Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
martes, 16 septiembre 2014
03:58
Actualizado a las 

La Razón

Cataluña

Ian Gibson: «Es una vergüenza no saber quién mató a Prim»

  • 1
Ian Gibson
Ian Gibson M. González/Shooting

BARCELONA- «La berlina de Prim», la obra con la que ha ganado el último Premio Fernando Lara, es la historia de un investigador irlandés que llega a España para aclarar un asesinato, el del general Juan Prim. ¿No se parece mucho a otro investigador irlandés que llegó a España para aclarar otro crimen, en aquel caso el de Federico García Lorca?
–Es patético. Me falta imaginación. (Risas) En serio, desde que vi el cementerio inglés de Málaga, que es el más hermoso de todo el Mediterráneo, donde está la tumba del pobre Robert Boyd, un personaje histórico que fue enterrado con Torrijos, tenía ganas de escribir algo sobre él. Cuando vi el cuadro maravilloso que les dedicó Gisbert, en el que aparece un irlandés pelirrojo, con pecas y guapísimo. Pensé en homenajear a Robert Boyd a mi manera. Luego cuando Carmen Calvo y yo enterramos a Gerald Brenan, a unos metros de la tumba de Boyd, se confirmó la idea.

–¿Quién era Robert Boyd?
–Cuando murió tenía 27 años. Pagó la expedición de Torrijos con la idea de liberar a los españoles de su dictador de entonces, Fernando VII, y lo mataron con los otros 50 sublevados. Fernando VII firmó la sentencia de muerte personalmente. De modo que yo me sentía en la obligación de narrar algún día todo eso.

–El protagonista del libro es un imaginario hijo ilegítimo de Robert Boyd, Patrick. ¿Lo ve de alguna manera cómo un trasunto suyo?
–De alguna manera sé que es un «alter ego» mío. Es algo que no puedo negar. Hay algo allí de James Joyce, como es Gibraltar o los nombres de la tiendas. Hay múltiples homenajes en el libro. Hasta cierto punto yo me pongo en su piel y, por ejemplo, en su relación con una andaluza hay elementos de mi amor por Andalucía.

–Siendo usted un historiador, ¿por qué decidió optar por la novela para explicar el asesinato de Prim?
–Cuando vi el estado del sumario del caso, el vergonzoso estado, podrido por la humedad en más de su mitad, todo ello por abandono, además de las dificultades que me puso el Tribunal Supremo para consultarlo y hacer fotocopias, me di cuenta que iba a ser muy difícil poder hacer lo que yo pensaba en un principio sobre este caso. No puedo dedicar cinco años a investigar este caso. Además no soy especialista en el siglo XIX. Voy a novelar, pensé, por lo que me decidí a inventar una trama que me permitiera hablar del asesinato, de lo que fue el sexenio democrático, pero investigando también. He mezclado realidad y ficción. He inventado un cuento y no me arrepiento. Narro dos meses, pero con mucho diálogo sobre España y mucha alusión al país en la actualidad, con crítica a los políticos contemporáneos.

–De alguna manera es también otra mirada a la memoria histórica.
–Sí. ¿Cómo es posible que este país todavía no nos haya dicho quién mató a Prim? No es que sea vergonzoso, pero lo que se ve es la incultura radical consecuencia del franquismo y del vivir a salto de mata. Pero también hay una nota positiva porque se reivindica España en Europa, se habla mucho de la democracia posible y eso que todo eso ocurrió hace 140 años.

–¿El sumario del caso Prim no está publicado?
–¡Que va! No se puede imaginar lo que es ver en una pantalla un microfilm del sumario, que tiene 80 tomos, con cada página rota y en ocasiones ilegible. A mí me gusta dar el dato, que se pueda comprobar la fuente. En el libro que Antonio Pedrol Rius dedicó al tema hablaba de lo que hay sumario, pero no te indicaba de qué página había extraído la información. Estamos hablando de un magnicidio que apareció en toda la Prensa de la época en Europa y que no se ha investigado bien. Incluso la calle donde lo mataron, la del Truco, ya no tiene el mismo nombre. Es lo de siempre. Un país que está en guerra consigo mismo y sin estabilidad, no puede hacer los libros necesarios, aunque estamos mejor que antes y yo creo en Europa.

–¿Es difícil ponerse en la piel de algunos de los personajes reales que aparecen en «La berlina de Prim», como hace con el escritor Benito Pérez Galdós?
–No me ha costado nada porque he leído muchísimo a Benito Pérez Galdós. Cuando empecé en el mundo del hispanismo, Galdós era uno de esos autores que había que leer y así lo hice, siendo el primer título «Doña Perfecta». No he leído todos los «Episodios nacionales», pero sí los diez que tienen que ver con el tema de mi libro.


EN PRIMERA PERSONA
La ilusión por seguir conociendo
Con «La berlina de Prim», editada por Planeta, Ian Gibson regresa al género de la ficción, un terreno en el que ya trabajó en dos títulos anteriores, «Viento del sur» y «Yo, Rubén Darío». Pero el hispanista de origen irlandés –nacionalido español en 1984–, es sobre todo conocido por sus investigaciones de algunos episodios de la Guerra Civil, como la matanza de Paracuellos y los asesinatos de Calvo Sotelo y García Lorca. En el caso del poeta granadino, Gibson es el aclamado autor de una monumental biografía, además de otros títulos sobre aspectos de su vida, como su relación con Salvador Dalí. En la actualidad, trabaja en una biografía de Luis Buñuel.

Vídeos

  • 1