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sábado, 26 julio 2014
03:03
Actualizado a las 

La Razón

Europa

El «balconing» de Assange

  • > El fundador de Wikileaks se presenta al estilo de Evita Perón en el balcón de la Embajada de Ecuador y pide a Obama que «renuncie a la caza de brujas» En su discurso no hace mención a la acusación sueca por delito sexual.  > Garzón, encantado en su reencuentro con los focos internacionales

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Hacía un calor bochornoso que no se llevaba bien al otro lado de la valla. Ante la atenta mirada de una fila de agentes de Scotland Yard, se amontonaban a partes iguales periodistas venidos de todo el mundo y simpatizantes de Anonymous, que desde el pasado jueves llevan acampados ante la Embajada de Ecuador a la espera de las palabras de su líder. Contemplaban el balcón como si fuera a haber una aparición del mesías. Al fin la puerta se abrió. Julian Assange salió con el pulgar levantado, tranquilizando a los que estos días se han preocupado ante una posible depresión derivada de sus dos meses de cautiverio. El tiempo había hecho mella en su piel, que ayer parecía aún más blanca si cabe.

Con camisa larga, corbata y pelo corto, el fundador de Wikileaks se presentó ante el mundo como prisionero político y comenzó a pronunciar un discurso en el que no hizo mención de las alegaciones sobre delito sexual por las que las autoridades suecas piden su extradición.

Tras agradecer a todos sus fieles el haber estado como testigos la noche del jueves en la que los agentes de Scotland Yard «a punto estuvieron de violar la Convención de Viena» –cuando, según él, amenazaron con entrar al edificio por la escalera de incendios– el pirata informático se centró en Estados Unidos, el que parece ser su verdadero enemigo. En un mensaje directo a la Casa Blanca, el australiano instó a Barack Obama a «hacer lo correcto» y poner fin a lo que considera una «caza de brujas contra Wikileaks. «Estados Unidos debe disolver la investigación del FBI. Debe jurar que no procesará a nuestros empleados ni a nuestros simpatizantes. Estados Unidos debe comprometerse ante el mundo a que no perseguirán a los periodistas por arrojar luz sobre los crímenes secretos cometidos por el poder», decía mientras sus seguidores aplaudían cada una de sus palabras, pese a que el sonido no era nítido y se mezclaba con el ruido del helicóptero de Scotland Yard, que desde arriba intenta ver lo que pudiera escaparse a los agentes que estos días rodean el edificio, a la espera de que el periodista ponga un pie en la calle. Al más puro estilo Evita pidiendo a Argentina que no llorase por ella desde el balcón, Assange abogó por la «libertad de expresión y la salud de nuestras sociedades» y dio las gracias a Ecuador y al presidente Correa por el «coraje» mostrado al haberle concedido el asilo político. Un asilo que el Reino Unido no reconoce, por lo que no está dispuesto a darle el salvoconducto que necesita para salir del país.

Contra la «caza de brujas»
El «pirata» informático australiano pidió también la «liberación» del soldado estadounidense Bradley Manning, encarcelado «desde hace 815 días sin haber sido sometido a un juicio», según recordó por haber filtrado supuestamente secretos militares, y a quien Assange calificó de «héroe» y de «ejemplo para todos nosotros». «Hay unidad en la opresión, por lo que de la misma manera debe haber unidad y determinación para hacerla frente», matizó. Tras lo cual se cerró el balcón de la Embajada a la espera, nadie sabe cuándo, de que vuelva a abrirse para escribir el próximo capítulo de una historia que parece un culebrón y que por el momento no augura un final feliz, al menos a corto plazo.


Caretas, fans y prensa
«Julian, amigo, el pueblo está contigo». Juan Carlos era uno de los muchos ecuatorianos que ayer se acercaron hasta la embajada para mostrar su apoyo al periodista. «Ecuador es el país que más asilo político concede a la gente de Latinoamérica, sobre todo a Colombia».  También se agolparon con sus caretas numerosos seguidores de los activistas cibernéticos Anonymous y otros fans incondicionales de Assange, pero sobre todo había muchos periodistas británicos y extranjeros.

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