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sábado, 20 diciembre 2014
08:07
Actualizado a las 

La Razón

Atraco a las ocho

  • - Bilbao. Cuarta de las Corridas Generales. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados en general. El 1º, noble, repetidor, punto descompuesto y le falta final; el 2º humilla pero saca pronto complicaciones; el 3º, deslucido; el 4º, noble, va y viene a media altura; el 5º descuelga mucho en la embestida y profundo con sus dificultades; y el 6º, muy boyante e interesante hasta que se rajó. Tres cuartos largos.
    - Morante de la Puebla, de caña y oro, media tendida, tres descabellos, estocada corta, dos avisos (saludos); media estocada (silencio).
    - El Juli, de grana y oro, estocada trasera, descabello (saludos); estocada trasera (oreja).
    - Alejandro Talavante, de grana y oro, pinchazo, pinchazo hondo (silencio); estocada, aviso (saludos).

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El diestro madrileño firma un derechazo al primero de su lote, ayer en Vista Alegre
El diestro madrileño firma un derechazo al primero de su lote, ayer en Vista Alegre Efe

No eran todavía las ocho. Apenas quedaban unos minutos cuando se produjo el robo. Atraco desde el palco al ruedo. Directo. Sin amedrentarse ni recapacitar que igual ya había colmado su papel de presidente exigente al desatender la petición del primer toro de El Juli. Bien. Pero hubo más Y resulta que el señor del palco miró y miró al público mientras pedían el segundo trofeo, pero como si la cosa no fuera con él. Sus cuentas y la del resto no cuadraban. Menos cuadraba todavía que a un torero como El Juli, que estuvo en versión Juli con terrorífico arrimón de última hora, se le birlara la puerta grande por la cara. Y la ilusión de la gente, que vivir una salida a hombros tiene su peso emocional. Nunca hay dos puertas grandes iguales. Algunas son grandes y otras chicas, pero la emoción palpita en la gente mientras el torero, cual procesión, es sacado a hombros. Por su propio pie salieron de la plaza ayer Morante, El Juli y Talavante. El cartel de las Corridas Generales con la ganadería de Núñez del Cuvillo. 

La faena de mayor intensidad fue la del quinto. Toro importante también, con muchos matices y una voluntad por encima de todas: hacer las cosas por abajo con entrega y humillación. Juli sacó su repertorio mucho antes de llegar a la muleta. Un quite bien bonito a la verónica y unas lopecinas para despertar el ánimo bilbaíno. El toro había hecho las cosas con mucho interés hasta entonces, pero había dudas que despejar. Se desplazó por el pitón derecho cuando Juli le plantó la muleta y le cosió pase a pase con los vuelos. Por el izquierdo tenía profundidad el toro, pero no regalaba el viaje. Había que llevarlo y mandarlo. Le costaba repetir, más cuando Juli acortó distancia y resolvió muy de cerca. Tanto que al final acabó por enlazar los circulares sin moverse. Uno. Otro. Cada vez más inverosímil. Esa cercanía con los temidos puñales hizo crujir al tendido de inmediato. Lo mató. A la primera por arriba y trasera. Rodó el toro. No el doble premio que le abriera Bilbao.

Repitió en la muleta de Julián el segundo y tuvo boyantía el toro que, poco a poco, se fue convirtiendo en complicaciones. La virtud, que descolgó el cuello pero no daba puntada sin hilo. Tampoco Juli que logró lo mejor por la diestra y pasó sus apuros con un pitón zurdo por el que volvía la cara a mitad del muletazo. La oreja se pidió. Y no fue.

Morante nos hizo ilusionarnos con el primero de la tarde, que fue toro con cosas buenas, como la prontitud, la repetición, aunque le faltó final al viaje y le sobró derrote. Morante se la presentó convencido y sacó una faena más de querer que de conseguir. Hubo intermitencias que encontraron el punto de encuentro en una intensa tanda de derechazos. La historia estaba escrita para repetirse pero los milagros ocurren de vez en vez. «Cacareo» fue el nombre del cuarto. Llamado igual que el toro con el que el año pasado abrió de par en par la puerta grande de Bilbao. No humilló el toro pero le dio tiempo Morante y el Cuvillo iba y venía con nobleza y sin molestar, aunque a media altura. La faena  de Morante se truncó cuando por la mitad perdió la muleta. Se difuminó después.

Talavante tuvo cero opciones con el tercero. Garbanzo negro muy paradote y deslucido de Cuvillo. Y el sexto apuntó unas maneras ilusionantes. Tenía mucha vibración el toro en el viaje, iba largo, con carbón, aunque a mitad del sueño, le dio al toro por rajarse. Qué coraje. Talavante hasta ese momento dejó muletazos aislados, con otros de difícil equilibrio, muy volandera la muleta. Cuando estaba la cosa para definirse, se nubló la bravura del animal.  Agridulce cierre. El presidente nos había fastidiado. Soberana estupidez.


El cartel de hoy
Toros de la ganadería de Jandilla para los diestros El Cid, Iván Fandiño y David Mora

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