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viernes, 24 octubre 2014
19:58
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La Razón

Columnistas

Pildoritas de la felicidad por Marta Robles

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Aspirina, paracetamol, ibuprofeno, laxantes, colirio, jarabe, antiácidos… La lista de los fármacos que, habitualmente, se encuentran en los improvisados botiquines de cada casa va más allá de las supuestas  necesidades medicamentosas de sus habitantes. Es cierto que hay personas a las que la medicación les resulta indispensable, pero hay otras que, acostumbradas a que los fármacos les salían casi gratis a través de la Seguridad Social, solían comprar más de la cuenta y, lo que es peor, utilizarlos cuando no era estrictamente necesario.
Ahora que andamos en tiempos de vacas flacas, la ministra Mato se ha mostrado decidida a revisar todos y cada uno de los aspectos que atañen a la Sanidad pública española para recortar su presupuesto y que pueda seguir siendo viable. Este recorte no sólo reportará 450 millones de euros a las arcas del Estado, que andan como todos sabemos más que vacías, sino que además conseguirán que todos nosotros nos pensemos dos veces si nos tomamos o no ciertas sustancias que, a veces, consumimos demasiado alegremente.
Que nadie tiemble creyendo en que esto va a significar que las personas con enfermedades graves no van a ver financiadas las pócimas que requiere su tratamiento, pero sí que todo el mundo piense que, a partir de ahora, lo de abrir el armarito de las medicinas y que se nos caigan encima, incluso caducadas, dejará de ser el pan nuestro de cada día.  Es un recorte presupuestario, sí, pero también es una llamada de atención a la laxa actitud de unos ciudadanos un pelín mal acostumbrados –nosotros– que, en más de una ocasión, hasta atentábamos contra nuestra propia salud sólo porque las «pildoritas de la felicidad» no nos costaban dinero.

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