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miércoles, 23 abril 2014
11:10
Actualizado a las 

La Razón

Madrid

«Operación Oro»: tras la compraventa ilegal

  • La Policía vigila estos comercios en los que se  «blanquean» muchos botines de robos a viviendas y «tirones» callejeros. Controla a los clientes, que acuden a estos locales en los que no se hacen preguntas, y a las joyas que cambian por dinero

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Estos establecimientos no piden la procedencia de la joya, sólo ser mayor de edad y el DNI
Estos establecimientos no piden la procedencia de la joya, sólo ser mayor de edad y el DNI Javier Fernández-Largo

MADRID-  Los tirones de bolsos o de cadenas, los robos en viviendas e incluso los «butrones» o alunizajes son sólo el punto de partida de todo un «negocio» que, en la mayoría de las ocasiones, termina en un «canje» por dinero. Con la llegada del verano y, en concreto, desde hace unas semanas, las comisarías madrileñas han registrado un incremento del número de denuncias por hurtos y robos con violencia, en especial, a particulares. Sin embargo, cuantificar estos delitos es una tarea complicada, ya que sólo se registra como delito grave cuando la víctima presenta un parte de lesiones, si no, la falta se queda en leve. Y esto lo saben los ladrones.

Los delincuentes han fijado su mirada en el sector del oro, un metal que, frente a las fluctuaciones de la moneda, se ha convertido en un valor seguro en tiempos de crisis: ofrece garantías de éxito para quien desee colocar la mercancía en el mercado de forma sencilla, y a buen precio.

Sin preguntas
Por este motivo, según ha sabido LA RAZÓN, la Policía Nacional ha puesto en marcha este verano la llamada «Operación Oro». Bajo la supervisión de la Brigada Provincial de Madrid, el objetivo de este operativo es controlar los puntos de compra-venta de oro, lugares a los que acuden muchos de los ladrones para «blanquear» sus botines. 

El motivo: en estos establecimientos no se pregunta por la procedencia de las piezas. Simplemente se opta por comprarlas al peso.  Sólo es cuestión de acercarse al Kilómetro Cero, donde los chalecos fosforitos que lucen decenas de personas –algunos continúan portando el peculiar cartón–, brillan casi tanto como el oro que se compravende en los establecimientos destinados a tal efecto. Son muchos y ruidosos y su clientela variopinta. Cualquiera puede entrar, vender,  comprar y salir sin levantar sospechas. El valor  del metal precioso varía en función del día y del vendedor.

Ayer mismo, en la calle Carretas, el oro de 18 quilates se vendía a 29 euros, pero eso depende también del establecimiento. De hecho, en el mismo día, a pocos metros, en el número 4 de la Puerta del Sol, ofrecen un euro menos por cada gramo de oro. Por este motivo, son numerosos los delincuentes  que cuentan con su comercio «de cabecera», donde ya tienen apalabrado un buen precio. 

Se trata de pequeñas tiendas, la mayoría ubicadas en pisos, aunque hay alguna a pie de calle, lo que da al cliente una mayor sensación de seguridad y discreción. Sólo hace falta entregar el DNI y ser mayor de edad para cambiar oro por dinero, o viceversa. Las piezas se tasan al peso y el precio por gramo fluctúa, en ocasiones,  en cuestión de céntimos. Sus dueños no preguntan. El oro puede llegar de una compra, una herencia o un «palo». Eso a ellos no les incumbe.

Además, en estos locales se pueden comprar joyas nuevas –a 35 euros/gramo en calle Tetuán, cinco céntimos menos de lo ofertado en la céntrica plaza–, pero también de segunda mano, todo un filón para aquellos que quieran deshacerse de sus robos, como si de regalos o pertenencias propias se trataran. A cambio de unos 28 euros/gramo –también depende del lugar del intercambio– el cliente puede canjear joyas. 

Para combatir la recepción de piezas robadas,  la Policía Nacional revisa, desde hace semanas, las entradas y salidas de clientes. Además, según han revelado fuentes policiales a este diario, los agentes supervisan diariamente el historial de ventas y compras de estos comercios y los coteja con su propia base de datos, donde constan las joyas denunciadas. Y es que camuflar una operación ilegal es tarea sencilla. Sólo es cuestión de no anotar un intercambio.

«El tirón de cadena no se puede controlar, pero sí el negocio», explican fuentes policiales. El objetivo de la «Operación Oro» es que los receptadores de piezas cumplan la Ley y comuniquen todos los intercambios efectuados. «Pedir factura de compra o una justificación creíble del origen de la pieza complica la venta para quienes actúan de forma ilegal. No pretendemos controlar la empresa. Lo fundamental sería coger al delincuente in fraganti, antes de realizar la operación», relatan las mismas fuentes. De cualquier modo, sólo con aumentar la vigilancia y el control a estos locales se disuade la receptación de piezas robadas y se evitan las facilidades que actualmente tiene el negocio ilegal del oro.


El análisis
UN VALOR REFUGIO EN TIEMPOS DE CRISIS

El oro es, en épocas de  incertidumbre e inestabilidad, el valor refugio por antonomasia para los inversores. En los últimos once años no ha dejado de subir y todo parece indicar que podría hacerlo más, aunque en los últimos meses haya bajado ligeramente. El valor de la onza de este metal precioso ha subido  un 154% desde el inicio de la crisis. Al cierre de 2006, el precio de la onza era de 639 dólares (514,7 euros aproximados). Su valor no dejó de aumentar en 2007, 2008 y 2009, cuando alcanzó los 1.203 dólares por onza, el 4 de diciembre de 2009 de ese año. Alcanzó su máximo histórico en septiembre del pasado año, cuando rozó los 1.900 dólares por onza (1.896$ el 5 de septiembre) y ayer cerró a 1.615,25 dólares la onza, que son unos 1.308 euros.  «La inversión en oro a largo plazo protege el poder adquisitivo y lo convierte en el único dinero tangible capaz de conservar su valor y cubrir el  riesgo, una condición que se ve reforzada por la actual crisis, en la que ningún activo es seguro», así lo explica Javier Flores, responsable del servicio de Estudios y Análisis de Asinver.

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