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sábado, 20 diciembre 2014
21:15
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La Razón

Recorte en el área

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Mañana arranca una nueva temporada de la considerada mejor Liga del mundo en los últimos años. Una competición que, si bien llega con una brisa a favor tras la nueva Eurocopa ganada por la Selección, parece más mediatizada que nunca por la mala salud financiera del fútbol español y por el entorno de aguda crisis nacional que sufre nuestro país. Hablar de una competición poco ilusionante con los dos mejores equipos del planeta –Real Madrid y Barcelona–, con las principales figuras –Cristiano Ronaldo y Messi– y con el grueso de los jugadores de la campeona del mundo y de Europa resultaría descabellado. Pero lo cierto es que la realidad de la Liga es tan compleja y delicada como el entorno financiero en el que se mueven los clubes. El mercado de fichajes de este verano, termómetro de la salud de los equipos y de la competición, ha sido el de menor volumen en diez años. A día de hoy, y a falta probablemente de concretar un par de sonoras contrataciones de los dos grandes, los clubes de Primera División apenas han invertido 65 millones de euros en mejorar sus plantillas, cuando se gastaron 384 millones la temporada pasada o 503 en 2009. Es evidente que existe un ajuste intenso forzado por un colapso económico que mantiene a algunas entidades en situaciones casi de quiebra o al menos de economía de guerra, más allá incluso de aquellos que se acogieron en su momento a los favores de una Ley Concursal que hoy ya no evita que los morosos pierdan la categoría. El Gobierno ha promovido esta política de contención imprescindible tras años de gestión manirrota e irresponsable de una buena parte de dirigentes. El plan firmado hace unos meses por la Liga, el Consejo Superior de Deportes y el Ministerio de Educación para frenar la inercia histórica de números rojos y comenzar a pagar la deuda debe marcar un antes y un después en el fútbol, con una  travesía del desierto para muchos equipos a la espera del saneamiento necesario y de una racionalización en su dirección y organización. No había otra alternativa para una actividad que debe 673 millones de euros a la Agencia Tributaria y tiene un endeudamiento global de unos 5.000 millones. Quebrar la dinámica perniciosa de un fútbol que generaba cada año unos 1.800 millones de euros y que gastaba 2.100 era una exigencia para no poner en peligro lo que es, pese a todo, un espectáculo deportivo y un producto social extraordinarios. Aunque es innegable que es tiempo de vacas flacas, que muchos clubes se han convertido en vendedores cuando antes eran compradores y que el éxodo de nuestras figuras es cada vez más frecuente, no lo es menos que el fútbol español es una referencia mundial y que buena parte de los mejores deportistas juegan en nuestros campos.

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