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sábado, 25 octubre 2014
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La Razón

Columnistas

Un duelo a muerte por Manuel Coma

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A domingo 12 de agosto, estamos a 86 días del primer martes después del primer lunes de noviembre, que es cuando, desde comienzos del XIX, se celebran, cada dos años, las elecciones en Estados Unidos. La presidenciales cada cuatro, pero en esos días el votante se enfrenta con varias votaciones que suelen resolverse con una única papeleta de lectura electrónica: renovación bianual de la Cámara Baja o de Representantes, un tercio del Senado, una parte de los gobernadores, legislaturas de los estados, y hasta alcaldes, concejales y referendos. Pero fuera del país la elección presidencial eclipsa a todas.
Los candidatos no serán designados oficialmente por las respectivas convenciones de los partidos.  Hasta la última semana de agosto los republicanos y hasta la primera de septiembre los demócratas. Obama no ha sido nunca discutido, pero tiene que pasar por todo el proceso de las primarias, aunque no sea noticia más que para el estado concernido. A Romney le costó imponerse sobre una decena de competidores, pero ya tiene compromisarios de sobra, con lo que también sus primarias han desaparecido del radar y el llamado «cara a cara» con el presidente-candidato, que será un duelo a muerte política después de las convenciones, ya se ha puesto en marcha desde hace un par de meses. La única predicción que se da por segura es que quien gane lo hará por los pelos. En el 2007 Obama le sacó siete puntos de ventaja a McCain y fue considerado una victoria arrolladora. Nada de eso esta vez. Podría incluso darse, como con Bush hijo frente Gore en el 2000 (su primer mandato), que el ganador obtenga menos votos populares, puesto que las elecciones no son directas, lo que se designa en primera instancia es a los miembros de un colegio electoral que nadie conoce y cuya mayoría elige. Los expertos están pendientes de cuántos corresponden a cada estado y de en qué medida es decisivo en esos términos ganar en un estado donde las intenciones de voto están muy igualadas. Son los estados «toss-up» (a cara o cruz), «swing» (que un pequeño número de votantes los inclina hacia una lado u otro)  o «battleground», porque es donde hay que dar la batalla. En ellos se concentra la campaña.
Obama lleva una pequeña pero persistente ventaja que muy lentamente ha ido erosionándose y se sitúa en la actualidad alguna décima por debajo del 2%. Esperanza para los republicanos, inquietud para los demócratas.

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