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miércoles, 23 abril 2014
13:56
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La Razón

Asuntos Sociales

Las prostitutas a su aire

  • A pesar de la entrada en vigor de la nueva norma en Barcelona, las meretrices siguen en la calle y sortean la prohibición con picaresca

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Una prostituta negociando con un turista en las Ramblas de la Ciudad Condal
Una prostituta negociando con un turista en las Ramblas de la Ciudad Condal Albert Masias/Shooting

BARCELONA- La primera jornada de prohibición de la prostitución callejera en Barcelona transcurrió entre la presencia policial y la picaresca. Las populares Ramblas estaban literalmente tomadas por la Guardia Urbana, pero bastaba un simple descuido para que los transeúntes, turistas en su mayoría, volvieran a escuchar el «guapo, ven aquí» que han popularizado las prostitutas nigerianas desde que se apoderaron de esta zona de Barcelona. Más discretas y menos numerosas que de costumbre, pero ahí siguen.
Es medianoche y hace falta entrar en el Raval, antes conocido como barrio chino, para comprobar el calado de la medida. Concretamente en la calle Robadors, una zona que el Ayuntamiento ha intentado oxigenar con el traslado de la Filmoteca y la apertura de un moderno hotel de cinco estrellas. El resultado es prácticamente el mismo. Las prostitutas y la Policía juegan al gato y al ratón. Aparecen unos, desaparecen los otros y viceversa.  En uno de los portales de esta calle aguarda Carmen. A diferencia de buena parte de su competencia, es natural de Barcelona. Tiene muy claro que ni va a pagar ni va a marcharse del barrio. «Es lo único que pretenden, que no se nos vea. No les importa nada lo  que pase con nosotras», afirma. «Como mucho cambiaré de calle, pero vivo aquí y es donde mis clientes me conocen. Llevo 20 años trabajando en este barrio», añade. Sobre las multas, lo tiene muy claro: «Soy pobre e insolvente, ya me pueden multar que no voy a pagarlas. Se sorprenderían si supieran la cantidad de multas que acumulo».
El barrio, y esta calle en concreto, por lo demás, presentaba el aspecto habitual de un viernes por la noche. Ruido, trapicheos en las esquinas, patrullas esporádicas de la Guardia Urbana y gente de fiesta mientras, a su alrededor, los vecinos han colgado pancartas de sus balcones en las que se puede leer «Queremos un barrio digno».
La pasada ordenanza municipal establecía que la negociación entre prostituta y cliente se podía realizar si no reñía con «los diferentes usos del espacio público». La nueva normativa suprime estas zonas de tolerancia y el aviso previo que recibían prostitutas y clientes por parte de la Guardia Urbana.  El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, explicó el viernes que es consciente de que «no se acaba en cuatro días» con el fenómeno de la prostitución. No obstante, aseguró que la combatirá con los recursos que tiene el Consistorio, siempre «persiguiendo al usuario, y no a la persona explotada», añadió el alcalde. A pesar de que la oferta y la demanda de servicios sexuales a la calle están prohibidas desde el año 2006 en Barcelona, la modificación aprobada por el Consistorio endurece las sanciones contra los clientes y las personas que promuevan el consumo de la prostitución.


Multas en las carreteras
La Conselleria de Interior, a través de los Mossos d'Esquadra, comenzó a multar a partir de junio en las carreteras catalanas a las prostitutas y a sus clientes. Sin balance oficial aún, los ayuntamientos de los municipios de la zona del Ampurdán están ayudando a sancionar a las meretrices, pero su presencia sigue sin erradicarse de las vías públicas. En las calles de la Ciudad Condal, las sanciones que entran en vigor oscilarán entre 1.000 y 1.200 euros para clientes potenciales, y, si su conducta tiene lugar a menos de 200 metros de un centro educativo, la sanción puede llegar hasta los 1.500 euros.

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