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viernes, 29 agosto 2014
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El loro gris africano más listo que un niño

  • Un estudio de la Universidad de Viena demuestra sus capacidades

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Ejemplares de guacas, una de las citácidas que conviven en Faunia, el parque de la Naturaleza de Madrid
Ejemplares de guacas, una de las citácidas que conviven en Faunia, el parque de la Naturaleza de Madrid Connie G. Santos

MADRID- Que un loro sea capaz de dar los buenos días a su dueño o que un chimpancé utilice una hoja de árbol como paraguas, además de suponer un leit motiv de la comunidad científica, es el reflejo de que algunas especies animales nacen con la base genética necesaria para considerarlos potencialmente inteligentes. Desde el momento del nacimiento hasta la demostración de habilidades, sólo un factor explica por qué unos animales llegan más lejos que otros: el aprendizaje. El adiestramiento de citácidas o primates da lugar a loros parlanchines o bononos con la capacidad de engañar. Pero ¿por qué no son todas las especies capaces de todo?

Recientemente, la Universidad de Viena ha demostrado que los loros grises africanos, o yacos, tienen, además de la capacidad del habla, un pensamiento lógico similar al de un niño de 3 años. El razonamiento les permite relacionar causa y efecto. Por ejemplo, en el experimento, las aves fueron capaces de indicar cuál de los vasos presentados contenía una nuez por el sonido que hacía en su interior al agitarla, diferenciándolo del que estaba vacío.

El biólogo responsable de Conservación de Faunia, Javier Gimeno, explica que «los animales sólo desarrollarán las habilidades aprendidas que puedan ser útiles en el medio en el que viven». Por eso, y porque el loro es un animal gregario –que vive en sociedad– y más empático con el ser humano que cualquier primate, entrenará sus capacidades verbales. «Sin embargo, como los primates son muy visibles en su hábitat, no tienen interés en comunicarse con sus iguales, de ahí que exploten su inteligencia para labores manuales y la fabricación de herramientas.  En el caso de las aves, escondidas entre árboles, la presencia sólo se adivina con el sonido», dice Gimeno.

Ana Blanch, responsable del cuidado de aves exóticas en el parque de ocio Marineland de Cataluña, tiene experiencia con los yacos y los define como animales «muy sociables, inteligentes y proactivos. Sociables más allá del hecho de vivir en comunidad y establecer jerarquías: tienen una pareja de por vida y tratan de agasajar a sus cuidadores, entre otras virtudes». La experta cuenta que los loros tienen la habilidad física del habla y una mental de relación acción-reacción. «No tienen cuerdas vocales, pero pueden imitar sonidos y entonaciones hasta el punto de confundirlos con otras personas o con el teléfono. No sería la primera vez que corro a contestarlo por error. Pero ellos no utilizan las palabras para expresar su pensamiento, sino que pronunciar vocablos es un objetivo en sí mismo: saben que cuando hablan, el dueño se alegra». Aunque para el ave decir «buenos días» o «pipas» tenga el mismo significado.

A veces la naturaleza premia al dueño y, después de mucho trabajo, es posible hacerlos hablar o cantar sujetos a determinadas circunstancias: «Cuando el amo de un ave comienza la letra de un himno y el loro le sigue, es porque está adiestrado para ello. En ese caso, dos habilidades distintas se ponen en marcha: el habla –física–y el razonamiento –mental–», así explica Blanch la diferencia entre el lenguaje humano –por significación– y el animal –por relación–.


¿Cómo lograrlo?
Los expertos de Marineland proponen una serie de consejos para lograr que la mascota de la casa se anime con la lengua. Las palabras cortas y sonoras son las que los loros recuerdan con mayor facilidad. Insisten en que se dé confianza al animal y en que se imponga una disciplina diaria para repetir rutinas de aprendizaje. Acariciar la cabeza del ave, darle de comer con la mano y relacionar palabras breves con acciones concretas son trucos que con paciencia traerán el éxito.

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