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miércoles, 03 septiembre 2014
03:38
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La Razón

Interior

El cáncer de ETA

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Iosu Uribetxeberria Bolinaga no tuvo ningún reparo en secuestrar y mantener en un zulo durante año y medio al funcionario de prisiones Ortega Lara. Al igual que tampoco lo tuvo el pasado jueves para pedir al Gobierno su excarcelación por padecer cáncer, concluyendo su mensaje con «¡Aurrera bolie!» (adelante la pelota), imitando al histórico etarra «Txomin». Sin embargo, el artículo 104.4 del Reglamento Penitenciario establece lo siguiente: «Los enfermos graves con padecimientos incurables podrán ser clasificados en tercer grado por razones humanitarias». Y ayer, a Uribetxeberria, que se declaró desde el pasado 10 de agosto en huelga de hambre como elemento de chantaje hacia el Gobierno para conseguir su liberación, se le concedió el tercer grado. Es decir, que los 254 presos y declarados en dudosa huelga de hambre en apoyo al etarra  –Prisiones aseguró haberse encontrado con más de uno comiendo a escondidas–, han ayunado innecesariamente. La decisión ha sido adoptada por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias después de que la Junta de Tratamiento de la cárcel de Álava, donde fue trasladado desde la prisión de León tras serle diagnosticado cáncer con metástasis, emitiera un informe favorable para clasificar en tercer grado al terrorista. El Ministerio del Interior emitió ayer una nota de prensa en la que explicó que la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias entiende que, a pesar de la «entidad de los delitos cometidos por el penado», es indudable la «gravedad de la enfermedad, así como las características del tratamiento», que además «mitigan extraordinariamente la peligrosidad del recluso y anulan el riesgo de reincidencia», otra de las condiciones necesarias, estipuladas por ley, para que se le conceda el tercer grado. El paso previo a la libertad condicional. O lo que es lo mismo: su definitivo traslado a casa.

Según el informe médico al que tuvo acceso Europa Press, el etarra enfermo tiene un 90 por ciento de posibilidades de morir antes de un año, alegando que en idénticas circunstancias «la mitad de los pacientes fallece antes de los nueve meses».

En estos momentos, la situación de Uribetxeberria no cambiará realmente de la actual, ya que esta condición penitenciaria supone que esté obligado a regresar a prisión sólo para dormir, y el terrorista se encuentra ingresado en el hospital de San Sebastián, centro sanitario de referencia de la prisión. El que los derroteros del etarra sí varíen dependerá del informe forense que la cárcel de Zaballa elabore acerca de si la enfermedad que padece –«metástasis  múltiple del carcinoma renal»– puede ser tratada por los servicios hospitalarios penitenciarios. El informe fue solicitado por la Fiscalía el pasado jueves y sobre el mismo tendrá la última palabra el juez de guardia de la Audiencia Nacional. En él se requiere «el estado de salud del penado, la evolución de la enfermedad, pronóstico de la misma a coste-médico plazo (esperanza de vida)  y lugar adecuado para el tratamiento de este tipo de dolencias». Será este lunes cuando llegue el informe al juez de vigilancia penitenciaria.

En caso de que finalmente se le conceda a Uribetxeberria la libertad condicional, el Ministerio del Interior instó ayer en la nota de prensa  a la Junta de Tratamiento del centro penitenciario de Zaballa a que incorpore las siguientes reglas de conducta, al margen de las que considere oportunas: el alejamiento de las víctimas de sus delitos o de los familiares directos de éstas, la prohibición de que el penado participe tanto activa, como pasivamente en manifestaciones públicas de enaltecimiento o legitimación de la violencia, concretamente de ETA. Además se le exige no hacer declaraciones que supongan un desprecio hacia las víctimas del terrorismo.
Interior precisa que no podrá ausentarse, «sin previa autorización de la Administración Penitenciaria», de la localidad en que se fije su residencia.


PERFIL DEL ETARRA
Iosu Uribetxeberria. Condenado a 46 años de cárcel
«No hay armas con dueño»
«Prefiero contestar en otro momento». Fue la frase más repetida de la declaración de Iosu Uribetxeberria Bolinaga ante el juez Javier Gómez de Liaño. No dudó, sin embargo, en contestar con un rotundo «sí» a la pregunta de si pertenecía a ETA, ni de ofrecer incluso un croquis del zulo de seguridad que tenían en Mondragón. Ni con un enigmático «no hay armas con dueño» al ser cuestionado por las cuatro pistolas que se encontraron en el zulo. Durante 532 días retuvo en condiciones inhumanas al funcionario de prisiones Ortega Lara, al que admitió que «no le veían muy bien». Y otros 116 días tuvo secuestrado al industrial Julio Iglesias Zamora con ensañamiento, alevosía y disfraz, según señaló la Audiencia Nacional al condenarle a 14 años y 8 meses por ello, a sumar a los 32 por el secuestro del funcionario de prisiones. Fueron dos, pero pudieron ser más. Porque vigiló también a José Antonio Rubalcaba, presidente entonces de Derechos Humanos del País Vasco, o a Cosme Delclaux.


Lo que bolinaga no podrá incumplir
1.- Desprecio a las víctimas
Alejamiento de las víctimas de sus delitos o de los familiares directos de éstas. Tampoco se permitirá el desprecio o desconsideración de las víctimas del terrorismo.
2.- Enaltecimiento Prohibición de participar de forma activa o pasiva en manifestaciones públicas de enaltecimiento o legitimación de la violencia, especialmente de la banda terrorista ETA.
3.- Ausencia
Prohibición de ausentarse, sin previa autorización por escrito de la Administración Penitenciaria correspondiente, de la localidad en la que fije su residencia habitual.


El tercer grado «no es inusual»
La concesión del tercer grado a Uribetxeberria no es el único que ha habido en los últimos años. Según fuentes de Instituciones Penitenciarias, existen 23 presos de ETA enfermos que han conseguido desde el año 1996 el tercer grado penitenciario. Asimismo, más de 1.600 presos han accedido al tercer grado en los últimos cinco años al aplicarles el artículo 104.4 del Reglamento Penitenciario. Según informaron a Efe estas mismas fuentes, la concesión ayer del tercer grado al etarra se trata de un trámite que «no es inusual», como lo demuestra el que desde 2007 Prisiones haya concedido el tercer grado, paso previo a conseguir la libertad condicional, a más de 1.620 reclusos. Entre ellos se incluyen presos comunes y condenados por terrorismo. Y se remonta a 2007, cuando se aplicó el citado artículo a 351 internos, en 2008 a 305, en 2009 a 315, en 2010 a 352 y el pasado año 2011 a más de 300, aunque la cifra total aún no está cerrada. 

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