Dos años de cárcel ha sido la sentencia dictada por la juez para las cantantes del grupo Pussy Riot. El motivo, «vandalismo motivado por odio religioso». Cientos de personas se concentraban ayer ante la puerta del tribunal en Moscú, donde las jóvenes han sido juzgadas. Tras la sentencia, que las cantantes han recibido «entre sonrisas», las reacciones no se han hecho esperar. La tensión con la Policía se ha ido incrementando hasta que decenas de personas han sido detenidas.
Las tres jóvenes, Nadezhda Tolokonnikova, Maria Alyojina y Yekaterina Samusevich, de 29, 24 y 22 años de edad respectivamente, irrumpieron en la mayor catedral ortodoxa de Moscú el 21 de febrero. Junto con otras dos integrantes, que no fueron reconocidas, se subieron al altar de Catedral de Cristo Salvador, y tras hacer la señal de la cruz, entonaron un himno punk. La letra de la canción, de la cual apenas pudieron pronunciar varias frases antes de que fueran expulsadas del templo, decía: «Virgen María, echa a Putin», que por aquel entonces era el primer ministro. Los ortodoxos, cuya Iglesia ha aumentado su influencia desde que Kiriil es patriarca, calificaron el acto como «blasfemia y sacrilegio».
Las acusadas, que desde el primer momento se declararon inocentes, han denunciado que «la persecución judicial contra ellas es por motivos políticos» porque lo «único que querían» era protestar contra la relación de Putin y la Iglesia ortodoxa. Algúnos han calificado este juicio como «un pulso entre el Estado de Putin y los defensores del Estado laico», e incluso han llegado a señalar que para Putin, «el caso es un desafío personal».
Putin, que volvió a ser reelegido presidente el 4 de diciembre de 2011 tras ocupar el cargo de primer ministro se ha encontrado a una oposición más activa que nunca. El caso de Pussy Riot es sólo el principio de una larga lista de actos que ha intentado frenar. Ahora los líderes de la oposición extraparlamentaria le acusan directamente de «estar detrás de la condena» de las tres cantantes. El liberal Vladimir Rizhkov declaró que «el proceso contra Pussy Riot se enmarca en el endurecimiento asumido por Putin desde las protestas del pasado 6 mayo» durante las cuales fueron detenidos cientos de opositores. «Ha sido un proceso claramente político», concluye. El caso de las Pussy Riot ha ido más allá y ha provocado una fractura en la sociedad rusa, ya que ha enfrentado a los sectores clericales y conservadores frente a los sectores liberales. Además, ha enfrentado a la propia legislación rusa, que es de carácter laico, por lo que para muchos existen contradicciones en el caso. Nikolái Pólov, uno de los abogados de las cantantes, ya anticipó la condena: «No hay ninguna esperanza». El proceso judicial ha sido llevado a cabo por la juez Marina Sirova. Esta juez no ha defraudado y ha seguido en la línea de la fama que la precede, ya que sólo en una ocasión ha dictado un veredicto absolutorio. Además, la insitencia de los abogados en señalar que ninguna de las jóvenes tenía antecedentes penales no ha servido para reducir la condena. La juez ha insistido en que «la corrección de las condenadas sólo es posible en condiciones de privación efectiva de libertad».
La comunidad internacional ha mostrado su repulsa ante la sentencia. La UE ha calificado de «desproporcionada» la condena y espera que la Administración rusa revise la sentencia. EEUU se ha sumando a la protesta, calificando la sentencia de «excesiva».
«Virgen María, echa a Putin»
Ésta es la letra del himno punk que ha llevado a las tres jóvenes a ser acusadas de «odio religioso»:
«Madre de Dios, virgen, ¡expulsa a Putin!, ¡expulsa a Putin! ¡Negra sotana, hombreras doradas! Todos los niños del cura se arrastran para hacer una reverencia. El fantasma de la libertad en el cielo.
A los homosexuales los envían encadenados a Siberia. El líder del KGB es vuestra más alta Santidad. Encierra en prisión a los manifestantes. (...) Madre de Dios, virgen, ¡hazte feminista!, ¡hazte feminista!
El Patriarca cree en Putin. Mejor debería, perro, creer en Dios».

