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viernes, 25 abril 2014
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Actualizado a las 

La Razón

Los españoles responden a ETA

Bolinaga jamás pensó en llamar a un médico para Ortega

  • Reconoció a la Guardia Civil que no tuvieron piedad con él

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MADRID- Los secuestradores de Ortega Lara, entre los que se encontraba Uribecheberria Bolinaga, jamás tuvieron previsto avisar a un médico, pese al deteriorado estado de salud del funcionario, y ninguno de ellos tenía conocimientos de medicina.

En las declaraciones que realizó a la Guardia Civil tras su detención, Uribecheberria señaló que, en ningún momento, durante el secuestro, «le atendió ningún médico, ni persona ajena al "comando". Nunca le sacamos del zulo. Diariamente le dábamos de comer, aunque ninguno de nosotros tenía conocimientos de medicina para saber si tenía algún problema sanitario».
En caso de que surgiera algún problema debían ponerse en contacto mediante unas claves, a través de la «Merkatu Txikia», del diario «Egin».

El responsable inicial del secuestro fue Julián Achurra Egurola, «Pototo», y le sucedió «Gorosti» (al que Uribecheberria asegura que no conoce personalmente). «Sobre la posibilidad de soltar a Ortega Lara por su estado de salud, ya que no le veíamos bien, nos dijo hace dos semanas que las negociaciones estaban muy duras y que le dieran ánimos porque tenían que continuar porque no le veían de momento solución». Es decir, en la voluntad de ETA jamás estuvo sentir el más mínimo atisbo de piedad por el funcionario, aunque, por su estado de salud, pudiera morir en el zulo en el que le mantenían encerrado.

Uribecheberria trabajaba en el taller en el que estaba la «cárcel del pueblo». Desde el primer momento se negó a colaborar y les decía a los guardias civiles y al propio juez Baltasar Garzón, que se encontraba en el lugar, que se habían equivocado. Además, según han informado a la RAZÓN fuentes antiterroristas, insultaba a los agentes y les espetaba que eran represores del pueblo vasco. Cuando, por fin, la Benemérita dio con el escondite, muy abatido, le dijo a los miembros del Instituto Armado: «Tengo que reconocer que sois más listos que nosotros». Para secuestrar a Ortega Lara, recibieron órdenes de «Pototo». «Tenéis que secuestrar a alguien que sea de fuera del País Vasco. Realizamos seguimientos a varios funcionarios y cuando localizamos el garaje de Ortega Lara, lo vimos factible y nos decidimos a realizar la acción. Participamos Javier Ugarte, José Luis Erostegui, José Miguel Gaztelu y yo. Ugarte, con su Ford Fiesta blanco, se dirigió a un pueblo de la carretera de Burgos a Logroño y les avisó desde una cabina a su teléfono móvil de cuando Ortega Lara se dirigía ya a su casa desde la cárcel».

Conductor del camión
«Yo cogí el camión con la máquina con el zulo oculto para transporte de personas hasta un parking situado a la entrada de Burgos. Después fuimos al domicilio de Ortega y cuando llegó al garaje, le dijimos que se metiera en el maletero de su propio coche porque se lo íbamos a robar. Luego, nos dirigimos a donde teníamos aparcado el camión, le vendamos los ojos para que no viera nada y le metimos en la máquina. Yo mismo conduje el camión hasta el taller de Mondragón, mientras Eróstegui dejó aparcado el coche de Ortega Lara en un polígono industrial de Burgos». Además de Burgos, vigilamos a funcionarios de Logroño y Santander por orden de ETA», agregó. El «comando» había vigilado también al  presidente de Derechos Humanos del Parlamento vasco, ya que era de interés para la banda su secuestro; y a miembros de la familia Delclaux, uno de cuyos componentes llegó a ser secuestrado. También, sobre el dueño de una fábrica de precisión situada en Lasarte, Know; de la fabrica K.A.S de Vitoria.

Además del «Egin», tenían un «buzón» en el alto de Udala, en Mondragón, para intercambiar mensajes con la banda. Era una marmita que estaba enterrada junto a un árbol, con una piedra encima.

El dato
23 kilos perdió Ortega Lara durante su larga estancia en el zulo. Fue un cautiverio que le ocasionó graves problemas de salud como fiebres, diarreas y hongos, además de una profunda depresión.
3 metros de largo medía la «cárcel» de Ortega Lara, por dos de ancho y 180 centímetros de alto. Era un habitáculo de madera, frío y húmedo.


Obregón, el otro objetivo
Hace unos meses Ana Obregón volvía a recordar vía memorias («Así soy yo», se titula el libro) el pánico que pasó cuando se enteró de que había sido objetivo en 1997 del mismo comando que secuestró a Ortega Lara. «Me llamó el juez Baltasar Garzón para contármelo, para avisarme, y pasé mucho miedo, un miedo frío», dijo.

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