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jueves, 23 octubre 2014
19:53
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La Razón

Religión

Comprometidos versus «indignados»

  • El movimiento 15-M y la JMJ coincidieron en la misma ciudad. Sin embargo, sus caminos no han corrido paralelos después

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LAS IMÁGENES A la izda., enfrentamiento en Sol tras la «marcha laica»; a la derecha,  el encuentro de los voluntarios con el Santo Padre.
LAS IMÁGENES A la izda., enfrentamiento en Sol tras la «marcha laica»; a la derecha, el encuentro de los voluntarios con el Santo Padre. Luis Díaz / Efe

Madrid- 15-M y JMJ. Si hubo dos  portavoces de los jóvenes en 2011 ésos fueron los «indignados» de la Puerta del Sol y los peregrinos que acudieron a Madrid con motivo de la visita de Benedicto XVI. Dos formas diferentes de luchar por un mundo mejor coincidieron en la capital. Un año después, ¿qué es lo que queda de unos y de otros?
«El grupo de los ‘‘indignados'' se ha quedado como un acto de protesta. No ha creado un movimiento político ni ideológico... No se ha fraguado un Mayo del 68», opina la periodista Paloma Gómez Borrero. «Era un grupo muy heterogéneo, pero se ha quedado en un embrión de protesta. Y hoy, los que quedan, están indignados, pero es más bien una indignación sin tiendas de campaña», añade. Frente a estos jóvenes, asegura, los peregrinos de la JMJ «se podrían considerar una mayoría silenciosa, que lleva dentro algo importante: unos principios. Cada joven lleva dentro a Cristo, y lo trasladan a la familia, al trabajo... Son unos ideales constructores de la civilización del amor». Con todo, la periodista cree que «un año no es suficiente para ver lo sembrado». El siguiente paso será la JMJ que se celebrará dentro de un año en Río de Janeiro. Una cita que, según la periodista, podría ser más multitudinaria aún, pues la capital brasileña «recibirá a muchos jóvenes de Suramérica que el pasado año no pudieron acudir a Madrid».
Javier Cremades, director de los actos centrales de la JMJ, realiza el siguiente contraste: «En la JMJ había un millón y medio de jóvenes felices que usaron su libertad para amar, y eso se notaba en su sonrisa; mientras que en la Puerta del Sol, un grupo pequeño de jóvenes gritaba mucho buscando amar sin encontrar su camino, y eso se notaba en su mirada». No en vano, uno de los recuerdos que también irán ligados a la JMJ fue el enfrentamiento entre los participantes de la «marcha laica» y los peregrinos, que se saldó con ocho detenidos y al menos una decena de heridos en plena Puerta del Sol.
«Las fotos lo mostraron: por un lado, unos jóvenes –los jóvenes del Papa–, felices por participar en un evento, frente al joven amargado e intolerante», defiende Gonzalo Pérez-Boccherini, delegado de juventud de la Diócesis de Getafe. «Ésa es la comparación: amor y felicidad frente a odio y amargura», añade.

Dos modelos
Si tuviera que comparar el «modelo JMJ» frente al «modelo indignado», Pérez-Boccherini definiría al primero como «un joven católico constructivo que pretende poner su granito de arena en la sociedad», mientras que el segundo sería «un joven crítico que no propone un modelo» concreto. «El joven JMJ es un joven completo: sabe disfrutar de la vida en medio del sufrimiento. Y sabe salir adelante. Es un joven con esperanza, que vive el presente sin resignarse en su lucha por el futuro», dice. «Tiene unos principios e ideales que se reflejan en las aulas, en sus familias... Lo que se vio en Madrid fue un ejemplo muy positivo a nivel mundial. Las imágenes de televisión, los testimonios de la radio... Eso hace mella y hace creer en una juventud mejor».
El periodista Arturo San Agustín reflejó en su libro «Un perro verde entre los jóvenes del Papa» el ambiente que se vivió aquellos seis días de agosto. Un libro escrito a través de los ojos de un «creyente heterodoxo». «Cuando hablabas con la gente por la calle, te los definían como ‘'normales'', algo que te obliga a pensar en la visión que se tiene de los jóvenes católicos», comenta. Y es que el periodista percibió «una juventud que no aparece normalmente en los medios de comunicación, una juventud solidario, que trabajaba para barrios con problemas....».
No fue éste el único cambio en el que reparó Arturo San Agustín. En su opinión, los medios de comunicación parecen haber dado también un viraje a la hora de tratar los asuntos religiosos en general, y los que afectan a la Iglesia católica en particular. Sobre todo en Cataluña, su tierra natal. «Parece que hay una apertura hacia temas de la Iglesia. Y cuando se habla de la Iglesia, no sólo se hace en términos negativos. Eso es algo que atribuyo a la JMJ», asegura. Por otro lado, «cuando coincido con compañeros en tertulias, he visto un cambio: antes, si se tocaba un tema de la Iglesia, algunos lo ridiculizaban. Y ya no ocurre tanto así. Incluso algunos se atreven a manifestar un sentimiento religioso».


Confianza renovada en los jóvenes
Como recuerda el periodista Arturo San Agustín, un gran acontecimiento tiene efectos catárticos en una ciudad. «En el caso de las Olimpiadas de Barcelona, la ciudad volvió a pertenecer a los barceloneses; después del
11-S, los neoyorquinos mostraban más amabilidad los unos con los otros...». ¿Y en el Madrid post-JMJ? «Se vivió un microclima de beneficio común, en el que los jóvenes volvían a ser lo que habían sido siempre: gente en la que confiar».


EN PRIMERA PERSONA
Chema Martínez del Hoyo/ Peregrino
«Me llevaría a mi amigo más escéptico a la JMJ»
«Para la próxima JMJ me llevaría al amigo más escéptico. Estoy convencido de que la JMJ puede cambiarte la vida de una u otra forma». Es la reflexión de Chema, de 24 años y estudiante de Periodismo, que participó por primera vez en una JMJ en Madrid. «Nunca había oído hablar de estos encuentros y, después de acudir, puedo decir que fue un punto de inflexión para mí. Siempre he sido católico pero, al conocer a mi novia, comencé a vivir la fe en la Iglesia y gracias a la JMJ me di cuenta de que no era un bicho raro, que no estaba solo y que había otros jóvenes como yo que no se pasan todos los fines de semana entre litronas y con una chica el viernes y otra el sábado», explica convencido de que la generación JMJ sigue viva aunque no esté presente diariamente en los medios de comunicación. «No tenemos por qué salir ni pronunciarnos continuamente. Los jóvenes están en sus parroquias, en sus grupos asistenciales... Pero no buscan que se hable de ellos, sólo les preocupa saber que lo que hacen, lo hacen bien». En su memoria y en su corazón, un instante que no olvida: «La exposición del Santísimo en Cuatro Vientos. En medio de una lluvia torrencial, miles de jóvenes en silencio rezando. Nunca había vivido nada tan especial. No hacían falta las palabras».

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