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viernes, 24 octubre 2014
17:25
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La Razón

Duelo al sol: Entrevista

Jaume Plensa: «Los sueños explican mejor la vida que la realidad»

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Jaume Plensa
Jaume Plensa Miquel González/Shooting

Jaume Plensa es uno de nuestros mejores artistas plásticos y se ha convertido en escultor de referencia del espacio público. Seúl, Nueva York, Houston, Dallas o Boston  han querido tener un equivalente a la «Crown fountain» de Chicago o de «El alma de Ebro» de Zaragoza. Su nómina de éxitos es apabullante: Medaille des Chevaliers des Artes et Letres de Francia, Premio Nacional d'Arts Plastiques de la Generalitat, doctor honoris causa por la School of the Art Institute de Chicago... Es pausado, amable, profundo y tiene una voz acariciadora.

–¿En qué anda?
–Hay cosas en marcha, como una exposición en el norte de Suecia, los proyectos que estamos a punto de inaugurar en Canadá y en el museo Emma de Helsinki, una pieza en Shanghái...

–Gongs,  paredes de luz, autorretratos que abrazan árboles.... ¿Cree que mi madre comprende su obra?
–Me encantaría que la entendiera. El arte no es para especialistas, es para el corazón. Un día, durante una conferencia, me pasé una hora hablando de lo que me gustaba que la gente interactuara con mi obra, entonces una señora me preguntó: «¿Cómo lo podemos hacer si delante de su escultura hay un letrero que pone no tocar?»... Y le respondí: «El museo se ha olvidado el resto de la frase: por favor, no tocar, acariciar»...

–¡Está a medio camino entre un poeta y un maestro zen!
–No es cierto... Es que necesitamos educarnos en la caricia. El primer beso nunca es el bueno, porque aprendes amando. El arte es igual, tienes que ir acostumbrándote.

–El cuerpo humano es su territorio favorito...
–Es mi referencia. No entiendo de muchas cosas, pero cada día me veo en el espejo y he sido niño, adolescente, maduro.  El cuerpo es un lugar maravilloso de experiencias. Es muy bello leer un texto a los 15 años y volver a hacerlo a los 50, porque el libro es el mismo, pero tú no, por tanto es una nueva lectura.

–Y eso que no pocos dicen que bendito quien se acerca por primera vez a «Poeta en Nueva York».
–Sí, pero cada vez lo leemos por primera vez, porque no somos los mismos. Quizá  sea porque yo soy muy obsesivo y con pocas cosas tengo bastante....

–Volviendo al cuerpo... ¿Se arrepiente de no haber sido médico?
–¡Pero si veo sangre y me desmayo! Mi pasión por el cuerpo la he explorado igual y ahora se está encauzando hacia el cerebro: ese mundo extraordinario, húmedo y oscuro donde aunque tú no quieras las ideas se pueden encontrar.

–También pensó en la música, pero tampoco era su camino.
–Mi padre tocaba el piano. En un piano vertical, y yo de niño me escondía dentro. Como el arpa interior es triangular, había un espacio. A veces tocaba sin saber que yo estaba dentro. Ahí aprendí la idea de la vibración entre las cosas. Cuando todo vibra y tú lo haces con ello. Esto me conecta con Blake, que es uno de mis poetas preferidos: «Un pensamiento llena la inmensidad».

–Además de sus obras..., ¿cuál es  más poderosa que atesora en su casa?
–Tengo el palo central de un palacete de Indonesia, que es una maravilla y estuvo dentro del lago muchos años.Y tengo dibujos de Miró, que siempre ha sido uno de mis grandes artistas.

–Me habla de Miró el año en que hemos perdido a su amigo Tàpies...
–Una pérdida enorme. Era un artista extraordinario pero también un gran humanista. Para muchas generaciones , él y Chillida han sido grandes referencias.

–Las figuras de sus esculturas suelen tener los ojos cerrados. ¿Por qué motivo?
–Porque el mundo interior es el de verdad. El camino hacia dentro es el más importante. Hacer cientos de kilómetros a veces no te lleva a ninguna parte. Siempre invito al sueño, a ese mundo paralelo a la realidad que puede explicar la vida mejor.

–Ahora que recortan por todas partes, ¿el arte será el más afectado?
–Lo mejor del arte es que no vale para nada. Y ésa es su gran fuerza. Aunque lo quieran destruir o suprimir, siempre sobrevivirá porque es muy fuerte. Como una flor que muere en invierno pero en primavera vuelve a surgir. La gente lo está pasando muy mal y no es justo pensar en mi arte. Mi arte es mi problema.

–A lo mejor debería hacer una escultura, con los ojos abiertos sobre la prima de riesgo.
–¡Me inspira bien poco! Me apena que hay gente que está en momentos de grandísima dificultad... y eso sí me inspira.

–Se ha dedicado también a crear decorados para montajes de ópera, teatro principalmente con la Fura dels Baus. ¿Qué le pareció la inauguración de las Olimpiadas?
–Colaboramos durante muchos años y fue muy divertido. Era un momento interesante de mi vida. Vi lo de Londres y me encantó. Recogió muy bien todos sus grandes hitos: la revolución industrial. Me pareció muy honesto y de una gran belleza.

–Sus obras se componen a menudo de letras que quieren ser metáforas de las células que conforman al individuo.
–Las palabras son una herramienta de comunicación y no son las culpables del conflicto semántico. Somos nosotros los que las usamos mal. Una letra, que sola no es nada, en combinación con otra puede producir textos. Es una metáfora del mundo celular, pero también de la sociedad: una persona sola puede ser nada, pero con otros, forma una sociedad.

–«Un hombre solo, una mujer... Así tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada».
–Exacto, como decía Goytisolo: «De lo particular a lo general es el camino»...

–¿Continuará con su arte público?
–Te hago una pequeña corrección: el arte siempre es público. Es mejor decir arte en el espacio público. Da un punto muy democrático a la obra. Es una responsabilidad colocar una para alguien que no te lo ha pedido.

–¿Qué siente cuando pasea y ve una obra suya?
–Me gusta ver cómo la utiliza la gente. Cuando expongo, me encanta hablar con los vigilantes de los museos para que me cuenten las mínimas reacciones de los visitantes al ver mis obras.


Este verano me quedo en el estudio que tengo en Barcelona. Yo no necesito vacaciones... De hecho, nunca me tomo unos días de descanso, pero cuando viajo realmente soy muy austero. Además, en mi maleta no faltan ni han faltado nunca mis cuadernos ni mi Mac.

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