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martes, 21 octubre 2014
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La Razón

Cine

Larrañaga eterno galán

  • El inolvidable Adolfo de «Farmacia de guardia», donjuán en el cine, el teatro y la televisión y patriarca de una familia de actores, falleció ayer en a los 75 años en Málaga, donde estaba ingresado por una afección cardiaca

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En el cine, fue el eterno galán que siempre hizo papeles secundarios. Ese fue el sino de Carlos Larrañaga desde su aparición como un niño de cuatro años en «Alma de Dios» (1941) y con diez años de hijo de Currita Albornoz en «Pequeñeces» (1950), papel por el que consiguió una gran popularidad entre los colegiales españoles.

Fue, pues, el primer actor infantil que abrió las puertas a los niños prodigio: Jaime Blanch en «Jeromín» (1953), Pablito Calvo en «Marcelino, pan y vino» (1955) y Joselito en «El pequeño ruiseñor» (1956). Larrañaga formó parte de una generación de actores jóvenes que irrumpió a finales de los años 50 interpretando papeles de jóvenes ociosos, chicos mal de casa bien, versión española de los «vitelloni» de Fellini. La película que define a la generación de jóvenes rebeldes, entre el furor de vivir y la angustia vital, es «Siempre es domingo» (1961), donde se dan cita algunos de estos actores como Larrañaga, Arturo Fernández y Ángel Aranda, que junto a Gisia Paradís, María Mahor y María Luisa Merlo, coincidirán en la comedia «15 bajo la lona» (1959) y dramas como «Un vaso de whisky» (1958) y «A sangre fría» (1959).

 

Con Fernán Gómez
En «El extraño viaje» (1964), de Fernando Fernán Gómez, interpreta a un cantante de orquestina de pueblo que se enamora de una mujer mayor. Este esperpento con grandes dosis de humor negro tiene su origen en «el crimen de Mazarrón», y debido a su realismo sucio y denuncia de la miseria rural fue prohibido durante seis años. Filme de culto, está considerado una obra maestra del cine español, y es, sin duda, la mejor interpretación de Carlos Larrañaga como un seductor pueblerino, ambicioso y venal.

Tampoco tuvo fortuna su colaboración en el proyecto godardiano de Antonio Eceiza «De cuerpo presente» (1967), basado en un relato policíaco de Gonzalo Suárez. Sin embargo, los años 60 fueron fructíferos para Carlos Larrañaga en la televisión. Bajo la dirección de Narciso Ibáñez Serrador, participó en capítulos de terror como «Los bulbos» (1964), de  la serie «Mañana puede ser  verdad», y en «Historias para no dormir», dos series míticas de Televisión Española, y protagonizó la serie «Hermenegildo Pérez, para servirle» (1966), de Pedro Amalio López.

Tres lustros después, junto a su hermanastra Amparo Rivelles, obtuvo un indudable éxito dramático con «Los gozos y las sombras» (1982), pero sería con su papel del ex marido de la farmacéutica de «Farmacia de guardia» (1991-1995), la serie más vista de la historia de la televisión española,  donde quedaría fijado para la posteridad en el papel del galán maduro Adolfo Segura, un encantador liante, enamoradizo y seductor que hacía honor a su leyenda.

Su popularidad y simpatía dentro y fuera de escena hicieron de Carlos Larrañaga un actor entrañable para la gente que acudía al teatro a verlo interpretarse a sí mismo. Convertía los papeles en trasuntos de su personaje en la vida real: el guapo galán un tanto caradura al que se le perdonan sus calaveradas por su simpatía.

Carlos Larrañaga ha sido el hombre que más ha amado a las mujeres y que en más líos se ha metido por su causa. Con muchas de ellas ha tenido una relación borrascosa, pero nunca ha perdido la amistad; con otras, las peleas y las desavenencias por cuestiones pecuniarias los hicieron irreconciliables y llegaron a los tribunales. Él nunca desperdició la ocasión de promocionar sus amoríos en las revistas del corazón.

Pero sería el teatro, junto a la actriz María Luisa Merlo –con quien se casó y formó compañía durante 17 años– en donde Carlos Larrañaga brillaría como el indiscutible galán que era dentro y fuera de escena. Estrenó numerosas comedias de Alfonso Paso («Los derechos de la mujer» y «Vivir es formidable», en 1962); dramas de Alfonso Sastre («La cornada», 1960) y de Alejandro Casona («La tercera palabra», 1966), y triunfó con «Rosas rojas para mí» (1969), de Sean O'Casey y  «Vidas privadas» (1970), de Noel Coward.

 

Diosdado, su autora
Lo dirigió Ana Diosdado en  «La gata sobre el tejado de zinc» (1979), de Tennessee Williams, y desde entonces mantuvieron una larga y fructífera relación amorosa y profesional. «Camino de plata», escrita e interpretada por  Diosdado, fue su primer éxito conjunto. De nuevo Diosdado le escribió la comedia «321, 322» (1991), que relanzaría su carrera como director y la de su ex, María Luisa Merlo, manteniéndose en cartel durante meses.

Si alguna vez hubo un actor dotado para interpretar a Don Juan Tenorio ese fue Carlos Larrañaga. Lo hizo en 1970, en Televisión, junto a Emma Cohen, y fue tan adecuada su interpretación que desde entonces se hizo difícil distinguir al burlador de Sevilla del galán que con más empeño ha amado a las mujeres.

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