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domingo, 21 diciembre 2014
10:53
Actualizado a las 

La Razón

Assange sexo y mentiras por Martín Prieto

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Cuando se hizo internacional el pequeño escándalo de Wikileaks ya escribí que Julian Assange sólo era un «hacker» y que su empresa de receptación de papeles clasificados como secreto nada tiene que ver con las libertades informativas.

Políticos, diplomáticos, militares, espías son más dados de lo que parece a ponerlo todo por escrito, a anotar  para cubrirse las espaldas, y Assange compró secretos de polichinela con conversaciones de salón, medias frases, charlas que no se sabe de qué se ocupan, regando el mundo informativo con material en bruto y fuera de contexto. Si hubieran  elaborado material periodista lo hubieran hecho legible, valioso, y sólo habría que dilucidar su colaboración con los ladrones.

Lo que más divierte de esta historia es la picante faceta sexual que pueda extraditar a nuestro equilibrista a Suecia por acoso sexual y violación consumada. El arrogante y atractivo australiano, por no registrarse en un hotel de Estocolmo, aceptó la invitación de dos jóvenes suecas para pernoctar en su apartamento. Una de ellas declaró ante el juez que Assange la había forzado mientras dormía. ¿Quién dormía?, ¿ el violador o la violada?.

Llamé a Katherine, mi mejor amiga sueca, para preguntarle si todas las suecas tienen el sueño tan profundo y me contestó que, contra lo que creemos los españoles, las suecas son muy distintas. Éste es el punto de la perdición de Assange: haber tenido una polución nocturna atropellando a una doncella en los brazos de Morfeo.

El presidente ecuatoriano, Correa, es un hipócrita perseguidor de periodistas, y el abogado Garzón sigue de pillo en procura de dinero o más fama como el Capitán Araña. A Assange no le van a matar en Estados Unidos y sólo cabe preocuparse por el soldado norteamericano que dio información militar en Irak e infló, de paso, el ego del australiano volador.

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