil Armstrong sobre nuestro satélite también fue seguida desde Madrid. En Fresnedillas se instaló una antena similar que comunicó la región con el espacio profundo.

Esta semana esa antena, que ahora está instalada en el Complejo de Comunicaciones con el Espacio Profundo (MDSCC –siglas en iglés–) que la NASA tiene en Robledo de Chavela, ha sido testigo del aterrizaje del «Curiosity» que, desde el pasado lunes y hasta 2014, explorará la superficie de Marte. Pero ¿cómo ha llegado Robledo de Chavela a convertirse en una de las tres únicas estaciones de la NASA de seguimiento del espacio profundo?

En 1964, cuando la carrera espacial entre la URSS y Estados Unidos estaba en pleno apogeo, la NASA vio la necesidad de mantener un contacto constante con las sondas y satélites que enviaban más allá de la Luna, puesto que las comunicaciones se perdían debido a la rotación de la Tierra. Así, crearon los complejos de comunicaciones con el espacio profundo, cuyo cuartel general estaba en California.

Para que siempre hubiese una antena en contacto era necesario que hubiese 120 grados –de ángulo de nuestro planeta– entre sí, por lo que Australia se convirtió en la segunda sede. Y aún hacía falta una tercera para cubrir con garantías todo el espacio profundo las 24 horas y los 365 días del año. A la hora de buscar la ubicación de ésta, España no partía como favorita. «Primero se pensó en Suráfrica, pero como era una nación muy inestable se descartó –explica María Jesús Molina, responsable del MDSCC– . La alternativa era europea, y como varios de los ingenieros que trabajaban en el proyecto del «Mariner IV» (la primera sonda que se envió a Marte) eran italianos, se buscó allí la ubicación idónea».

Los técnicos de la NASA necesitaban que la antena estuviese situada cerca de un aeropuerto internacional, pero lejos de una gran ciudad para que no hubiese interferencias con la señal. En Italia no encontraron un sitio que cumpliera con todos los requisitos, pero las características orográficas de la sierra madrileña,  y en concreto las del valle donde está Robledo de Chavela convirtieron nuestro país en el lugar perfecto.

Así, comenzó una carrera contra reloj en la que la antena madrileña se construía al mismo tiempo que la sonda espacial. Finalmente, el «Mariner IV» pudo llegar al planeta rojo en contacto constante con la Tierra. Desde entonces, las antenas se han multiplicado como setas en Robledo, puesto que allí se trasladó la de Fresnedillas y otra que se instaló en Cebreros (Ávila).

«Actualmente hay seis antenas en el MDSCC, de las cuales cuatro están operativas, una está destinada a un programa educativo y otra –la del programa Apolo– está pendiente de decidir a qué se destina», cuenta Molina. Una de ellas es, además, la segunda antena más grande de  toda Europa, con un diámetro de 70 metros, lo que equivale al coso de la plaza de Toros de Las Ventas. «Realizamos tres misiones: seguimiento, telemetría y telemando», añade. Desde California se imparten las órdenes a las sondas o satélites, por ejemplo para que el «Curiosity» recoja una roca marciana, y se transmite a través de la antena que esté en ese momento justo en línea.

También se reciben los datos que envía el laboratorio científico de Marte, pero como una señal de radiofrecuencia. «Nosotros recibimos los datos, los transformamos a código binario –unos y ceros– y los mandamos a California. Allí los unen y muestran al mundo las fotografías del paisaje rojo del planeta», señala. Aunque a los técnicos de Robledo no les tocó  estar en línea con el laboratorio el día del aterrizaje del «Curiosity», sí que oganizaron un evento para poder seguirlo en directo  y «seguramente seamos nosotros quienes recojamos las primeras transmisiones directas del vehículo cuando despliegue la antena, porque lo que se ha mandado hasta ahora ha sido a través de los satélites que orbitan el planeta», detalla Raúl García, encargado de fiabilidad del complejo.

Cada antena tiene una programación específica para seguir las misiones de la NASA en el espacio, pero en el tres por ciento de tiempo que les queda libre también se dedican a la investigación científica del espacio profundo. «Por ejemplo, el proyecto Partner que utiliza la primera antena que se instaló aquí, permite a estudiantes de Bachillerato y de universidad controlarla por control remoto para apuntar a las estrellas», cuenta. De esta manera, desde Robledo de Chavela se sigue desde 1993 la explosión de una supernova y se estudia el centro de la galaxia.


Astronauta por un día
Los aficionados a la astronomía tienen una cita obligada junto al complejo de la NASA en Robledo. En el Centro de Visitantes se puede disfrutar de una exposición con los elementos más llamativos de la carrera espacial, como la comida embolsada que toman los astronautas o las herramientas que utilizan en el espacio. También hay una réplica de uno de los vehículos que ha pisado la superficie marciana y una fotografía a tamaño real del «Curiosity» con todos los detalles del instrumental que  intenta descubrir vida en planeta rojo. También se celebran eventos para ver los lanzamientos de cohetes o la llegada de sondas y conferencias para descubrir los misterios de las estrellas. Asimismo, se organizan todo tipo de actividades para grandes y pequeños que sueñan con ser astronautas. En el «Madrid Deep Space Communications Complex» está además la única tienda oficial de la NASA que hay en Europa y una de las pocas rocas lunares que han viajado a nuestro continente y que se cedió a Robledo en 2011.


El detalle
ANIMALES POR BANDERAS

Para realizar el seguimiento de una estrella o de un satélite orbitando Marte se requiere una vigilancia de 24 horas los 365 días de año. La NASA lo hace desde tres posiciones estratégicas: Australia, EE UU y España (Robledo de Chavela). Para distinguir a unas estaciones de otras y sus horarios y datos , los técnicos que trabajan desde Robledo han optado por la fauna propia de cada nación. Antes se manejaban con banderas o chapas, pero han descubierto que funcionan mejor cuando a  Australia la representan con un canguro; a California, con un búfalo y a España, como no podía ser de otro modo, un toro.

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